Mindhunter – Segunda temporada
EE.UU, 2019, 9 episodios de 55′
Creada por Joe Penhall  
Con Jonathan Groff,  Holt McCallany,  Anna Torv,  Cotter Smith,  Hannah Gross, Sonny Valicenti,  Lauren Glazier,  Phil Nardozzi,  Nathan Corddry,  Blythe Howard, Cameron Britton,  Alex Morf,  Joe Tuttle,  Stacey Roca,  Stephanie Bertoni,  Regi Davis, Happy Anderson,  Jesse C. Boyd,  Peter Murnik,  Jordyn DiNatale,  Robert DiDonato, Duke Lafoon,  Bryan McClure,  Joseph Cross, Marc Kudisch, Michael Cerveris,  Albert Jones,  Dohn Norwood,  Gareth Williams,  June Carryl

El final de la razón

Por Federico Karstulovich, Carla Leonardi y Rodrigo Martín Seijas

FK: Fincher (aunque no sea el creador es el director de buena parte de los capítulos de esta segunda temporada), como los vinos, mejora con el tiempo. Necesita menos estridencia, menos espectáculo, menos ruido para llegar a resultados cada vez más sofisticados. La segunda temporada de Mindhunter (a diferencia de la primera, en la que dirigió poco y nada), lo encuentra mucho más cerca de Zodíaco que de cualquiera de las cosas que hizo antes. Es decir: Fincher volviendo a su mejor película y expandiendo esa incomodidad. Aquí, en buena medida, creo que hace lo que True Detective – Temporada 3 no pudo: sostener la incomodidad insoportable de los mejores policiales negros, esos en los que el foco está puesto en las imposibilidades del sistema de justicia para hacer ídem a la vez que en las personas como parte de un engranaje social imprevisible. De manera concreta: Mindhunter parece una serie hecha contra los postulados de sus personajes. Ahí donde la patología podría haberla convertido en una serie sobre lo pericia y lo patológico, lo que vemos es su perfecta inversión: es una serie sobre la desarticulación del pensamiento científico como instrumento para comprender el mundo y sus disonancias. Al mismo tiempo hay una idea en esta segunda temporada que si bien estaba presente en la primera creo que con el devenir de los capítulos de la segunda se vuelve más clara: todos los investigadores creen estar jugando un juego en donde ellos son los gatos y los asesinos seriales son ratones. Pero lo que sucede no es otra cosa que un acerado sistema de expectativas traicionadas (pero en ralenti): un niño que hace cosas horribles y que bien podría ser el inicio de cosas horrorosas a futuro, un asesino pedófilo bastante más listo que sus perseguidores y a su vez un grupo de asesinos encarcelados que parecen tener bastante claro la pantomina del sistema de administración de justicia. Todo, absolutamente todo lo que vemos es desolador desde la perspectiva policial. Pero el dato más elocuente es que, mientras los policías se obsesionan infructuosamente con pequeños datos un asesino (cuyo accionar vemos casi siempre previo a los créditos o en el cierre de los capítulos) otro no hace mas que ganarles las espaldas. No solo es un antipolicial, un peocedural al revés sino la constatación de que la racionalidad puede estar intacta pero a veces no sirve para lo más mínimo a la hora dd comprender los males del mundo. Esa conciencia de desarticular el género sutil y sofisticadamente deja a la serie en otro juego, uno superior al que los policiales chapuceros intentan delinear sin suerte.

CL: Coincido en la cuestion de que la racionalidad queda desarticulada en la comprension de los asesinos seriales. Ya Freud hablaba de la fascinacion que ejercen los asesinos precisamente porque no se les puede terminar de sacar la ficha. Por eso los acercaba al misterio comparable al enigma de lo femenino. Y en este hipnotismo del asesino, serial es donde los incestigadores quedan cazados y consumidos. La racionalidad de armar patrones, deja por fuera la singularidad, de ahi que vayan siempre por detras siendo en realidad titeres de los poderes de turno para mostrar como propaganda cuanto se preocupan los ciudadanos. Y mientras ellos elucubran y elucubrar el asesino se les escapa como aquiles a la tortuga y mas chicos o mujeres de carne y hueso siguen muriendo. Fincher sabe lo que hace. Al mismo tiempo con la situacion del hijo adoptado del investigador, partipante del asesinato de otro niño abre el debate sobre si la criminalidad se hereda geneticamente o es asunto de constitucion subjetiva. Ademas trabaja muy bien tambien la cuestion de la hipnosis al incluir a Manson y como la fascinacion que ejercen ciertos personajes puede convertir a personas “normales” en asesinos despiadados. Ya lo dijo el viejo Freud en Psicologia de las masas y analisis del yo.

RMS: Estoy bastante de acuerdo con lo que dicen. Indudablemente, Fincher dejó atrás su etapa de Pecados capitales y The game, para explotar más su vertiente más interesante y desafiante, que arrancó con Zodíaco y se continuó (por otras formas) en Red social y Perdida. Precisamente con esta última veo una conexión en esta segunda temporada, no tanto por el tono (Perdida era una sátira siniestra y desatada) sino por el enfoque temático. Mindhunter fue desde el comienzo una serie sobre el control, desde el lado de los “buenos” y los “malos”, y ya en la primera te mostraba -con la subtrama de la doctor Wendy Carr y el gato, o el ataque de pánico de Ford en el último episodio- que ese control era una ilusión. Acá eso se hace más patente desde las apariencias, de cómo particularmente Tench y Carr quieren construir, para los demás y sí mismos, una apariencia de normalidad que es, a la larga, imposible de sostener. Por eso también pueden empatizar y vincularse fluidamente con los asesinos seriales. Al fin y al cabo, esa gente siempre buscó delinear superficies de normalidad mientras cimentaban un horror en otra parte, principalmente en la intimidad. Creo que en eso también la serie recupera la fascinación inicial con los asesinos seriales, que no es tanto los crímenes en sí mismos, sino el hecho de ser, en el fondo, tipos comunes capaces de cosas inimaginables.

FK: Bueno, fue Cronenberg con Un método peligroso quien llega a conclusiones similares, usando a Freud y a Jung como investigadores y llegando a ese límite en donde la infalibilidad del método analítico racional se revela como lo que es: hijo de un tiempo en el que el positivismo como lógica buscaba encontrarle una explicación a tanto proceso de cambio social. Pero claro, estamos hablando de otra época. Por eso es interesante como este ataque contra la razón se sitúa en el momento en el que nace el departamento de análisis de la conducta en el FBI. Como si luego de un siglo no hubieran aprendido nada! Pero bueno, el estado también es eso: la simulación de un orden posible. Desde ese punto estamos ante un antagonismo en el que el estado y los representantes de la ley (reprsentar es un hecho teatral también) son una excusa para tapar el vacío. Por otro lado,  en relación a lo que planteaba Carla, no sé si queda tan claro la puesta en debate con la cuestión del hijo adoptado. Creo que es un anzuelo y ya. Veremos. Con respecto a lo que dice Rodrigo también concuerdo: creo que toda la idea de la serie gira en torno a la imposible idea de normalidad y de como el crimen no necesariamente debe leerse como un salto hacia lo extraordinario y anómalo sino que, en el fondo, no hablamos de otra cosa que de un espacio permeable en el que racionalidades obsesionadas con el control se tocan la punta de los dedos con racionalidades imprevisibles. Hay un gran libro de un teórico que fue muy influyente hace 60 años. Es Althusser (cuya obra canónica me produce mas rechazo que otra cosa, pero no viene al caso) de quien hablo. Pero no es el teórico de kos aparatos del estado. Hablo de su último texto, post asesinato de su esposa. Un texto carcelario sobre lo que él llama “materialismo aleatorio”. Ahí el tipo logra salise de la encerrona lógica del método científico y afirma una suerte de racionalidad más intuitiva y sensorial, con el eje puesto en operaciones abductivas. Cuando veo a los asesinos de Mindhunter me acuerdo de Althusser y de esa idea: gente que razona de manera imprevisible. Gente que le gana a la razón e improvisa. Y gente que, en su afán por acercarse al mundo de los asesinos, desvirtúa su propia racionalidad. En ese punto, ambos mundos se parecen cada vez más. Y me sospecho que a medida en que vayan avanzando las temporadas esos personajes de los policías se iran perdiendo a si mismos y al mundo que los rodea, un poco como en la primera temporada de True detective.

CL: Muy buena apreciacion la de Un metodo peligroso, ya que está en la misma linea y ademas el director canadiense es un maestro en explorar precisamente eso que se escapa a nuestro control. Acuerdo con la idea de que se van perdiendo a sí mismos y se tocan en ese punto con su  objeto de estudio. Al final de cuentas se plantea, como bien dijo Rodrigo, en el ataque de panico de Holden, pero también en los esfuerzos infructuosos de Tench por sostener su matrimonio luego del asunto con su hijo y en la dificultad de Carr para sostener sus vínculos y para mostrarse tal cual es. Creo que investigando a estos asesinos seriales pretenden encontrar en ellos respuestas para sus propios conflictos en cierta medida y el propio goce que a cada uno le es opaco a si mismo.

RMS: Creo que la serie también deja en claro que no solo el Estado y su ley son representaciones de un orden que está siempre en crisis, sino que también la familia, el matrimonio o incluso la idea de pareja lo son. Eso se ve muy claro con Tench y Carr, y lo de Ford es un aferrarse al método, a su capacidad para leer al otro o empatizar para mantener un orden propio y ordenar a los demás. El desenlace con lo de Atlanta es casi paradójico: se confirma el método de Ford pero a la vez no es suficiente, porque no alcanza para romper la impunidad, y además hay otros discursos, otros órdenes, como el de la comunidad negra, que se contraponen. Lo que también me gustó particularmente de la serie y que se potenció en esta segunda temporada es que todo esto la serie lo transmite muy sutilmente, desde los silencios o eso momentos donde los personajes quedan solos frente a la certeza (o la falta de ella). Y eso a pesar de que la serie es una lección de cómo poner en escena diálogos, como si Fincher y el equipo que lo acompañan hubieran incorporado lo mejor de Aaron Sorkin, pero reconvertido en una oscuridad perturbadora.

FK: No quería dejar de mencionar que, lateralmente, aunque fuera, hay algo de Sed de mal en todo esto: la policía puede estar en la pista correcta, pero la impunidad prevalece. En definitiva esto que dice Rodrigo de la crisis de los sistemas es la gran herencia que nos deja el policial negro. El tema es que lo que hace acá Fincher tiene tanto de anacrónico como de contemporáneo: nada de lo que critica es nuevo ni distinto a lo que hayamos visto previamente en otros policiales negros. El tema es que lo hace de un modo en el que logra re formular todo lo dicho como si fuera la primera vez. Esa capacidad tiene que ver con la elección de una época precisa y de transición pero también se sostiene en las decisiones formales con las que Fincher elige trabajar (que se han convertido en marca de su estilo desde Zodíaco para acá): frontalidad o lateralidad, luces frías, puesta de cámara que oscila entre la distancia gélida y el detalle de entomólogo. En alguna medida da la sensación que el rol analítico, frío y científico que le asigna a los policías lo aplicara el mismo Fincher sobre sus personajes, como si nos estuviera diciendo que tampoco empaticemos demasiado, como si se tratara de un juego de cajas chinas de análisis sobre análisis sobre análisis (y nosotros aquí escribiendo nos comportamos como otra de esas cajas)

CL: Coincido en que no dice nada nuevo que no haya dicho ya el policial negro y en la cuestion del particular uso de los recursos formales que realiza. Me parece que la contemporaneidad esta dada porque estos crimenes contra grupos vulnerable como niños y mujeres, continuan teniendo vigencia a la luz de la lucha de los distintos colectivos. Lo que demuestra que algo del goce oscuro que produce la cultura de la epoca sigue presente e inmodificable a intentos de educacion, domesticacion y deconstruccion. Aunque no diga nada disruptivamente nuevo, sin embargo nos interpela. Todavía siguen los crímenes hacia mujeres y niños con cifras abrumadoramente alarmantes.

RMS: Coincido con esa asociación con Welles y todo el policial negro, con la época como puente. Y es una demostración de lo que pueden atreverse a hacer algunos directores en Hollywood cuando alcanzan cierto estatus. Hay un atreverse a reconfigurar fórmulas y discursos (incluso poniéndolos en crisis) que es muy saludable. En verdad, Fincher es un cineasta de crisis. O al menos uno al que le gusta construir crisis, lo cual lo pone en un lugar inusual, que explica en parte su poder pero también las dificultades que enfrenta para ser totalmente reconocido.

FK: Creo que algo de lo que menciona Rodrigo supone la mayor ambivalencia de la serie en relación a la obra del director (aunque no haya dirigido todos los capítulos): estamos ante un mecanismo cada vez más perfeccionado y acerado al mismo tiempo que un mecanismo que se va autodestruyendo por su propia perfección formal. Hay algo, en este punto, que inhabilita a Fincher para que la vida y lo anómalo ingrese formalmente a mundo audiovisual. Por eso también me resulta fascinante la relación entre la frialdad formal y lo que narra: quizás la distancia sea la forma más horrible de describir el horror. Y quizás no podamos escapar de eso justamente por ese mecanismo.

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