Legión
EE.UU., 2017, 8 capítulos de 60′
Creada por Noah Hawley
Con Dan Stevens, Rachel Keller, Aubrey Plaza, Jean Smart, Bill Irwin, Jeremie Harris, Katie Aselton, Amber Midthunder, Mackenzie Gray, Jemaine Clement, Hamish Linklater, Scott Lawrence, David Selby, Ellie Araiza, Brad Mann, Luke Roessler, David Ferry

Jugar para gustarse

Por Diego Kohan

MARCOS 5:9

¿Cómo te llamas?-preguntó Jesús.

-Me llamo Legión, porque somos muchos.

“Es interesante”. A menudo cuando algo (una película, un equipo de futbol, una banda de rock) nos llama la atención pero no estamos seguros de que nos guste del todo o de que sea realmente bueno decimos que es “interesante”. Bueno, la serie que nos ocupa entra sin dudas en ese grupo. El punto es ver si esa intuición tiene argumentos o no. Pero…¿Qué es aquello que la vuelve interesante? En primer lugar, la decisión de hacer una versión libre (una variación) sobre un personaje de Comic. Cierto es que no se trata de uno de los más populares (en cuanto conocimiento masivo) pero a la vez no deja de ser anómalo en una época de rigurosa disputa legal-comercial y estrecho lugar para la originalidad en la concepción y puesta en escena, donde al ver un fragmento de Ironman, Capitán América o Thor no podemos distinguir visualmente si se trata de una de sus películas en solitario o de alguna de las parte de la saga de Los Vengadores, por caso. En segundo lugar, lo interesante radica la utilización de la imagen para expresar y contar, la búsqueda de ampliar los recursos lingüísticos de la tv. Seguramente algunos o varios lectores se vayan a indignar, pero podría decir que nuestra serie en cuestión toma elementos de Twin Peaks como ninguna otra serie mainstream. Las batallas (violentas físicamente o no) que transcurren en espacios mentales son propicias para esto y se aprovechan; incluso podríamos decir que son el alma de esta ficción.

El eslabón perdido. Legión intenta narrar y reconstruir la vida sufrida de David Haller, un joven y poderoso mutante que además padece (o parece padecer) problemas psiquiátricos y que como en tantas otras ficciones será la piedra angular en una disputa entre dos bandos (que es también el mitologema del “elegido”). En el fuera de campo narrativo (para el lector que no reconozca el concepto: es aquello que no ocurre frente a nuestros ojos pero está presente de algún modo) opera nuestro conocimiento sobre el personaje en su versión original: los cómics de Marvel. Pero los pongo al tanto de lo fundamental (el resto se puede leer en Wikipedia): David es el hijo del Profesor X (quien no está al tanto de este nacimiento) y a raíz de su inmenso poderío tiene problemas mentales, desarrolla múltiples personalidades y termina viajando al pasado y alterando el presente, etc., etc. Es decir, con el correr del tiempo termina siendo una pieza importante en la trama de los X-Men. Las semejanzas entre Comic y TV se reducen a que en la pantalla apenas se da a entender que Charles Xavier (fundador de los X-Men) dio a David en adopción, a sus poderes y trastornos mentales y a la figura del villano (Rey Sombra) que parasíta en la mente de Legión. Incluso, tampoco está claro a qué línea temporal corresponden los eventos puestos en escena en la tv.

Medios y fines. Retomemos aquello de “el alma” de esta ficción. Diego Simeone, en su rol actual de director técnico de fútbol, suele ser acusado de defensivo y especulador (como si fuese malo) y en alguna oportunidad dijo con sabiduría: “en el fútbol hay técnicos que juegan para gustarse”. Algo –o mucho- de eso ocurre con Legión: así como se disfruta y celebra la originalidad de la explotación de los recursos visuales estéticos-narrativos (variedad en la iluminación, tempo, hasta en lo rústico o falsamente precario de algunas escenas del espacio abstracto), por momentos la serie se pierde y parece confundir la herramienta con el fin. El exceso del tiempo en pantalla y la importancia de algunos elementos abstractos colocan a esta combinación de recursos como el hecho de mayor atractivo, prescindiendo de motivos claros de para qué se los usa. De todos modos, aunque la acción física (lo que vulgarmente bien llamamos piñas y tiros) está presente, bien podría compartir más protagonismo con el pleito abstracto-mental. Vale destacar como mérito fundamental que a pesar de todas las idas y vueltas y a veces hasta poco claras escenas, la historia avanza, el relato más terrenal se entiende. Y no es poco para la complejidad narrativa que maneja.

¿Es interesante? Considerando todo lo dicho a lo largo de estos párrafos, estimo que todos vamos a coincidir en que la búsqueda está bien (o parece ir en buen camino), en que otra serie cocinada con el mismo molde no aportaría nada, pero también hablamos de una serie que dice casi todo lo que tiene que decir hacia la mitad de su temporada. Por eso la llegada al final huele a redundante. Si, Legión sabe aprovechar su no pertenencia al mainstream, ya que nunca va a ser una película ni un producto masivo, a gran escala. Algo similar ocurrió con Daredevil (la serie, no ese esperpento cinematográfico que pasó sin pena ni gloria), que en buena medida aprovechó mejor eso de no generar mayores expectativas pero que con el tiempo logran desarrollar algo parecido a una perspectiva autoral, una marca personal, en donde reconocemos la creación (formal y conceptual) de un mundo propio. Como ya hemos visto en otros casos de otros personajes, la suerte fue distinta: el caso de Punisher (sobre la que hablamos aquí) es paradigmático del desaprovechamiento de la posibilidad de crear un mundo audiovisual desde cero. Si hay que verla? No me animaría a afirmar que Legión es una serie que “hay que ver”, pero sí estoy seguro de no correr riesgos recomendándola para quien quiera ver algo un poco distinto y hecho con empeño. Si, tengo dudas. A los críticos también nos pasa eso.

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