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Tiempo de lectura: 4 minutosLuis Miguel: La serie – Temporada final

Por Federico Karstulovich

México, 2021, 6 episodios de 54′
Creada por Daniel Krauze
Con Diego Boneta, Óscar Jaenada, Izan Llunas, Camila Sodi, Martín Bello, Paulina Dávila, Rodolfo Arias, Javier Gómez, Juanpa Zurita, Vanessa Bauche, Pablo Cruz Guerrero, César Bordón, Andrés Almeida, Arturo Barba, Lidia San José, Shaula Vega, Anna Favella, Lola Casamayor, Francisco Barreiro, Mario Zaragoza, Juan Carlos Remolina, Gabriel Nuncio, Alfonso Borbolla, Fátima Molina, Javier Escobar, Kevin Holt, Sacha Marcus, Sergio Lanza, Ana Silvia Garza, León Peraza, Ximena Ayala, Luis de La Rosa, Marcela Guirado, Carlos Corona, Aurora Gil, Macarena Achaga, Fernando Guallar, Juan Ignacio Cane, Teresa Ruiz, Valery Sais, Axel Llunas, Rocío Verdejo, Jade Ewen, Plutarco Haza, Sebastián Zurita, Carlos Ponce, Alejandra Ambrosi, Miguel Rodarte, Mauricio Abad, Antonio Mauri, Elizabeth Guindi, Juan Carlos Colombo, Darío T. Pie

El despertar de la fuerza

El componente que hizo de la primer temporada de la serie de Luis Miguel la sorpresa que fue, curiosamente, no provino del morbo, ni de la información confidencial sobre la vida del cantante boricua (adoptado mexicano por tradición). La sorpresa que produjo la primer temporada de Luis Miguel: La serie se sustentó en la capacidad de abstraerse de la persona para retornar al componente universal y mítico de las relaciones humanas, que es el componente que todos podemos reconocer incluso en la existencia más lejana a la experiencia de vida del cantante. Las relaciones entre padres e hijos, las relaciones de pareja, las relaciones entre amigos y hermanos siempre serán motivo de interés a lo largo de distintas generaciones y personas porque exceden al caracter meramente especulativo del dato de color sobre el famoso XYZ que sea abordado. Por ese motivo la primera gran temporada de la serie se había vuelto adictiva y nos hacía esperar una segunda temporada aún mejor.

Pero la segunda temporada de LM, LS fracasó acaso porque el plan original no era el que terminó siendo. Porque a la luz de la tercer, última y brevísima temporada (la primera con trece episodios, la segunda con ocho, la tercera con seis), lo que podemos percibir es que siempre habíamos estado ya no ante una transición (como terminó sucediendo) sino ante una segunda temporada larguísima, de 14 episodios que tendían a abrirse y ramificarse en varias historias paralelas que no hubieran terminado de cerrar del todo. Frente a esa posibilidad de una segunda temporada oscilante entre momentos potentes y momentos en los que el interés terminaría dispersándose en promesas incumplidas (que es lo que sucede con la segunda temporada a partir de su segunda mitad), creo que optaron por la por sacrificar esta opción mixta, dejando así a la segunda temporada en una transición entre el Luis Miguel luminoso, expansivo y feliz de encontrar la propia voz e identidad en el proceso de crecimiento de la primera y el Luis Miguel solitario, taciturno, autodestructivo y sin rumbo de la tercera. De esa manera justificarían la casi ausencia de conflictos presentes a la vez que habilitarían poner toda la carne al asador en la temporada siguiente.

Arriesgado? Si, porque se puso en riesgo con una segunda temporada mediocre todo lo conseguido en la primera. Salió bien? Si, también, porque la tercer temporada de LM, LS no está a la altura de la temporada 1…pero tampoco está tan lejos. De hecho, lo mejor que tiene es la capacidad de conectar con el aspecto más humano y a la vez mítico y empático de la primera temporada. De ahí que las posibilidades que explora la tercer temporada funcionen lo suficientemente bien en seis episodios como para no echar todo por la borda, precisamente porque la segunda temporada nos ha preparado para que lo que suceda en la tercera no deba explicarnos tanto. Entonces…por qué funciona la tercer temporada? Por varios motivos: porque retornan los personajes y sus contradicciones; porque retornan las tensiones entre padres e hijos (la del mismo LM con su padre, pero también la del antagonista, que en esta temporada adquiere otro volumen, mucho mejor construido que el estereotipo que habíamos visto en la segunda temporada); pero fundamentalmente porque nos encontramos con aquello que habíamos estado buscando durante dos temporadas: el proceso de conversión de una persona en la peor versión de si misma.

Es interesante retornar al punto del mito. Porque en el fondo, lo que estamos viendo es también un recorrido invertido: el de un sujeto luminoso que había logrado superar la influencia nefasta de su padre para convertirse poco a poco (gracias a una suma de inseguridades, paranoia, resentimiento, falta de empatía, incapacidad de registrar el esfuerzo de las personas valiosas que siempre acompañaron y alguna que otra cosa más) en una persona despreciable. En este sentido es notable el gesto que la serie elige frente al propio proceso de degradación -que es mostrado elípticamente, sin exagerar el morbo potencial-, ya que contrario a jugarse por un camino de caída absoluta y redención, opta por la autoconciencia. A partir de la segunda mitad de la tercer temporada observamos como la serie resuelve las propias contradicciones de LM con…la gestación de la mismísima serie que estamos viendo. Ese recurso, que pudo haber parecido un manotazo de ahogado es, contrariamente a lo previsto, una bocanada de aire, en donde la misma serie revela las propias limitaciones de lo que debe/puede/quiere/logra contar sobre la vida de su protagonista.

Organizada sobre tres tiempos (el pasado de Luis Miguel a inicios de la década del 70, el fracaso del salto internacional al mundo anglosajón de la mano de su entonces pareja Mariah Carey hacia finales de los 90s y el presente previo a la gestación de la serie y con pleno rodaje de la primer temporada entre 2017 y 2018) la serie gana por todos los flancos posibles: es capaz de narrar clásicamente la historia de una persona en el proceso de desgradación e incluso en una leve (y no demasiado feliz) redención (a costa de perder casi todos los amigos y la familia, algo que la serie no busca ocultar ni edulcorar), pero también es capaz de preguntarse desde la misma ficción cómo puede narrarse la vida de una persona, que al día de hoy, ficción de por medio, sigue siendo un enigma popular fascinante. Porque al finalizar nos preguntamos (máxime cuando el mismo LM afirma en medios diversos que lo que vimos es una plena ficción) si no estuvimos siendo testigos de una de las mayores operaciones de prensa para revivir una carrera que parecía muerta y enterrada pero que, entre los restos de la basura, emerge como un Ave Fenix inmortal.

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