Disenchantment S02
EE.UU., 2019, 10 episodios de 30′ aproximadamente
Creada por Matt Groening 
Con voces de Abbi Jacobson, Nat Faxon, Eric André, John DiMaggio, Billy West, Maurice LaMarche, Tress MacNeille, David Herman, Matt Berry, Rich Fulcher, Noel Fielding y Lucy Montgomery

Errar (es humano)

Por Rodolfo Weisskirch

Es inevitable. Cuando un desconocido genera un producto que transgrede (y trasciende) ciertos estándares de la cultura popular de una época, al punto tal que después de 30 años sigue tan o más vigente que en sus comienzos, todo lo que haga después estará inevitablemente condenado a la comparación con ese producto original.

Pero Los Simpson no fueron las primeras criaturas de Matt Groening, aunque si son los personajes responsables de la fama internacional del creador. No me voy a detener a decir una obviedad tal como la que indica que hace 20 años que la serie está estancada y perdió el encanto, el ingenio y el cinismo, propios de su creador. Pero sí puedo decir que cuando Groening decidió dejar de participar en el tono, el aspecto creativo de los guiones y la animación, la serie dejó de ser la misma de antes. Casi de inmediato a ese paso al costado Groening hizo Futurama

Fue en esa serie en la que MG recuperó un poco algo de la mirada pesimista sobre la humanidad que estaba fielmente expresada en las primeras temporadas de Los Simpson. La diferencia es que en Futurama algo de todo esto se sentía nuevo, fresco, a la vez generador de una empatía instantánea. La primera temporada no fue brillante, es cierto, pero fue mejorando con el tiempo. Hoy por hoy es una obra de culto que merece ser revisada. Personajes como Fry, Bender (el mejor sin dudas), lograron construir capas de humanismo y complejidad que fueron la perfecta excusa para derribar tabúes y mitos de la cultura popular, logrando así ser crítico sin bajar bandera pero al mismo tiempo lográndolo sin la agresividad o el cinismo que caracterizan a Los Simpson contemporáneos.

Futurama no trascendió en el tiempo. No obstante Groening jamás dejó de crear. Y por eso Disenchanment marcó uno de los grandes regresos del 2018. Sin las ataduras de la televisión de aire, Groening vio en Netflix la libertad creativa de hacer capítulos con la longitud que cada uno le reclamaba, sin preocuparse en lograr un tono equilibrado y “familiar” (de todas maneras nunca ninguno de sus productos tuvo ese sello estrictamente, más bien lo contrario, pero Fox en su momento no dejaba de imponer dietas condiciones y regulaciones de contenidos). Disenchanment apunta al público adulto que creció con las criaturas de MG, pero eso no significa que se repita, no al menos en términos literales.

Al igual que con Futurama, la suspensión del verosímil que proporciona un universo de cuento de hadas le propicia a Groening la libertad para no atarse a un contexto realista. La crítica al modelo familiar tradicional, con normas impuestas –especialmente a las mujeres- sigue vigente, aunque, ya no resulta una temática original como podía serlo hace tres décadas, y hasta me permito decir que se siente un poco oportunista. Sin embargo, la empatía -que es un elemento clave en las ficciones de Groening- sigue vigente como rasgo narrativo. La humanidad que Groening le imprime a Bean es una fusión de lo mejor de Bender, Lila y Fry. Por otro lado, la ingenuidad de Elfo, y la ambigüedad del carácter de Luci, resultan un poco más cercano a Los Simpson

La confrontación entre una hija transgresora y un padre conservador, hecho que abarca varios capítulos de la familia de Springfield vuelve en esta serie, pero ya como eje de la narración. La primera temporada, al igual que la de Futurama, Disenchantment empieza un poco lento. Es recién a partir de la mitad cuando comienza a ponerse interesante. La clave es que podamos empatizar con los personajes, que al principio resultan un poco fríos y distantes. A medida que la relación entre ellos se fortalece, también la que tiene el público con los personajes.

La gran diferencia de Disenchantment con las series previas de Groening las brinda el sistema streaming. La posibilidad de ver todos los capítulos seguidos le da la oportunidad al creador y su equipo de contar una sola historia en continuidad. Tanto en la primera como en la segunda temporada, los primeros y los últimos tres capítulos tienen una narración continua. De esa forma la correlación narrativa funciona mucho mejor que con un formato semanal como el de las series televisadas. Son pocos los episodios con tramas aisladas, a diferencia de aquel formato.

La segunda temporada arranca exactamente donde terminó la primera. El reino de Zog convertido en piedra –salvo por él-, Luci capturado en un frasco y Elfo en el cielo. Bean fue secuestrada bajo falsos pretextos por su madre biológica. Sin embargo, pronto descubre que ella y sus tíos, solo la rescataron para cumplir con una profecía mitológica que incluye brujería y costumbres esotéricas. Desencantada (cuan), Bean escapa junto a Luci y ambos descubren la forma de devolverle la vida a Elfo, pero para eso deben atravesar, literalmente, cielo y tierra. A lo largo de toda la temporada es poco el crecimiento que tiene Elfo –la comunidad elfa por otro lado tiene un mejor desarrollo- y el personaje parece haberse agotado. Luci, por su parte, adquiere características similares a las de Bender en Futurama. Bean, por otro lado, se complejiza y crece en su rol de antiheroína, rehusándose al comportamiento de ambos padres. Quizás el mejor personaje de la temporada sea justamente Zog, que evoluciona y muestra mayores matices, generando un mayor atractivo.

A diferencia de la primera temporada, los tres primeros episodios de la segunda temporada de Disenchantment apuestan por la adrenalina pura, la aventura mitológica y un humor que se siente más fluído y a tono que en la temporada previa. A partir del episodio 4, no obstante, hay algo que empieza a dejar de funcionar: las tramas se vuelven autoconclusivas, los guiones se entregan a cierta previsibilidad, los personajes secundarios pierden identidad y todo el asunto comienza a redundar en una cierta monotonía y simpleza (en el peor sentido posible de la palabra: falta de elaboración). La ausencia de ideas para los episodios siete y ocho –Derek es un personaje que no se banca ser protagónico, y Bean, escritora de Stand Up, desperdicia buenas ideas- son literalmente alarmantes. De esa manera todas las puertas que se abrieron en los tres primeros episodios amenazan con cerrarse abruptamente en el último minuto del episodio final. Y eso es exactamente lo que ocurre.

Asi y todo los dos últimos capítulos, al igual que en la primera temporada, son un poco más originales y llamativos: el episodio 9 muestra una ciudad industrializada como una Londres futurista imaginada por Julio Verne e influencias del manga y Hiyao Miyazaki- el tedio de los episodios “de transición” generan muchos interrogantes sobre la calidad final, no solo de la temporada, sino de toda la serie. ¿Sirve realmente hacer 10 capítulos cuando solo la mitad tiene un hilo narrativo y generan las mejores ideas? ¿Es necesario que haya un cliffhanger con una tercer temporada? ¿Por qué hacer redundante ciertos comportamientos de los personajes que ya habían quedado impregnados en la primera?

Disenchantment no es Los Simpson. Con su humor old fashion algo ingenuo, sarcástico y humanista parece algo quedada en el tiempo, inclusive. Muestra mayor nobleza y honestidad que los últimos 20 años de Los Simpson? Las comparaciones son odiosas, pero lamentablemente la respuesta es si. En Disenchantment no hay pretensión alguna de reflexividad ni de sátira social. Está el viejo y querido Groening, si. Pero con el caballo un poco cansado. La capacidad de reinventarse, no repetirse, pero al mismo tiempo no perder su identidad, su visión del mundo y la vida –un poco más optimista a los 65 que a los 35- no han cambiado. Disenchantment no vino a modificar la cultura popular (creo que MG nunca se propuso cosa semejante, asi que tampoco vamos a usar ese parámetro exigente para todo lo que haga post-Simpsons), pero marca una evolución, una madurez y cierta melancolía autoconsciente que vale la pena destacar, a pesar de la irregularidad de esta segunda temporada de la serie que nos trae. Y acaso esto revela que Groening es humano: su capacidad para mostrar sus mejores cualidades sin desdeñar ni esconder las peores, que son sus limitaciones creativas. Si en muchos casos los personajes son espejos perfectos de su creador -encima en el contexto de una industria que busca que todos los episodios de una temporada sean relojitos perfectos- una serie que admite errores y desajustes es una bienvenida excepción. 

El rey ha vuelto. Larga vida al rey.  

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