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Tiempo de lectura: 3 minutosPandemia

Gabriel Santiago Suede

Pandemia (Pandemic: How to Prevent an Outbreak)
EE.UU., 2020, 6 episodios de 50′
Creada por Doug Shultz

El método científico

Por Gabriel Santiago Suede

En la interminable sucesión de lugares comunes a la que nos lanzó esta pandemia una de las peores cosas fue lidiar con el narcisismo de los iluminados que narran su confinamiento, los oportunistas que buscan aprovecharse el momentum para hablar sobre películas o series pandémicas desde la comodidad del hogar. O peor: lidiar con los «está todo bien, tomátelo con tranquilidad». Cuando me bajé esta serie de 6 capítulos de un tirón imaginé que Netflix iba por alguna de las primeras opciones como para sustentar esa falsa tranquilidad clasista de la frase anterior. Pero no. Afortunadamente el centro duro de esta serie -que fue pensada previa a todo el quilombo que nos está cagando la existencia- pasa por otro lado. Porque el centro duro de Pandemia no es una enfermadad. No es un caso ni varios casos específicos, sino que su centro gravitatorio está en el método científico.

Sostenida en torno a una serie de héroes anónimos (infectólogos, médicos, investigadores de diversas áreas de la medicina, biólogos), si hay algo en la serie que pueda a parecerse a un villano es la representante figurativa del mundo de los anti vacunas, una madre hippie que postula un mundo de conspiranoias con cara concreta en donde las vacunas solo serían una estrategia de control y limitación de las libertades. En esa dirección de cosas, quizás es donde podemos detectar que Pandemia se equivoca: la asimetría es evidente. Sabemos desde qué lugar se posiciona la serie. No hay equidistancia posible con esas personas que atentan contra el método científico. Pero son presentadas como el contrapunto perfecto de los representantes de la ciencia, que en realidad son menos una abstracción que una manifestación concreta de que siempre detrás de una institución también hay (fundamentalmente) personas. Por eso el logro de la serie es darle cara y entidad, carne y empatía a esos héroes.

Hay en ese heroísmo cotidiano, obsesionado menos con una versión ideal y más con la posibilidad de resolver cosas que afectan la vida de cada día, un punto de contacto con los padres-protagonistas de la menospreciada Un milagro para Lorenzo (George Miller, 1992), película que ponía en el centro a dos padres que, frente a las negativas de lo peor de las instituciones (bajar los brazos frente a un problema difícil como resolver la respuesta a un problema de esclerosis múltiple en un niño paralizado y camino a la muerte segura) buscaba por sus propios medios el desarrollo de herramientas para resolver el problema a enfrentar. Esa decisión de hacerse del método científico y utilizar los recursos para encontrar las respuestas no solo convertía a la película en una lección de épica a escala micro, sino que reformulaba la representación del concepto: la épica no implicaba una batalla contra un enemigo gigantesco e indestructible sino que suponía la incorporación de lo imposible como enemigo a a vida cotidiana.

No voy a hablar de la obra de Miller y de sus personajes con pequeñas grandes épicas, lo que si puedo decir es que si algo logra Pandemia es que no veamos a ninguno de los médicos o científicos como simples médicos o científicos, sino como héroes invisibles en torno a batallas que no se ven, pero que se van a librar. Desde este costado es inevitable pensar a la serie como un material admonitorio, que indica que esas mentes no son brillantes, sino que sencillamente decidieron poner el ojo y observar aquello que las instituciones científicas habían pasado por alto y que quizás con la manifestación temprana se revele como una amenaza que pudo haberse previsto de haber existido los oídos adecuados.

En tiempos en los que se escuchan, leen, pontifican miradas sanitaristas. En tiempos en los que la perspectiva establece falsas antinomias (la famosa economía vs salud, cuando en realidad van conjuntamente: recomiendo leer este artículo). En tiempos en donde los discursos unánimes, en donde las disidencias son cada vez mas sancionadas o al menos son pasibles de sanción, es en donde el método científico, en donde la capacidad de analizar, contrastar y establecer hipótesis tiene menos peso que los discursos sentenciosos de los salvadores o los mesías políticos, ahí, es en donde esta serie pequeña y aparentemente fuera de su tiempo (cuando fue realizada) se convierte en una serie política, actual y, por qué no, una pequeña muestra del terror por venir si nos abandonamos al fanatismo.

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