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Tiempo de lectura: 3 minutosNueve perfectos desconocidos

Por Mariano Bizzio

Nine Perfect Strangers
EE.UU., 2021, 8 episodios de 43
Creada por David E. Kelley
Con Nicole Kidman, Melissa McCarthy, Michael Shannon, Luke Evans, Regina Hall, Bobby Cannavale, Samara Weaving, Asher Keddie, Manny Jacinto, Melvin Gregg, Tiffany Boone, Grace Van Patten, Hal Cumpston

Revuelto Gramajo

Dice la leyenda popular que si vas a un restaurant nunca, pero nunca tenés que pedir revuelto gramajo, ni mayonesa de ave ni nada que pueda estar hecho de sobras. Porque en el fondo tu plato puede estar hecho de platos de terceros. Imaginen esta situación en épocas de Covid y la paranoia asciende a estratósfera. Del mismo modo, no vean series que estén configuradas con sobrantes de otras. Porque se nota el gusto, porque la proveniencia se percibe rápidamente. Y porque la sensación es similar a la de una estafa. O al menos no me cobres por ello, que es una opción. Pero quién me devuelve esas casi 8 horas desperdiciadas?

Nueve perfectos desconocidos hace algo que ya venía mostrando Nicole Kidman en sus previas participaciones en produccciones de HBO. La diferencia es que aquí lo hace en Amazon Prime: vende humo enlatado. Pero ojalá el problema fuera ella, con su puesta de cuerpo todo terreno para cualquier pavada que le pongan adelante. Porque cada cual puede hacer lo que quiera con su carrera y aquí no somos managers de nada ni de nadie como para decirle lo que tiene que hacer. Pero lo que si podemos ver es cuando la tormenta de arena se acerca. Pero ni eso: embelesada en las premisas, lo que nos trae NPD es eso mismo: premisas y promesas que provienen de otros géneros preexistentes y que nos resuenan en la estructura coral que se nos presenta. Está el melodrama familiar, está el thriller criminal, está el drama intimista sexual, está la screwball comedy, está el coqueteo con el fantástico…y también está la apología de las drogas como instrumento para superar el duelo. No obstante, en el último plano, además, tenemos más vueltas de tuerca, reflexividad (“oh, qué sofisticado”). El problema, entonces, es ese mismo: no es una comida sola ni varias a la vez. Es un revuelto gramajo…con huevo crudo.

La intriga que pergeña NPD no logra sostenerse de un episodio al otro excepto en los primeros tres, en los que la percepción gira en torno a las posibilidades de un lugar en el que se llevará adelante un tratamiento que termine en una versión abusiva de eso que hemos visto una y mil veces en las películas o series sobre centros de rehabilitación. Pero ni siquiera esa promesa se sostiene. Por ese motivo la única manera de hacer que el plan se vuelta sustentable con el tiempo radica en construir más o menos hábiles ganchos al final de cada episodio con el fin de patear la pelota hacia adelante. El problema es que en esa procrastinación no se hace presente ninguna herramienta narrativa que medianamente podamos utilizar a nuestro favor para salir del sistema de la sorpresa y la traición de las expectativas. Por eso episodio a episodio nos vemos entregados a la arbitrariedad de los giros.

Entonces los personajes. Porque si algo parece sostener alguna corriente potencial de expectativas con los espectadores de parte de NPD es el armado de sus personajes, con su tridimensionalidad y su dramaturgia de manual de estudiante de cine a flor de piel. Todos y cada uno de ellos portadores de un arco dramático claro. Y obligados a redimirse. Ahora bien: algo de esas redenciones nos interesa verdaderamente? O nos quedamos por el mero amor al morbo de saber en qué terminará todo? Porque si hay un segundo gran problema en esta serie hecha a las apuradas es que ningún personaje logra que establezcamos un vínculo con él. Quizás porque para su creador es más importante la representación de estereotipos (aunque crea que son arquetipos) antes que personas. Poe eso no creemos ni consideramos posible redención o evolución dramática posible.

Nueve perfectos desconocidos se manifiesta como novedosa, pero se asemeja mucho a un arraigo cultural de origen teatral (que incluso supo tener su cuarto de hora televisivo) que son las ficciones sobre representaciones de “temas socialmente importantes” en las que cada personaje asume un rol figurativo y en el que, al finalizar, se nos revela una moraleja antigua y perecedera. Con más humo, con actores excelentes bancando la parada, lo de NPD es un retorno al pasado bajo todo concepto. Un pasado actualizado en los medios, pero pisado al fin.

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