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Tiempo de lectura: 5 minutos13 Reasons Why – Temporada Final

Mariano Bizzio

13 Reasons Why – Temporada final (13 Reasons Why: The Final Season)
EE.UU., 2020, 10 episodios de 60′
Creada por Brian Yorkey 
Con Dylan Minnette, Christian Navarro, Alisha Boe, Brandon Flynn, Ross Butler, Devin Druid, Grace Saif, Gary Sinise, Justin Prentice, Miles Heizer, Josh Hamilton, Amy Hargreaves, Deaken Bluman, Timothy Granaderos, Austin Aaron, Mark Pellegrino, Jan Luis Castellanos, Tyler Barnhardt, Brandon Butler, Chris Damon, Jenna De Alba, Cassie Hendry, Keyara Milliner, Inde Navarrette, Jessica M. Payne, Joseph C. Phillips, Brenda Strong, Lisa Marie Anderson, William W. Barbour, Ke’Mari Moore, Jeff Redlick, Kassandra Valenzuela

Nada se pierde, todo se transforma

Por Mariano Bizzio

Por qué darle chances a quien nos traiciona sistemáticamente? Esta revista le ha dado demasiadas oportunidades a una serie que no merece tanta atención ni cuidado. Por algún motivo la elegí como primer nota en la revista (a quien agradezco la invitación, pero la próxima mejor una película de Jean Renoir o una serie de David Simon, pero bueno: la elegí yo, como cordero sacrificial), pero esa razón preexistente se me borroneó en el camino entre el primer capítulo (que gira en torno a los mismos problemas del final de la temporada anterior) y el último (un verdadero bochorno entre diversos bochornos previos).

En resumidas cuentas la última temporada de 13ReasonsWhy (a la que debemos creerle que es la final, como reza su título en idioma original) es un esperpento. Pero no uno de esos que puede entregar Berlanga. No: es un a mezcla de tonos, convenciones, excesos, crueldades, lugares comunes, simplismos, extorsiones emocionales y esquizofrenias narrativas varias tal que no podemos sino pensar que nos han estado tomando el pelo sistemáticamente. El problema es tan grande, tan extendido a lo largo de varios capítulos que es nuestro cerebro el encargado inmediato en hacer sistema a partir de las incoherencias. Porque quizás en su desesperación, en su búsqueda desordenada por medio de manotazos de ahogado, la serie quizás lograra encontrar un tono, una vía de salida para sus propios huecos. Pero 13RWS04 bien lejos está de ser Lost con sus delirios procrastinadores. No, aquí no hay confianza en el delirio narrativo ni pateada al futuro. Hay una obsesión por el presente expandido hacia los laterales, como si finalmente se hubiera cumplido el sueño que en mayor o menor medida se auguraba en la temporada 3 (como bien lo indicaba esta nota en su momento): toda la serie parece estar atravesada por un espíritu desesperadamente coral, porque es su protagonista inicial quien resulta incapaz de interesarnos (incluso aunque se lo lleve al borde de la esquizofrenia). Ese recorrido desesperado a través de varios personajes (cuyos arcos dramáticos son, en el menos grave de los casos, infantiles) exhibe una limitación preocupante: hace rato que la serie no sabe que es lo que narra.

Ya no importa para 13RWS04 si hubo un muerto y si habrá una venganza. O en todo caso eso parece importar en los primeros cuatro episodios pero luego el problema se difumina. Tampoco importan del todo todas y cada una de las subtramas y de los subconflictos, porque contrario a articularlos con fluidez para que coexistan y se alimenten mutuamente, la serie los acumula con una desesperación que asusta. Por eso esta cuarta entrega funciona como una amalgama imperfecta y poco profesional de todo lo dicho en las anteriores: está el crimen y el policial, pero están también los «temas importantes» (de las drogas a la prostitución, de las enfermedades venereas a las enfermedades mentales, de la elección sexual a los abusos policiales, de la disfruncionalidad familiar a los excesos sexuales: como si fuera una agenda de entrevistas para Eduardo Feinmann en una toma de colegios), aunque también está el juego del realismo mágico, y mezclado con todo eso el trauma de las historias pasadas de cada personaje. Todos esos tópicos se superponen con una trivialidad que asusta. Por eso mismo uno se encuentra con dos opciones fundamentales: o tomarse el asunto en serio e irritarse y abandonar a los pocos capítulos lamentando las horas de vida perdidas (cuántas películas podría haber visto en esta cantidad de tiempo dedicada?) o tomarse todo el asunto como una gran joda en donde la serie expone sus propias incapacidades y lleva todo el cúmulo de problemas hacia un absurdo bigger than life tan improbable que todo aquello que vemos empieza a resultarnos simpático.

Debo admitir que intenté elegir la segunda opción. Fundamentalmente porque 13RWS04 elige, a partir de un determinado momento (el bendito capítulo 4) trabajar cada uno de ellos con independencia, como si fuera un género distinto, con una historia casi autoconclusiva o cuando menos con una autonomía que desarticula la relación con respecto al anterior y al siguiente. Para el capítulo la misma serie es la que expone su casi nulo interés en la trama policial (ni siquiera hay una justificación concreta de por qué 13 capítulos en las anteriores y por qué 10 en esta, pero bueno…), por lo que tenemos una superposición de posibilidades: del terror a la comedia romántica, del policial al melodrama familiar, del fantástico a la ciencia ficción. La serie se convierte en un manojo desesperado de arena sostenido por una mano que no puede retener lo que se va por cada costado. Pero por mas que quise pensar que todo esto se trató siempre de un gran cerebro detrás de una genialidad que iba a dar cuenta de toda la organización con una gran vuelta de tuerca en el fondo terminó revelándose como un mamarracho narrativo.

Ahora bien: tan mal lo pasé? Debo decir que del ridículo no se vuelve. Pero tampoco es un lugar imposible. Por eso la serie, si bien ha descendido hasta un nivel de no retorno (no hay manera de recuperar ni prestigio -si es que alguna vez lo tuvo-, ni legitimidad, ni interés si no es mediante un gran giro narrativo que se olvide de todos los personajes y se concentre en uno y sus derivas…en la universidad, cargando con el trauma de una o varias muertes a cuestas), nada de su incapacidad narrativa bochornosa debe expulsarnos de experimentar 10 hs de tan buenos malos momentos. Porque si bien nada de lo que narra está exento de crueldad, gratuidad y vergüenza, en el fondo, frente a ella podemos sacarnos las máscaras. No, no es un placer culpable. Es una elección que a veces podemos hacer como espectadores: enfrentar el muro con el cual nos vamos a chocar. Porque de los fracasos también se hace nuestra experiencia. Por eso nada se pierde, todo se transforma.

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