Esta sección nació para morir mil veces. O quizás en vez de Lost and found debió haberse llamado Quémese después de verse. Acaso porque al tratarse de links abiertos para películas raras, extrañas o difíciles de ver, esos links en cuestión no duran mucho en la red. O en algunos casos, suerte mediante, quizás hasta podemos tenerlos ahí donde están durante un tiempo prolongado. La realidad es que esta sección flamígera vuelve este mes por más material. Lo que no podemos asegurar es que ese material esté disponible siempre.

Los setentas son un cantero inagotable de películas nobles hechas por artesanos sin el más mínimo ápice autoral. Lo curioso es que, con los años, tendemos a olvidar las películas pero conservamos, vaya uno a saber por qué clase de fetichismo por los nombres, a los directores. Los mismos son, justamente, lo que menos debería importar. En ese imposible podio de la impersonalizad encontramos a esta maravillosa película canadiense, vista por casi nadie. Y al mismo tiempo recordada por demasiada gente (en algunos casos hay gente que recuerda su estreno comercial, en otros gente que recuerda haberla visto en alguna pasada por tv varias décadas atrás). Sea como fuere, en esta sección rescatamos materiales que, gracias a la voluntad cinéfila de gente sin mayor interés que compartir, está ahí fuera.

The Pyx es una película anómala. Sostenida sobre una extraña estructura (narra los hechos posteriores a una muerte a la vez que narra los últimos momentos de vida de la que ya sabemos será la víctima), que hace dialogar a dos tiempos paralelos pero sin que estos lleguen a cruzarse, estamos frente a otra de las tantas entregas de películas sobre cultos satánicos que el cine de los 70s supo dar.

De hecho la película comienza con un suicidio. A partir del mismo, un policía se dedica a investigar qué clase de elemento llevaba la víctima, un píxide (que no es otra cosa que un recipiente metálico usado para guardar las hostias de la misa religiosa católica) y qué relación hay entre ese elemento en particular y la muerte. Es a partir de esa indagación que el detective comienza a ingresar en el terreno del mundo de la víctima, una prostituta con una fuerte adicción a la heroína. Claro está, el punto es que ahí donde la película podría hacerse quedado en el señalamiento moralista del bajomundo, apenas si nos encontramos en el punto de partida de algo mayor, una posesión satánica y una secta que hará lo imposible porque esa posesión resulte exitosa.

Sin estridencias. Prodigiosa y económica en sus recursos. Y valiéndose de la gran, enorme Karen Black (quien supo tener una carrera fulgurante durante los 60s y 70s pero que luego con el paso de las décadas siguientes, si bien nunca dejó de filmar, fue siendo progresivamente olvidada de las luces principales del cine), la película del ignoto Harvey Hart es una maravilla que vale la pena rescatar urgentemente.
No les damos más vueltas. Denle play. Lo que no podemos asegurarles es una versión en mejor calidad, ya que la única buena versión es una con comentarios de la actriz sobre el mismo audio de la película.

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