Stranger Things S05
EE.UU., 2025, 8 episodios de 50 a 120′ aprox
Creada por Matt Duffer y Ross Duffer
Con Millie Bobby Brown, Finn Wolfhard, David Harbour, Winona Ryder, Sadie Sink, Gaten Matarazzo, Caleb McLaughlin, Noah Schnapp, Dacre Montgomery, Charlie Heaton, Natalia Dyer, Joe Keery, Cara Buono, Maya Hawke, Amybeth McNulty, Myles Truitt, Regina Ting Chen, Grace Van Dien
La alegoría de la Caverna
El universo de Stranger Things realizó un camino inverso al del fantástico todoroviano: fue de la ambigüedad a un terreno de certezas cada vez mayores. Curiosamente es movimiento no volvió a la serie más adulta, como en buena medida lo fue la primera temporada (que estaba plagada de agujeros de desinformación y por eso funcionaba tan bien) sino que la fue puerilizando a fuerza de explicaciones innecesarias, a fuerza de imponer una mirada nostálgica, a fuerza de abandonar a los personajes invirtiendo el orden: en vez de que los mismos estén sujetos a la trama es la trama la que se termina acomodando a los mismos.
Si la segunda temporada era mala porque podría verse como una suerte de negativo de la primera, la tercera logró tomarse las cosas a la chacota y entender que el juego, abandonado el código fantástico, debía ser otro. Por eso tanto la temporada 1 como la 3 son las más logradas porque expresan dos extremos y posibilidades de invención para el mismo universo. Y si la cuarta despejaba toda duda de la necesidad de explicarnos el mundo representado a fuerza de alegorías banales, la quinta entrega lleva el problema a un extremo mayor. Todo, absolutamente todo lo que vemos es alegoría pura y dura. No hay poesía ni transformación ni adquisicion, solo alegorías insultantes. En este último caso, además, sostenidas sobre un sistema de goteo administrado de capítulos (sospecho que para no perder espectadores, sino para retenerlos cautivos hasta el 31/12).
La alegoría final de esta quinta temporada no es otra sino la sexual, la salida del clóset de Will al mismo tiempo que la pedofilia de Vecna. No hay puente alguno. Es como la inversión del clasicismo: de tan transparente se vuelve opaco el sistema de alegorías insultantes. En este punto la defensa del clasicismo nos indica que la transparencia enunciativa revela siempre una opacidad que hay que restituir poéticamente. Pero en ST05 esto no existe. Lo único que nos queda es una sucesión de escenas explicativas entre batallas que no nos interesan: pasamos de la paranoia extraterrestre de la guerra fría y los experimentos de MK-Ultra (estimados Duffer: vean Lost y aprendan a construir y sostener la paranoia durante 6 temporadas) a la revelación de la orientación sexual de una persona en un contexto agresivo con la homosexualidad (que encima cuando se revela tampoco supone conflicto alguno: “dale, Will, no hay drama” podemos escuchar que le dicen con la mirada condescendiente).
Abandonada la aventura, el fantástico, los géneros, el clasicismo, lo único que le queda a ST05 es esta suerte de chapucerías de escritor de primer año de taller. Y nosotros pagamos para ver estas cosas.

