Spider-Man: De regreso a casa (Spider-Man: Homecoming)
Estados Unidos, 2017, 133′
Dirigida por Jon Watts.
Con Tom Holland, Michael Keaton, Robert Downey Jr., Marisa Tomei, Jon Favreau, Gwyneth Paltrow, Zendaya y Donald Glover.

Don’t you forget about me

Por Ignacio Balbuena

Hicieron borrón y cuenta nueva, una vez más: castearon a un actor diferente (Tom Holland, de 21 años), Sony decidió finalmente unir fuerzas con Marvel Studios después del estrepitoso fracaso de las Amazing Spider-man de Marc Webb, y el personaje efectivamente regresó a casa. Sexta película de Spider-man en 15 años. Podríamos preguntarnos si realmente había necesidad de una nueva encarnación del personaje, más si en el fondo todo se trata de un tira y afloje corporativo, pero la primera aparición del nuevo spidey sirvió para despejar algunas dudas. Diseño del traje+ carisma inocentón, el Spider-man que apareció en Captain America: Civil War parecía ser aquel que estuvimos esperando desde la decepción del cierre de la primer trilogía y el bochorno de las de Webb.

Spider-Man: Homecoming retoma la historia de Peter Parker algunos meses después de Civil War, pero empieza con un prólogo que nos presenta a Adrian Toomes (Michael Keaton en rol de villano, si), un contratista encargado de juntar escombros y tecnología alienígena dispersa en la ciudad después de la batalla de Nueva York, el incidente que ocurre en el clímax de Los vengadores. Cuando Tony Stark lo desplaza en el emprendimiento, Toomes decide quedarse con un cargamento, resentido por los burócratas y empresarios ricos que desplazan al americano working class. Elipsis torpe de por medio vemos como Toomes, ayudado por un par de intimidantes alas mecánicas tiene en marcha un negocio clandestino de armas alienígenas y futuristas en marcha, negocio que le brinda mucho rédito. Duda: No hubiera sido mejor presentar a Vulture más adelante, jugar con el suspenso, el fuera de campo? La escena propone una idea interesante (Keaton-Toomes dice “los tiempos están cambiando. Es tiempo de que nosotros cambiemos también“, una frase de tráiler ideal para pasar al logo), pero enseguida nos muestra lo que viene después. Prólogo apresurado y cronología confusa no auguran lo mejor. Pero no importa. You had me at hello.

Metalenguaje: aparecen en pantalla las palabras “Un film de Peter Parker”, y ahora sí, ya en el presente, vemos un racconto de la participación de Spider-man en Civil War, desde su propio punto de vista, como si estuviera armando un instagram story con su celular. Es un recurso ingenioso que de movida también caracteriza al personaje como un adolescente entusiasmado, que ante una situación extraordinaria y muy drámatica (se supone que Civil War era una suerte de thriller político, en algún sentido), responde con la euforia de un fanboy excitado. Watts, de esta manera, no solo establece el código del personaje sino del tono en el que quiere que leamos el inicio de este reboot.

Tony Stark le regala a Peter Parker el traje actualizado y lo deja a la espera de un nuevo llamado de los Avengers. Ahí empezamos a ver un poco la otra película, la que Spider-man: Homecoming verdaderamente es, o al menos la que pretende ser cuando respira un poco de sus obligaciones corporativas. Estimados lectores: SH es una dramedy teen, con todos los tropos obligatorios del género. Peter es obviamente parte del grupo de nerds y aparatos, como toda película consiente del género pide. No es un pibe cool: su mejor amigo Ned (Jacob Batalon) le insiste en armar una Estrella de la Muerte Lego de 3500 piezas, es el capitán del equipo de Decatlón Académico, y obviamente le gusta una chica que está fuera de su alcance, Liz Allan (Laura Harrier), aunque parece captar un poco el interés de la siempre sarcástica Michelle (Zendaya). Las referencias son obvias, y el insertarse en la tradición de un género sin cinismo no solo no es un demérito, sino lo contrario. Normalmente las películas de Marvel son un entramado de sinergia corporativa primero, y películas después. Pocas se destacan entre la masa homogénea: Iron Man 3, de Shane Black, se sentía como una película de Shane Black. James Gunn supo inyectar una gran dosis de corazón en la gran bestia pop que terminó siendo Guardianes de la Galaxia, Capitán América supo evocar el serial de aventuras primero y el thriller paranoico de los 70’s después, y Ant-Man mezcló efectos visuales psicodélicos con el gran humor de Paul Rudd, exponente autorizado de la nueva comedia americana. Comida cinéfila-fusión. Pero son excepciones, en general -y esto lo reconozco a pesar de que las películas de Marvel me encantan y las espero ansioso todos los años- el MCU (Marvel comic universe) se caracteriza por su house-style, no deja que las películas brillen con personalidad propia. Ojo: no es que SH sea exactamente una película de autor, no llega al vuelo trágico y al profundo sentido de la estilización visual de la segunda de Sam Raimi, pero es sin dudas una teen movie al estilo de las de John Hugues (que aparece citado directamente). Intenta ser algo más que simplemente ‘una de Marvel’ y lo logra.

Hay en SH una conexión evidente con las películas anteriores y los cómics: la necesidad de Peter Parker de balancear su identidad superheroica con su vida cotidiana. Solo eso. Por suerte aquí se nos evita la araña radioactiva, la muerte del tío Ben, toda la cuestión solemne-psicopática del poder & responsabilidad. Como la muerte de los padres de Bruno Díaz en el callejón, el origen de Spider-Man es ‘una que sabemos todos’, lo que habla de un cine popular conciente, que no busca espectadores para una franquicia, sino que dialoga con ellos (los que se saben la lera y los que se la aprenderán sobre la marcha). La conexión con el coming of age es brillante: no solo es el crecimiento y el ingreso al mundo adulto, sino que esa idea aparece figurada detrás del problema de Peter intentando ser un héroe a la altura de los Avengers algun día. La relación con el mundo adulto como mundo de los héroes vuelve a pintar al personaje sin necesidad de explicarlo. Robert Downey Jr., mientras se toma un ristretto, insiste con el carisma deadpan de Tony Stark, apareciendo aquí y allá como un mentor a regañadientes, pero sin agotar como si sucedía en algunas parte de las Avengers. Y si bien los tráilers vendían la película como una suerte de team-up entre Spider-Man y Iron Man y la verdad es que esta es 100% una película de y para Tom Holland. Es una suerte de origin story en el sentido de que todavía está dando sus primeros pasos como héroe. Todavía le tiene miedo a las alturas, tambalea y se cae un par de veces, es descuidado con su doble identidad. Spider:Homecoming es mucho mejor cuando se centra en el universo adolescente y en los personajes humanos, que cuando se vuelve un blockbuster grandote y ruidoso (algo que Marvel sigue experimentando). Pero de todas formas, Jon Watts no tiene mal ojo para la acción. Las escenas del tráiler (el ferry, el avión) son acaso las más pobres, no por falta de espectacularidad sino por previsibilidad. Los enfrentamientos con Vulture o la escena de la torre en Washington, con un remate muy gracioso de Karen (la AI del traje de Peter, interpretada por Jennifer Connelly) son, por lejos, mucho mejores que lo espectacular esperable que ya prometía el trailer.

Se nos insiste con que las películas del MCU están ‘conectadas’, que transcurren en el mismo universo, pero esta es la primera vez donde esta conexión se siente más coherente. Por empezar, vemos como el accionar de los Avengers afecta indirectamente a los ciudadanos comunes: Adrian Toomes no es un supervillano, es simplemente un hombre que intenta darle lo mejor a su familia, algo que ya no pudo hacer cuando Tony Stark o sus equivalentes miraron hacia arriba y lo ignoraron. Por otro lado, la Nueva York de Spider-Man: Homecoming tiene personajes realistas (la escuela en la que cursa Peter es sorprendemente diversa, algo que desarma el relato estereotipado de las teen movies), y locaciones reales. Entonces, en esta película -a diferencia de otras que eventualmente recurren al clímax bombástico y génerico abundante en CGI para el tercer acto- , los stakes no son cósmicos, sino personales. De hecho la mejor escena de la película es una entre Michael Keaton (brillante, como siempre) y Tom Holland sentados en un auto, hablando. Todo el cast de esta película está muy bien, desde el propio Holland y sus compañeros de secundaria a los papeles pequeños de actores como Martin Starr y Marisa Tomei, pero Keaton es una presencia fundamental. No sólo por el pequeño guiño de castearlo en una película de superhéroes como un personaje alado (algo que Iñarritu no entendió para nada en su nefasta Birdman), sino también porque Keaton nunca deja de ser Keaton, pero canaliza perfectamente el resentimiento de un everyman americano, casi dialogando invisiblemente con Hambre de poder, el Biopic sobre Ray Croc, fundador de McDonalds. “Sos joven, no sabés como funcionan las cosas“, le dice Peter Toomes a Peter Parker, pero bien podría ser una conversación entre Keaton y Holland.

Tal vez no hacía falta otra versión más de Spider-man, y a pesar de toda la personalidad, encanto e inocencia de esta película, la maquinaria corporativa ya está en plena marcha: Secuela en 2019, Holland con un contrato para cinco películas, posible participación en Avengers: Infinity War y un largo etcétera. Pero más allá de todas esas cuestiones, Spider-man: Homecoming es una película que se sostiene por sí misma y recupera el espíritu del personaje, mostrando un héroe ansioso por jugar en las grandes ligas, pero que entiende que su lugar tal vez está columpiándose por la ciudad, trepado al techo de un tren comiendo un sánguche o lidiando con ladrones de bicicletas. Neorrealismo mainst(ream)een

Comentarios