Captura de Pantalla 2020-07-12 a la(s) 03.53.08 p. m.

Tiempo de lectura: 6 minutosDark – Segunda y tercera temporada

Ariel Esteban Ramos

Dark S02 & S03
Alemania, 2019-2020, 8 episodios c/u de 60′
Creada por Baran bo Odar y Jantje Friese 
Con Louis Hofmann, Anna König, Roland Wolf, Oliver Masucci, Jördis Triebel, Sebastian Rudolph, Mark Waschke, Karoline Eichhorn, Stephan Kampwirth, Anne Ratte-Polle, Helena Abay, Harald Effenberg, Sebastian Hülk, Deborah Kaufmann, Ella Lee, Andreas Pietschmann, Walter Kreye, Peter Benedict, Christian Steyer, Leopold Hornung, Tatja Seibt, Lisa Vicari, Hermann Beyer, Angela Winkler, Peter Schneider, Stephanie Amarell, Carlotta von Falkenhayn, Arnd Klawitter, Anatole Taubman, Luise Heyer, Lena Dörrie, Julika Jenkins, Michael Mendl, Gwendolyn Göbel, Lisa Kreuzer, Hannes Wegener

El jardín de los senderos

Por Ariel Esteban Ramos

Lleno de spoilers: especialmente sobre Edipo Rey

VUELTAS DEL DESTINO. Anteayer (¿y cuándo es hoy? ¡Ja!) comencé a escribir una crítica sobre las dos últimas temporadas de Dark. Cuando tenía ya unas tres páginas muy desordenadas de ideas y referencias, mi computadora sufrió el equivalente mineral de un ACV y perdí todo. Mejor así, porque mis notas eran aún más caóticas que la serie ya incomputable de cruces por la dichosa cueva del bosque. Nada que envidiarle a la audacia de Westworld: ambas series van por todo. Pero ese objetivo total no es gratis: tanto ojo en el detalle puede acarrear descuidos en la estructura, y algo de eso sucede. 

AGUJEROS EN LA MEMORIA. “Hacete un esquema de los personajes”. Me dieron el mismo consejo para Cien años de soledad hace casi un siglo y me dije lo mismo: no. Hacerlo de memoria es la mejor manera de ver si alguna neurona sobrevivió a la adolescencia. De la primera temporada salí airoso; la segunda y la tercera requirieron atención, café y charlas con mi aguda cómplice. Pero en Dark el problema no es quién, sino cuándo, porque esos viajes en el tiempo crean bucles causales: el pasado altera el futuro, que altera el pasado, que altera… etc. El mapa de estas influencias cruzadas parece, a la mitad de la segunda temporada, un gruyere transitado por una familia de gusanos ebrios. La naturaleza y el origen de esa singularidad que permite el viaje se va revelando en cuotas. No es casualidad que Winden -tal es el nombre del pueblo, boscoso como en los cuentos de Grimm- sugiera en idioma alemán algo retorcido… o mejor sinuoso, como el sino. 

REVERBERACIONES. Las referencias estéticas son múltiples: las máquinas del tiempo tienen algo de nobleza decimonónica (el bronce lustroso que uno imaginaría en un Verne o un Wells), no faltan las bobinas de Tesla, y hay tal vez un homenaje al OMNI de aquella serie Voyagers. Más que latente flota el tema de la seguridad de la energía nuclear, con la referencia precisa al año del desastre de Chernobyl (1986), aunque la planta pareciera aludir, al menos metonímicamente, a los hornos de los campos de la muerte. ¿Dudoso? Lo refuerza una reja en donde se lee el apellido Tannhaus en el mismo arco horroroso de “Arbeit macht frei”. En fin, algo huele (el verbo winden ahora) mal, como una nube que no se disipa, una peste que acecha.

UNA IGNOTA FAMILIA DE TEBAS. Una ciudad griega, ya no tan famosa como Winden, se vio afectada en tiempos míticos por una peste de la cual el adivino Tiresias responsabilizó a su Rey, Edipo (Jonas Kahnwald sabe lo que es tener la culpa de todo). Familia complicada: para evitar un presagio funesto (tu vástago te matará), el Rey Layo se deshace de su hijo Edipo, quien, adoptado por una casa real lejana, recibe el funesto presagio complementario (matarás a tu padre). Huyendo de ese destino (para arreglarlo todo), se encuentra con su verdadero padre por el camino y lo mata en una discusión de tránsito que se va de las manos. Buscando evitar lo que nos espera, corremos directo hacia ello, como en aquella historia del jinete y la muerte, o como en Dark, donde queriendo rectificar el mecanismo defectuoso del mundo, al final (o al principio) lo joroban sin remedio.  Edipo libera a Tebas de la Esfinge adivinando el acertijo de las tres edades del hombre (motivo que impregna nuestra serie) y es premiado con el cargo de Rey y la mano, recordarán, de su madre Yocasta. Sí, es la cereza en la torta de todo lo que está mal, la expresión prototípica del incesto, que superpone las categorías del parentesco: ¿hijo y/o esposo? ¿padre y/o hermano? En Dark, esta idea madre se reproduce como un yuyo y los protagonistas son parte de un círculo de progenitura en donde la serpiente (el uróboro aparece varias veces) se muerde la cola. Resultado: en el infierno chico de Winden, una dinastía se crea a sí misma. La más breve de las figuras de este tapiz humano de causa sui es el caso de Charlotte: dará a luz a Elisabeth, que da a luz a Charlotte en el pasado, etc. Madre e hija anudadas en bucle. Este motivo celular no es original: lo utiliza Alejandro Jodorowsky como símbolo místico en su literatura de cuño psicomágico, y probablemente tampoco sea suyo. El viaje en el tiempo en Dark genera órbitas cortas y largas de racimos de eventos que no debían suceder nunca, pero lo hacen una y otra vez justamente porque los personajes desean evitarlos. Si los protagonistas enderezaran este recorrido circular, simplemente dejarían de existir. 

LA FALLA EN LA MATRIX. Con el tiempo, el Jonas adulto parece ir haciéndose a esta idea: tal vez nunca debí haber nacido. Soy la falla, el primer motor de este ciclo sin fin que debe cesar. Con el tiempo, extiende la culpa a todo el mundo: en el futuro, un Jonas viejo, nihilista puro y duro, complota con sus acólitos para matar a la fuente del tiempo; pero se enfrenta a su viejo amor, la anciana Martha, dedicada a perpetuarlo. Y es a través de esta rara derivación de un temita de pareja como se destila lo más aburrido y confuso de la serie: una seguidilla de ataques y contraataques entre el Boca y el River del tiempo. Mientras se extiende un tanto excesivamente este divertimento, el árbol genealógico (o mejor, la hiedra) de Winden se entrelaza y se crea a sí misma como la expresión misma de la peste, la vid maldita (el mejor esquema que he visto es este ). Los destinos oscuros de los Nielsen nada tienen que envidiarle a los tebanos. Lo que aparentaba ser un policial sobrenatural en la primera temporada va transmutándose en tragedia fantástica y contienda metafísica en la segunda.

DONDE HUBO FUEGO, HUBO ANTES UN FÓSFORO. Jonas y Martha interrumpen su romance abruptamente al final de la segunda temporada. Una nueva Martha pasará la noche con él y quedará encinta del mesías que vuelve a poner en movimiento el ciclo sin fin: el infinito encarnado. Tal vez la Esfinge se haya inspirado en este personaje, que aparece en tres talles. El Jonas ya viejo y nihilista (alias Adán) trata de destruir al aún nonato mesías de su antigua amada, aunque sin éxito. ¿Acaso es otro error en la Matrix? Sí, pero está en otra parte, y la macana se debe (¡otra vez!) a alguien que quiso “arreglarlo todo”. A los alemanes les gustaba pensarse herederos de los griegos, y la verdad que sí: hay que reconocerles que son monotemáticos.

TARJETA ROJA EN EL MINUTO 89. Por alguna razón que no llego a entender, la viajera del tiempo más experimentada conoce el misterio y le anuncia a Adán en un flagrante y decepcionante Deus ex machina que los mundos en pugna no son dos. Ambos serían fotocopias de un original, un mundo cero que es el único lugar en donde esta peste que han acumulado, esta hiedra que ahoga el árbol de la vida, puede curarse interviniendo en un punto preciso del tiempo. El viejo Adán vuelve entonces (¡al lugar en el que 5 minutos antes había cometido un horrible asesinato!) para convencer a un traumado Jonas de que confíe en él y lo ayude a concretar el arreglo para terminar con todos los arreglos. Listo, el andamio de la verosimilitud dramática se derrumba, pero es el último capítulo y queremos terminar. Dos personajes que ahora vuelven a ser ilustres desconocidos (que en una realidad que ya no sucederá habrían tenido un hijo-mesías) confían en el aparente villano para evitar que se generen los mundos paralelos en los que ellos mismos han nacido. Por supuesto, una vez logrado el objetivo, ellos mismos se desvanecen. Nos quedamos con la idea de que en ese momento los personajes sabían y querían muy otra cosa. Son apenas personajes, no espectadores omniscientes. En fin, la maldición se termina y la tragedia acaba. El precio del happy ending en un mundo es la muerte de otros dos. ¿Había que fundir el auto con todo este desastre antes de llegar a la meta?

OMEGA ET ALPHA. Fue un viaje interesante, audaz… tal vez demasiado. Cuando una serie quiere volar tan cerca del sol de la literatura y la filosofía, se arriesga a caer en picada. Preocupada por miles de plumas, se olvida de la cera de la verosimilitud. Vaya mi última evocación, entendiendo que esta temporada ha sido la última, a las esperanzas adolescentes de Ulrich y Hannah: “Auf eine Welt ohne Winden” (Por un mundo sin Winden… o por un mundo menos vueltero). Con tres temporadas estamos bien. Danke!

Comentarios

Comparte este artículo

Share on facebook
Share on twitter
Share on linkedin
Share on pinterest
Share on email

Articulos Relacionados

WP Feedback

Dive straight into the feedback!
Login below and you can start commenting using your own user instantly

Ir arriba