Esta sección nació para morir mil veces. O quizás en vez de Lost and found debió haberse llamado Quémese después de verse. Quizás porque al tratarse de links abiertos para películas raras, extrañas o difíciles de ver, esos links en cuestión no duran mucho en la red. O en algunos casos, suerte mediante, quizás hasta podemos tenerlos ahí donde están. La realidad es que esta sección flamígera vuelve este mes por más material. Lo que no podemos asegurar es que ese material esté disponible mucho tiempo.

Dan Curtis supo ser uno de esos especialistas en el terreno del telefilme, precisamente en los años en los que el formato supo conservar cierto prestigio, público y alguna serie de preocupaciones formales y narrativas, formato que con el tiempo (particularmente a partir de la década del 80) el mismo medio terminó abandonando a su suerte. Y con ese abandono, el olvido de directores como Curtis, claro. Dueño de una obra extensa y rica en el orden del fantástico y el terror (en particular el terror asociado a lo sobrenatural), en 1973 Curtis concibe un piloto de 72′ apenas, que planeaba ser la punta de lanza de varias emisiones en torno a un personaje, David Norliss, un investigador paranormal que luego de un último caso terminara desvaneciéndose. De esa forma, cada emisión implicaría la revelación de una serie de cintas de grabación (si, cintas magnetofónicas, estimados millenials) guardadas, en las que Norliss fuera dejado registro de los casos en lo que participara. A partir del rol de una persona que las escucha, Stanfor Evans, un amigo cercano a David Norliss, se nos abre un enorme racconto en donde nos iremos enterando de los casos. Pero claro, al nunca haber visto la luz, la serie de episodios solo se limitó a uno, que quedó guardado como las cintas de Norliss, pero que en algún momento vio la luz.

Posesiones, fantasmas, vampiros, mutaciones, maldiciones varias: en The Norliss Tapes reconocemos a una suerte de antología del imaginario del pulp, más cercano a los seriales cinematográficios de inicios del siglo XX que a las películas de la época en la que Curtis dirigiera este piloto. No obstante, con el tiempo y con la edición en DVD de sus trabajos, los ojos se volvieron a posar sobre directores como él, que eran algo más que artesanos competentes, aunque tampoco podemos hablar de un autor pleno, algo que suele gustarle demasiado a la cinefilia más canónica (pero a veces el canon está demasiado alineado con la muerte o al menos con la falta de vida).

The Norliss Tapes no solo es una gran película (con todas las marcas necesarias del lenguaje televisivo de la época, claro), sino que también, casi como si fuera una maldición, es hija de ese género bastardo derivado del policial y que el pulp siempre supo abrazar. Me refiero a las narraciones de misterio sobrenatural, en donde los parapsicólogos van más allá de lo que la racionalidad permite, en alguna medida intentando dar cuenta de ella. Pero como buen pulp, la película queda inacabada. Hacia el final, luego de terminadas las cintas de este caso, el amigo de Norliss se dispone a escuchar otra cinta, dejando abierto el cliffhanger para el episodio siguiente. Pero ese episodio nunca llegará. Por eso cuando se encuentren con ese final abrupto no se asusten. No falta nada. O falta todo lo que debió haber seguido en otra nueva aventura. Las artes bastardas tienen ese no sé qué. Por eso amamos a películas como la de Curtis. Denle Play y que lo disfruten.

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