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Tiempo de lectura: 7 minutosOzark – Tercera temporada

Ludmila Ferreri

Ozark S03
EE.UU., 2020,  8 episodios de 55′
Creada por Bill Dubuque
Con Jason Bateman,  Laura Linney,  Julia Garner,  Sofia Hublitz,  Skylar Gaertner, Janet McTeer,  Peter Mullan,  Jason Butler Harner,  Anthony Collins,  Esai Morales, Harris Yulin,  Felix Solis,  Carson Holmes,  Marc Menchaca,  McKinley Belcher III, Kevin L. Johnson,  Michael Tourek,  Dirk Allison,  Joseph Melendez, Robert C. Treveiler,  Evan George Vourazeris,  Lisa Emery,  Jordana Spiro, Charlie Tahan,  Trevor Long,  Michael Mosley,  Darren Goldstein,  Christopher Baker, Bethany Anne Lind,  Nelson Bonilla,  Sandy Givelber,  Lindsay Ayliffe,  Damian Young, Adam Boyer,  Melissa Saint-Amand,  John Bedford Lloyd,  Jessica Frances Dukes, Tom Pelphrey,  Joe Sikora

El efecto dominó

Por Ludmila Ferreri

Comencé tarde, pero comencé. Netflix me recuerda a Racing algunos años atrás (pero esto es aplicable a cualquier vieja gloria deportiva, van a entender la metáfora), cuando lo único que tenía era una historia gloriosa en el pasado y un presente de mediocridad. Bueno, algo similar le pasa a Netflix, que inició con la potencia de ser la primer gran plataforma online de contenidos (primero adquiridos a terceros, luego combinando con los propios) a ser una plataforma cada vez más empobrecida (al menos en las versiones regionales, ya que en la versión estadounidense y de ciertos países primermundistas la plataforma de la gran N todavía mantiene un mínimo de prestigio, entre otras cosas porque no se olvida de todo el espectro de materiales que debe curar: estrenos, reposiciones, clásicos, etc). En ese mapa depresivo, cuando vemos que una buena serie emerge o retorna para continuar, lo primero que nos aparece en la cabeza es un festejo íntimo: «Que al menos el pago mensual justifique buen material». Quizás sea por eso que desde que comenzó Ozark los suscriptores de Netflix encontraron en la serie un lugar en el cual hacer pie. A la vez que encontraron un puñado de personajes a los que no abandonar.

Pero si me preguntan personalmente, llegué tarde. Por eso cuando leí (primero como lectora de esta revista, ahora como redactora) algunas de las notas que le dedicaron a la serie (aquí sobre la primera temporada, aquí sobre la segunda), intenté ponerme al día. Y por ese motivo pedí escribir sobre ella para esta tercer entrega. Decidí ver las dos primeras y la tercera de un tirón, aprovechando esta cuarentena maldita del demonio. Y en el plazo de una semana me volví una adicta sin rehabilitación posible a ese mundo en proceso de caída lenta. Ozark, en su tercer temporada, construye un plan perfecto, en donde termina de cerrar (o mejor dicho: expande con fluidez) cosas que estaban latentes en la primera temporada y que estaban establecidas parcialmente en la segunda. Porque bueno, a decir verdad, excepto que hablemos de series que expresamente narran todo su material en una sola temporada autoconclusiva, casi toda serie hoy por hoy tiende a organizarse en torno a una continuidad imaginaria, como si fueran grandes tomos de una gigantesca novela en volúmenes, de los cuales los capítulos apenas fueran partes de una ingeniería superior. De hecho esa relación con los formatos seriales terminó por naturalizarse en nuestra cabeza a partir del ingreso de nuevas formas de consumo (como el VOD: video on demand, como los formatos vía streaming, etc). Y esto habilitó a que nuestra experiencia como espectadores cambiara drásticamente, acaso convirtiéndonos en animales más tolerables de esos formatos extensos. De a poco pasamos de ser velocistas que no toleraban películas de mas de 2hs a consumir series que tienden a manejar promedios totales de entre 8 y 13hs de material completo.

Toda esta larga cháchara viene al caso porque a la hora de pensar Ozark S03 es indispensable integrar todo el proceso de las temporadas anteriores. Porque esa ingeniería invisible parece menos producto de una gran especulación en el proceso de avance (como la genial pero también fallida LOST en donde todo era un gran Pay Forward, es decir, una gran promesa y postergación como estrategia narrativa) que una arquitectura minuciosa de la destrucción.

Pero permítanme otra digresión (un poco mas breve, prometo). A mi me gusta mucho un escritor argentino absolutamente formidable (y menospreciado por la academia: bien por eso) como es Daniel Guebel. Este hombre no solo es una de las grandes mentes literarias que tenemos (y que no cuidamos, porque estamos demasiado preocupados en quien arregló contratos con tal editorial o si Anagrama ya puso dinero por adelantado para el próximo ganador del premio Herralde, pero no importa, no viene al caso el puterío de las letras locales y latinoamericanas) sino que, además de ser un autor brillante es divertidísimo. Bueno, a qué viene su mención? Guebel supo escribir dos novelas breves que bien pueden leerse como variaciones una de la otra. La primera (a la que voy a aludir, no su primer novela escrita, aclaro) es la notable El terrorista. La segunda es la maravillosa El perseguido. Ambas novelas son obras potentes, con un vigor impropio para la literatura argentina del café con leche (cito a Damián Tabarovsky) de finales de los 90s y primeros dosmiles, en donde podemos encontrar a las dos novelas de Guebel. Si esa literatura del café con leche era una literatura sin riesgos, sin saltos, deudora de cierto realismo dead-pan (un mal que no nos pudimos sacar de encima y que, por el contrario, se replicó en mini editoriales encargadas de publicar biografías suuuuuuuuuper interesantes sobre el autodescubrimiento sexual y los nuevos poetas y bla bla bla) lo de Guebel era velocidad, disfrute, aventura. De hecho ambas novelas pueden leerse como perfectas novelas de aventuras en código argentino. Pero también son novelas sobre el cambio irreversible. Ese cambio incluso también lo podemos ver en Galimberti, la biografía de ese personaje siniestro a la vez que apasionante (incluso siempre pensé que ambas novelas de Guebel siempre aludieron al rubio asesino, pero es una hipótesis incomprobable).

Ludmilita de mi corazón: vas varios párrafos hablando de cosas que no son Ozark S03, hermana.

La realidad es que cuando revisé todas las temporadas y seguí la continuidad hasta la tercera se me vinieron las novelas de Guebel a la cabeza (y la figura de Galimberti con sus mutaciones). No podía dejar de pensar que eso que Guebel supo construir en pocas páginas -al final de cuentas no es otra cosa que un cambio rotundo en la vida de una persona hasta convertirla en algo irreconocible en comparación con su origen- en Ozark se construía en cámara lenta, como si se tratara de un proceso lento, pero agobiante en su arquitectura trágica, como si todo el asunto de las tres temporadas fuera un gran efecto dominó inalterable. Por eso cuando esta tercer temporada llegó nada de lo que nos terminó por proponer resultó imprevisible. Quizás en eso radica la observación de la nota citada de Fede en torno a la segunda temporada: Ozark comenzó esquiva y sostenida sobre la sorpresa de una trama imprevisible, prosiguió acaso algo más clásica y fundamentada sobre sus personajes. Y esta tercera temporada no haga sino demostrar que siempre se trató de una gran estructura de la caída y la degradación. Pero ojo, no hablamos de la degradación moral, sino de la degradación como una expresión de ese pathos trágico (a la vez que contenido y silencioso) que inunda todo, como si en el fondo la serie lograra hacer el camino inverso: en vez de crear un universo y poblarlo de personajes para luego situarlos frente a situaciones puntuales hubiera hecho al revés: primero armar situaciones puntuales e imprevisibles, para luego comprender a los personajes que llevan a cabo las acciones que desequilibran esas situaciones pero en el fondo, finalmente, comprender un mundo, un universo en el cual nadie puede elegir ni escapar, porque ese efecto dominó se vuelve indetenlble.

Ese efecto cascada es irremediable en tanto se comprende la progresión lógica de todas las temporadas previas. Si, ya sé, me van a decir que soy una boluda porque esto debería poder aplicarse a otros casos y a otras series con esa misma ingeniería. Pero a decir verdad no se me ocurren tantos casos en los que la construcción de un mundo interior parta de la elisión informativa (Ozark S01), para pasar a la expansión psicológica que contradiga lo hecho previamente (Ozark S02) y luego coronar con una tragedia en ralenti que, contraria a padecer el proceso, parece amoldarnos a la ingeniería destructiva de ese mal en donde incluso gente integra se entrega a la miseria más intolerable (Ozark S03). Es curioso, pero todo lo que vemos en la tercera temporada nos deja a muy pocos (sino directamente ninguno) personajes defendibles, queribles. Y sin embargo esa caída irrefrenable que los lleva a convertirse en cosas espantosas (cuantas veces hemos escuchado en nuestra vida a gente diciéndonos: «no sé cómo llegué a hacer lo que hice»?) es precisamente el componente humanista más sorprendente de Ozark S03. En su efecto dominó poco importa si reconocemos actos deleznables. Es una ficción y punto. En todo caso nos reconocemos a nosotros mismos mirándonos al pasado y diciendo: Y cómo fue que llegamos acá?

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