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Tiempo de lectura: 7 minutos#Diálogos: WandaVision

Por Varios Autores

EE.UU., 2021, 9 episodios de 35′ aprox
Creada por Jac Schaeffer 
Con Elizabeth Olsen, Paul Bettany, Debra Jo Rupp, Fred Melamed, Kathryn Hahn, Teyonah Parris, Kat Dennings, Randall Park, Jolene Purdy, Asif Ali, Emma Caulfield Ford, Shane Berengue, Shaun MacLean, Evan Peters

Un terreno a explorar

Por Gabriel Santiago Suede & Luciano Salgado

GSS: Navegando entre la sofisticación del cruce de tonos (sitcom con sci fi y horror suburbano en el marco del cine de superhéroes) y la obviedad de cierta reflexividad tardía (la paranoia respecto del discurso mediático y su manipulación ya era vieja en los 80s) lo de WandaVision no deja de ser un ejercicio interesante. Esa suerte de superposición del cinismo del Lynch de los 80s -con su registro suburbano lustroso y publicitario que en el fondo esconde aspectos sórdidos- y el thriller de espionaje de los subproductos de Marvel es un crossover curioso. Si a esto le sumamos un costado LOST que la serie desbarata hacia el capítulo 4 (pero que ya estaba delineado indicialmente en los episodios previos), y en el medio le metemos el componente existencialista de The Truman Show y el reconocimiento consciente de The Cabin in the woods sale esta serie frankensteiniana. Pero indistintamente si le ponemos atención o no a las referencias, sin dudas la serie funciona. En todo caso son los dos primeros episodios aquellos que más dudas generan sobre lo que estamos viendo, dudas que comienzan a disiparse con el último plano del episodio 1 con las manos de la científica anotando en una libreta mientras mira el monitor en el que corren los créditos de la serie dentro de la serie.

LS: Considerando que al momento en el que escribimos esto se emitieron 5 episodios y quedan unos 3 más pendientes para febrero y uno solo suelto para marzo (aunque este diálogo se ampliará conforme vayan avanzando los demás episodios), lo que trae WandaVision, como bien decís, es un coctel de cosas distintas que, a primera vista, uno de seguro no hubiera puesto dentro de la coctelera. Pero no porque desconfíe del trago, sino porque la experiencia a la que nos expuso Marvel sistemáticamente -excepto contadas excepciones como los notables cambios de tono de Avengers: Endgame – ha tendido a apelar a la previsibilidad del mundo de los superhéroes. Siempre ha construído sus mundos de afuera hacia adentro, es decir, desde la acción hacia los personajes. En este punto la inversión que propone la serie logra que empaticemos primero con los personajes (más allá del tono de falsa sitcom: empatizamos porque los vemos encerrados en un mundo anómalo, por lo tanto desconfiamos de la naturalidad de aquello que se nos muestra) y luego si abre el campo hacia la acción. En este punto me parece super atinada la comparación que hacés con Lost, serie que operaba de la misma manera pero que podía darse el lujo de prolongar los huecos de información porque contaba con más episodios y mayor cantidad de personajes para “rotar” la calesita narrativa. En este caso esa postergación no puede ir más allá de los primeros tres episodios, que si bien están plagados de las anomalías e indicios suficientes como para que desconfiemos se dan en el marco de capítulos imprevisibles y seguramente decepcionantes para aquellos que buscaban encontrarse con una serie convencional.

GSS: Ese es el punto que más me interesa y que en alguna medida conecta a esta serie con otros experimentos narrativos de la televisión (pienso en la TV inglesa de los 60s y 70s, en particular en Dennis Potter, pero también en los unitarios o antologías de la tv estadounidense de esa misma época) antes que con las expresiones de su época. Al mismo tiempo no es menor el riesgo que toma: pone (al menos hasta el momento que escribimos esto, con cinco capítulos emitidos) a una mujer en el centro como victimaria, como enferma de alguna clase de patología y convertida en un peligro, algo que me hace pensar que quizás debamos acostumbrarnos a una nueva propuesta de parte de Marvel. Me refiero a una mayor experimentación y riesgo en sus productos televisivos y un riesgo más acotado, apelando a la previsibilidad propia de un público mainstream para el cine. Esto puede ser una gran noticia para la tv y una horrible noticia para quienes queremos que el cine no se consolide como un espacio solo disponible para las películas-evento. Por otro lado hay una lectura política que me parece interesante y que no leería en la dirección que varios leyeron, que es esa que indica que la serie está criticando los modos de representación del american way of life de los 50s a los 90s. Creo que, contrariamente, está construyendo una idea aún más arriesgada y capaz de dialogar con el presente y que tiene que ver con la cultura de la cancelación, el control y el miedo al dolor. Es una hipótesis, digo…

LS: Vos sabés que pensé algo parecido? En su momento comenzó a llamarme la atención la repetición sistematizada de escenas en donde cualquier evento doloroso o cuestionador es ocluida. A ver: claramente no estaba siendo censurada por la serie sino por la serie dentro de WestView en donde Wanda crea el mundo cerrado. Esos momentos de “ruido” que funcionaban como claros indicios de un mundo anestesiado me permitían pensar menos en la lectura lineal de WandaVision como “una gran metáfora sobre la pérdida de la inocencia de la sociedad americana” (por dios, la necesidad de seguir leyendo las cosas con los mismos patrones que hace 40 años…) que una lectura capaz de interpelar al presente. De todas formas suelo ser más partidario de respetar la autonomía estética de los mundos, porque eso es también una ética. Y en ese camino de cosas lo que propone la serie tiene la suficiente densidad como para no estar agitando agendas por fuera. Por eso también me daba un poco de miedo esa tendencia a leer WV como una serie crítica sobre los medios de comunicación y la manipulación de voluntades de los espectadores. Es como si no hubieran visto la serie. En ese punto los productos más inteligentes de la cultura popular siempre supieron escapar a ese voluntarismo intelectual por achatar y convertir todo en una gran clave mitopoética o lisa y llanamente en una clave ideológica. Bien lejos del simbolismo hermenéutico de los primeros o del contenidismo progresista de los segundos, creo que lo mejor que nos puede dejar la serie es su capacidad de construir misterios capaces de girar sobre si mismos. Por eso entiendo que si bien la estrategia lynchiana de extender el código de los primeros episodios hubiera sido extraordinaria también suponía un riesgo de credibilidad para una empresa mainstream como Disney.

GSS: Fijate que a esta altura de la conversación casi no hablamos del mundo de superhéroes, por lo que esa autonomía ganada por los personajes no solo es un triunfo sobre el simbolismo o el contenidismo sino también sobre la propia estandarización que experimenta el género con su renacimiento allá por 2008 con Iron Man. Llevamos 13 años del género que hoy por hoy se ha consolidado como el más exitoso de la última década (quizás junto a la animación infantil, que no es un género) y los signos de cansancio que empezaron a verse demandaron que el estudio más exitoso, Marvel (via Disney) tuviera que empezar a pensar cómo continuaría su plan de negocios luego de poner una bomba sobre el grupo de los Avengers originales. En este orden de cosas hay algo del caos anárquico y la libertad de Warner y su no-plan de negocios que puede permitirle ganar algo de aire cuando estrene las nuevas The Batman y Suicide Squad versión deux. Pero para Marvel puede ser también una gran estrategia de construir público por vías alternativas gracias a las libertades de la TV. En esta dirección de cosas veo altamente probable que eso que conocemos como el género del cine de superhéroes tienda a una diversificación tal que el mapa se amplie pero a su vez se pierda algo de la especificidad. Me etrevo a decir en este sentido que en WandaVision poco importa el caracter superheroico del asunto, al que asumo iran a apuntalar en la segunda mitad de la serie. Estaremos pendientes con lo que sigue porque este diálogo no se acaba acá…

LS: Y efectivamente continuamos. Porque sobrevinieron los cuatro episodios restantes que contabilizan los 8 de 9 totales (el truco de Dinney + en hace pagar un mes más solo por un episodio suelto es un acto irritante, pero comprensible para el plan de negocios). El problema es que a partir del episodio 4 comienza a resolverse lo que en los primeros era simplemente elusivo y experimental. Es cierto que el cuarto episodio es poderoso, pero el del quinto al séptimo la serie no hace otra cosa que resolver, a puro payoff desesperado, lo que en los primeros capítulos funcionaba como una gran promesa. Esa desesperación habla muy mal de las necesidades de compensar experimento con rasa simplificación industrial, como si hubieran puesto en peligro la maquinaria. Lamentablemente la manera en la que sobrevienen las explicaciones no resuelve del todo el problema, porque contrario a confiar en nuestra capacidad como espectadores para recomponer las ideas previas, lo que queda es puro didactismo onanista en torno al mundo Marvel.

GSS: Yo no sé si sería tan duro con lo de didactismo onanista (al final de cuentas Marvel siempre ha jugado a la autoreferencialidad, asi que tampoco es algo nuevo ni imperdonable), pero si comparto lo que mencionás respecto a la necesidad de boicotear el aspecto más indicial de los primeros episodios. Es cierto que esto demuestra una enorme desconfianza en el espectador y en sus capacidades de unir cabos (en este punto la serie es anti Lost, que evidentemente fue una referencia que nosotros quisimos ver en las primeras emisiones pero que no se sostuvo en el tiempo), pero lo que más me preocupa es que atenta directamente contra el doblez de los personajes, que era el otro aspecto destacable de los capítulos 1 a 4. Todo ese extrañamiento adquiere una explicación que, en mayor o menor medida, nos retrotrae a un problema del que Disney no logra salirse (incluso les pasó en The Mandalorian, como indicaron los compañeros de la revista en estas notas de la primera y segunda temporada), que es el de la infantilización, el de la pérdida de capacidad lúdica en su reflexividad propuesta al espectador.

LS: Quizás sea por eso mismo que llame la atención el modo en el que el episodio 7 le imprime una vuelta de tuerca todavía más forzada, que es a partir de la inclusión de Agatha Harkness, una bruja capaz de llevar adelante actos similares a los de Wanda pero acaso no tan poderosos. El problema es que ese mismo personaje también parece ser producto de una mirada infantil. Como si algo del colorido artificioso de un programa para niños (a esta altura me pregunto si WV no lo será) se hubiera filtrado. En este punto las intervenciones de la gran Kathryn Hahn se asemejan mucho a las de un malvado modélico pero al mismo tiempo carecen de interés. Por eso ahí se produce otro quiebre respecto de lo que veníamos viendo: los personajes han pasado a dejar de importarnos, porque no hay un atractivo detrás de un misterio, un doblez detrás de la personalidad ni una empatía que nos conmueva. Por otro lado la referencialidad y los potenciales crossovers de multiversos futuros (como la llegada del Quicksilver del universo X-Men) tampoco nos propone una vía de salida remotamente interesante en lo que excede a la serie.

GSS: Quizás pensamos a esta serie como un gran puente entre el final de Avengers: Endgame y las nuevas fases del MCU. Pero quizás demandamos demasiado, cuando apenas estábamos comenzando a familiarizarnos con personajes que, vamos, no son precisamente los más populares del MCU. No casualmente se viene Falcon and the winter soldier, otra serie sobre personajes laterales, como si en alguna medida Marvel fuera ampliando el gazebo que cubre el terreno pero al costo de sacrificar peones. Eso es, quizás, lo que complementa la decepción final (excepto claro, que el episodio 9 que se emite en marzo de 2021 y sobre el cual hablaremos pronto, cambie radicalmente las cosas y nos sorprenda). La realidad es que a costa de no perder espectadores más convencionales WandaVision terminó perdiendo a aquellos que nos sorprendimos con la apuesta inicial. El resultado chato y empobrecido del episodio 8 no se compensa con la emoción del final. Veremos qué nos depara el cierre.


Continuará…

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