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Tiempo de lectura: 2 minutosTiempo de balances (7), Por Sebastián Rosal

Por Sebastián Rosal

Veinte diecisiete

Por Sebastián Rosal

Decidí hacer una lista sin distinción entre estrenos comerciales y películas vistas en festivales por varias razones, aunque la primera de ellas hubiera sido suficiente: por diferentes motivos, este año vi muy pocos estrenos de los jueves. De forma que, si por obvias razones cronológicas (y no solo de ese tipo), toda lista no puede evadir la arbitrariedad y la injusticia (nadie puede ver la totalidad de las películas), en esas condiciones todo se hubiera potenciado de manera exponencial.

Pero hay otra razón que no es menos importante. Escribí bien o mal sobre casi la totalidad de las películas de mi listado. Y un porcentaje nada despreciable de ellas, por una razón u otra, pasaron casi inadvertidas, o al menos tuvieron mucha menos repercusión de lo que considero eran merecedoras. Es cierto que en el vértigo de un festival grande, con cientos de funciones concentradas en pocos días, es posible que ello ocurra. Pero también es cierto que la crítica tiende a focalizarse en algunos directores, en ciertos títulos convocantes y muchas veces se pierde de vista todo un submundo más que interesante al que, con suerte, se lo cita en un par de líneas aquí y allá o se lo incluye en una lista (pero al que casi nunca los jurados premian). Mi elección final intenta ser entonces un humilde aporte para que sobre ese cine se ensanche la visibilidad.

Para terminar, no quiero dejar de mencionar que 2017 es el año en el que también, en medio de un profuso mundo de sitios dedicados a la crítica de cine, nació esta revista. Previsiblemente, en estos meses nos han elogiado, nos han agradecido, nos han ignorado. Nos han tildado, hablando de cine y de sus películas y con un “sincero cariño” al cual no hay razones para poner en duda, de ser “la secta del perro”, aunque sería una extraña secta aquella que acepta como miembros (y permite que dentro de ella convivan en armonía), tanto fanáticos de los superhéroes como admiradores de la obra de Albert Serra o John Torres, por poner un par de ejemplos de los diálogos cinéfilos que existen en la revista. Nos han acusado, hablando de vaya a saberse qué y con un resentimiento furibundo, entre otras cosas, de “perro supremacista blanco” y defensor de barbaridades diversas. Frente a eso no haría falta más que entrar a leer los textos y, particularmente, todos y cada uno de los diez editoriales publicados mes a mes desde nuestra aparición, en donde están planteadas  nuestras opiniones en relación a un, cómo obviarlo, como mínimo tumultuoso año del cine argentino y en Argentina, en todas sus facetas. Quien lo haga, quien se tome el trabajo de leerlos, descubrirá que, desorden de la naturaleza, la rabia está, pero no en el perro.

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