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Tiempo de lectura: 3 minutosPintando con John

Por Federico Karstulovich

Painting With John
EE.UU., 2021, 6 episodios de 23′
Creada por John Lurie
Con John Lurie

Un amigo viene de visita

Tengo que decir que di con los 6 emocionantes episodios de la serie de John Lurie allá por finales de enero de 2021, en plena multuplicación de tareas, tensiones por entregas de trabajos y una variedad de estrés que me agobiaba. Recuerdo que un sábado, luego de que mi novia fuese a visitar a su famila durante el día mientras yo me dedicaba a trabajar intensamente con actividades impostergables, me agarró un cansancio fulminante y me puse a buscar qué podía ver para despejar mi cabeza. La serie de Lurie apareció entre varias cosas. Y mientras me ponía a cocinar algo decidí ver de corrido sus seis breves episodios (entre todos se junta la duración de un largometraje promedio al día de hoy, asi que tampoco era larga). Para cuando terminé de cocinar y de comer teniendo a Lurie de compañía, mientas esperaba que mi novia volviera, ya nos habíamos vueltos amigos entrañables con este músico al que Jim Jarmusch permitió dar el salto al cine.

Un par de meses después HBO decidió violver a darle una oportunidad. Asi que volví a verla, como quien se encuentra con un viejo amigo. Si bien en su momento no le di mucha importancia a Pescando con John, serie emitida por Film & Arts durante la década del 90, con el tiempo di con aquella serie en donde el músico (y actor) se disponía a perder el tiempo con amigos como Jim Jarmusch, Matt Dillon, Tom Waits, Willem Dafoe y Dennis Hopper, en un botecito, mientras hablaban de pavadas, de la obra de alguno de ellos o simplemente se dedicaban a perder el tiempo con estilo pero con la excusa de hablar de arte y sus adyacencias. Pero en este caso lo de Lurie es distinto. Ya no se trata de una figura reconocible para una generación de jóvenes (como éramos en los 90s o a los principios de los 2000’s) sino lisa y llanamente de un señor de casi setenta pirulos que posiblemente no interpele demasiado a las generaciones de nacidos post internet (de 1996 para acá). La pregunta que se impone es otra: a quién le habla Lurie con su serie? A la generación de los cuarentones, cincuentones o más? Puede parecerlo, pero no necesariamente…

Pintando con John parte de un recorrido acaso más solitario. Ya no se trata de un encuentro entre amigos, sino que es un reconocimiento del remanso personal…donde los amigos somos nosotros, sus espectadores y escuchas. Esto se debe al autoaislamiento de Lurie, quien fuera diagnosticado con la Enfermedad de Lyme, motivo que lo llevó a dejar de lado casi la totalidad de sus actividades previas, en particular la de la música. La particularidad de ese autoaislamiento es que esto lo ha llevado a vivir a una isla remota en pleno caribe. Pero frente a ese conflicto personal Lurie no elige la autoflagelación ni el regodeo en la miseria, sino el encuentro personal con las propias ideas sobre el presente, sobre el pasado, sobre su propia obra y varias cuestiones más…pero siempre a través de la pintura. En ese punto las acuarelas extraordinarias que lleva adelante no son un elemento más, sino que componen el centro del aprendizaje del episodio. No, no se asusten: no existe la menor tentativa de convertir a los episodios en mensajería new age. Por el contrario, lo que prevalece en ese recorrido visual por las acuarelas es un retorno a los orígenes de la experimentacion infantil con los elementos, como si el mismo Lurie nos narrara conmovido como ese estilo naif terminó por darle un horizonte a su vida cotidiana.

El recorrido que plantea la serie gana en empatía, precisamente, cuando profundiza el componente pictórico. Lurie, con muy poco, convierte ak registro de la pintura en un proceso de descubrimiento de otro ritmo vital. Y en alguna medida logra contagiarnos, porque ingresamos al terreno de los episodios sin que nos importen demasiado los gags distractivos (el del drone o las charlas con las empleadas en su rol de hombre demandante de atención resultan un poco triviales) porque esperamos que llegue el momento en el que este amigo monologa, se piensa a si mismo y de alguna manera nos repiensa a nosotros como espectadores, ya que su producción pictórica excede la necesidad de conocer la obra previa. En esa reinvención cotidiana es en donde nos sentimos amigos de Lurie. Ojalá vuelva a visitarnos.


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