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Tiempo de lectura: 4 minutosIn Search of Darkness

Federico Karstulovich

In Search of Darkness
EE.UU., 2019, 265 min.
Dirigida por David A. Weiner
Con Keith David,  Jeffrey Combs,  Cassandra Peterson,  Barbara Crampton, Nick Castle,  Kane Hodder,  Bill Moseley,  Joe Dante,  Kelli Maroney,  Caroline Williams, Katie Featherston,  Tom Holland,  Greg Nicotero,  Lloyd Kaufman,  Don Mancini, Larry Cohen,  Stuart Gordon,  Tom Woodruff Jr.,  Mick Garris,  Brian Yuzna, Robbi Morgan,  Andre Gower,  Sean S. Cunningham,  Ken Sagoes,  Lori Cardille, Ryan Turek,  Harry Manfredini,  Phil Nobile Jr.

Todos los gustos del mundo

Por Federico Karstulovich

Cuando me enteré de esta serie (o documental kilométrico en capítulos pensado para televisión como una unidad de 265′) salté en el aire desesperado de la emoción. Porque hay pocas décadas tan queridas y disfrutables para alguien que ame el terror como la década del 80 (aunque ya aparecerá alguien que me indique que la década por excelencia para encontrar los mejores exponentes es la de los 70s…y la vieja guardia hablará de los 60s, pero bueno). Sea como fuere, si algo inventó el terror de los 80s fue una multiplicidad de variantes, una reformulación de ideas previas, pero al mismo tiempo las potenció como nunca. Porque esa década contruyó, en definitiva, una verdadera licuadora de intensidades, para que los géneros dejaran de parecerse a lo que conocíamos de ellos y que, como consecuencia, expresaran una serie de libertades que también tendrían en su seno el gen de la propia degradación, lo que llevó a una fuerte reformulación de muchas de sus constantes pero en la década siguiente.

Con el punto de partida de una gran década, plagada de obras maestras, si, pero también de muchas cagadas imposibles de ver, In search of darkness se propone avanzar obsesivamente año por año. Ahora bien, la pregunta es con qué criterio. Ahí donde la elección pudo haber ido por el costado de la revisión original de casos canónicos, se nos entrega la retahíla de lugares comunes conocidos sobre las obras maestras (La cosa, Evil Dead, Re-Animator, Pesadilla, por mencionar algunas). Ahí donde lo que pudo haber prevalecido era el descubrimiento de rarezas olvidadas, lo que se mantiene es el criterio de «bizarreada para fanáticos» (horrible expresión, lo sé, pero práctica para definir el caso), que en definitiva no es mas que la mención emocional de títulos que oscilan entre el descubrimiento (pero sin el espacio que merece) y el festejo acrítico de pavadas indefendibles.

Pensé en un tercer criterio: y si In search of darkness se hubiera propuesto un criterio emocional? En ese caso estaríamos ante una lógica más irregular -bueno, al final de cuentas las emociones tienen eso, no son previsibles-, pero de haber sido ese el criterio debería haberse revelado esa sinfonía del sentimiento por el género. Pero ahí aparece la otra gran falta: estamos ante una película radicalmente impersonal. Porque no se percibe la menor toma de posición emocional. Por el contrario, la sensación es que estamos ante una fría lista de supermercado que busca contentar a todos los perfiles posibles del espectador del género (con especial amor por los 80s, claro). Nada más impersonal y demagógico que no querer quedar en falta con nadie.

Ni recuento emocional, ni relectura sobre el canon, ni descubrimiento ni película sobre casos bizarros. Qué carajos quiso ser In search of darkness? Al finalizar el primer tercio de sus interminables 265′ nos encontramos con un hecho curioso: la docu-serie asume algunos postulados presuntamente «teóricos»: el rol del terror en relación a sus contextos de época, el lugar de las mujeres en el género y el feminismo como perspectiva, los tonos variados adoptados por el género en relación a la violencia, la construcción formal del género (sonido y efectos especiales en particular). El problema es que esta otra perspectiva, acaso más «académica» tampoco ahonda demasiado en ninguno de sus postulados. O al menos no formula preguntas radicalmente nuevas (considerando que existen otros casos de documentales obsesionados con el período, como Going to pieces), lo que convierte a la experiencia en un extraño eco, que nos repite materiales conocidos y reconocidos. Por eso la pregunta a hacerse es otra: si no provee novedades, ni relecturas, ni relación emocional ni capacidad de análisis, qué perfil de espectador tiene In search of darkness? Posiblemente ninguno en particular. Porque tampoco estamos ante una película didáctica que permita una introducción al género que invite a seguir las indagaciones que hubieran quedado parcialmente expresadas. No.

El mayor de los problemas de la inseguridad, como alguna vez lo demostrara Zelig, es no querer caer mal a nadie. Es querer quedar bien con todos sin arriesgar, sin herir, sin lastimar. Por eso, en esa perspectiva, la ausencia de una mirada personal sobre los materiales termina siendo, contrario a lo que parece, el principal motivo de expulsión de una película que prometía la gloria, que nos auguraba un mundo maravilloso hecho de sangre, tripas, asco, degradación y dolor. Pero que curiosamente terminó entregando una experiencia incolora, inodora e insípida. En tiempos superficiales en donde todo es presentación y simulación de pasiones (hola Instagram!), In search of darkness se comporta como una dilecta hija de su época.

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