Total_Rickall

Tiempo de lectura: 6 minutosRick and Morty

Ignacio Balbuena

Rick and Morty
EE.UU., 2013-2015-2017 (tres temporadas), 10 capítulos de 23′ c/u
Creada por Dan Harmon  y  Justin Roiland
Con voces de 
Dan Harmon, Justin Roiland, Tom Kauffman, Eric Acosta, Wade Randolph, Ryan Ridley, Mike McMahan

No pienses en eso

Por Ignacio Balbuena

En el piloto de la serie, Rick y Morty están escapando de las fuerzas de seguridad de una aduana intergaláctica y se van chocando con una serie de alienígenas. Aparece un alien gordo fumando una suerte de pipa y exhala el humo justo cuando pasa Morty corriendo. Morty lo aspira, y cuando despide el vapor, regurgita un alien bebé que empieza a correr a su lado. En pocos segundos, el alien crece, envejece y muere angustiado y sofocado. Morty observa la situación con horror pero Rick le grita ‘no pienses en eso!’, mientras lo arrastra para seguir corriendo. Es un gag que dura apenas unos segundos, pero es bastante significativo y en varios sentidos, resume la filosofía de la serie. ‘No pienses en eso!’ es la única respuesta posible para sobrevivir en un mundo en el que se manifiestan como reales todos los escenarios de la ciencia ficción, desde space operas delirantes a horrores cósmicos lovecraftianos. Rick le vuelve a decir esto a Morty en el episodio 6 de la primera temporada, el primer gran punto alto de la serie. Hasta ese momento, Rick & Morty se mostraba cómo una comedia extraordinaria pero también de algún modo convencional: una familia disfuncional en un contexto de tropos y referencias pop, un escenario familiar para las series de animación para adultos. Pero en el episodio 6 la serie pega un giro y empieza a mostrar un matiz existencialista muy fuerte, a la vez que demuestra una ambición en la construcción de un mundo consistente, con una continuidad dada no por una trama o arco argumental que atraviesa los episodios sino por la evolución de los personajes. En ese capítulo, Morty le pide a Rick una poción de amor para enamorar a Jessica, la chica del colegio que le gusta. Algo sale mal, y como quien no quiere la cosa, toda la humanidad termina convertida en criaturas monstruosas (‘Cronenbergs’). La solución de Rick? Abandonar ese universo y mudarse a una realidad alternativa en la que todo sea perfectamente normal pero además Rick y Morty ya no existan más. Los Rick y Morty de esa realidad mueren en un accidente, y en ese preciso momento entran los RyM originales, dispuestos a ocupar a su lugar como si no hubiera pasado nada. O por lo menos Rick entra con ese plan. Morty se desespera y entra en pánico cuando ve su propio cadáver. Desesperado, pregunta: ‘Que pasó con la realidad que dejamos atrás?!’. Rick contesta: ‘No pienses en eso’. Bueno, primero le contesta ‘Que pasó con la realidad en la que Hitler curó al cáncer?’, en rigor, pero después le dice que no piense en eso. Y Rick efectivamente, no lo piensa. Es un hombre satisfecho con la idea de un multiverso infinito en el que nada tiene consecuencias reales. Alterar el orden cósmico del universo es irrelevante, porque hay infinitos universos y naturalmente, su familia, sus opiniones, sus vidas triviales, todo es irrelevante. Rick agarra una birra de la heladera y sigue como si nada. Morty, por otro lado, termina el capítulo mirando el vacío, como si hubiera visto un fantasma. Cómo contar historias con impacto emocional en un mundo donde absolutamente todo es posible y donde también nada tiene consecuencias de peso, donde todo ya pasó o va a pasar en alguna línea de tiempo alternativa? La idea de que hay incluso infinitas versiones de los protagonistas podría ser a la vez una salida fácil y una encrucijada para los guionistas, pero esta primera visita a la idea del multiverso, un concepto central en el universo ficcional de RyM, es clave. Hay infinitas versiones de Rick y Morty, pero en la serie que vemos, nos interesa seguir sólo a dos. Luego de este capítulo, confirmamos que Rick es (en apariencia al menos y hasta aquí) un cínico con poco interés en los vínculos familiares, y que Morty, su familia y los mundos que dejan atrás, serán los que sufren las consecuencias de sus aventuras.

El resto de la temporada explora varios aspectos de la dinámica familiar a través de escenarios de ciencia ficción. En un capítulo, Morty se enfrenta con las vicisitudes de la paternidad criando a un alienígena. En otro, Beth y Jerry, un hombre patético y miserable que contrasta con la personalidad Alpha de Rick, reafirman su amor después de ver fracasar otras versiones de la pareja a través de unos lentes de realidad virtual que les permite observar el multiverso. Parece un planteo sencillo, usar las herramientas narrativas, el lenguaje y los tropos de un género para contar historias y relaciones entre personajes. Pero la ciencia ficción tiene un nivel de imaginación y de densidad de ideas por minuto altísimo, el humor tiene un rango dinámico que va desde el humor más bajo y escatológico (‘lamé mis bolas!’, grita Rick mientras le hace fuck you al espectador en uno de los episodios) a gags basados en hard sci-fi existencialista puro y duro, y el impacto emocional logra ser mayor que el de muchas series dramáticas. Como la otra gran serie animada para adultos de nuestra época, Bojack Horseman, RyM es un estudio de la psique de un hombre quebrado. El sci-fi bigger than life que caracteriza la serie es asombroso, sí, y los guionistas de la serie manejan la cultura pop con erudición enciclopédica y espíritu juguetón, pero lo central en RyM son los personajes. A medida que la serie avanza, el matrimonio de Beth y Jerry se deteriora, Morty empieza a estar más curtido producto de su experiencia junto a su abuelo, Summer se aliena cada vez más, y Rick muestra algún que otro signo de emoción y vulnerabilidad. Como mucha gente que tiene problemas de abuso de sustancias, vive en negación y tiene un comportamiento errático, pero en el fondo Rick es tan o más humano que cualquiera de los personajes, y vive su inteligencia extrema como un don y una maldición a la vez.

El capítulo 3 de la segunda temporada es absolutamente devastador. Luego de encontrarse con una ex-novia (una alienígena que toma control de otros seres a la manera de los aliens de La invasión de los ladrones de cuerpos) que eventualmente lo abandona, Rick termina el capítulo al borde del suicidio. Sólo se salva porque se desmaya por haber bebido, con la cabeza a centímetros de un rayo de la muerte construido por él mismo. Se duerme en el garage, el plano se abre, y un timelapse breve muestra como pasa toda la noche y empieza el día siguiente. Nadie va a ver como está, entra Jerry a cuadro cortando el pasto y termina el capítulo. Es otro de los grandes momentos de la serie, que muestra verdaderamente el estado en crisis del personaje. En otro capítulo, Bird Person, el mejor amigo de Rick, explica que su catchphrase típica ‘wubba lubba dub dub’’ quiere decir ‘Por favor ayúdenme, sufro un gran dolor’. RyM es una serie que encuentra momentos de gran impacto emocional en medio del absurdo. Además hay escenas de acción que son lo mejor que dio el género en la última década, que superan incluso en imaginación y recursos visuales a todo lo visto en tv live action y el cine últimamente.

Consideremos por ejemplo, el comienzo de la última temporada. Después de entregarse al gobierno federal, Rick termina la segunda temporada preso, en un cliffhanger que lo muestra atrapado sin salida y habiendo abandonado a su familia. El capítulo muestra, sin embargo, que todo era parte de un plan maestro para derrumbar un gobierno intergaláctico, destruir la Ciudadela de Ricks (un gobierno de Ricks y Mortys de diversas realidades unidos en comunidad), salvar a su familia y salir triunfante como siempre. La acción es violenta y vertiginosa, con cosas ocurriendo a lo largo y ancho del cuadro en cuestión de segundos, con Rick planificando como una especie de Jason Bourne cocainómano.

Además, como la serie no depende en realidad de un desarrollo argumental con ritmos ‘normales’, todo el status quo a una serie convencional le llevaría una temporada entera o más alterar, RyM lo desarma en apenas veinte minutos. Pero hacia dónde puede avanzar una serie en la que el protagonista es prácticamente un dios, un genio infalible al que le sale todo bien? ‘Si pensás que está muerto, está vivo, si pensás que estás a salvo, está viniendo por vos’, le dice Morty a uno de los Ricks del Consejo de Ricks, justo antes de que mueran todos masacrados. Rick parece ser un personaje invulnerable, incluso en el capítulo-meme ‘Pickle Rick’, Rick sobrevive a una transformación literal en pepino y termina disparándole rayos láser a la mafia rusa como si nada. Pero los guionistas saben que la serie tiene sus límites en ese aspecto y que es imposible sostener una serie sólo a base de secuencias de acción alucinantes y un personaje omnipotente. Es mucho más interesante el conflicto y la angustia, el pathos del personaje que observamos en los puntos más altos de las temporadas anteriores. Por eso la última temporada es a la vez una exploración más profunda de la crisis familiar (divorcio, alienación de los hijos, el patetismo de Jerry, la relación de Beth y Rick y la posibilidad de que ella sea un clon) y un borrón y cuenta nueva.

Era necesario mezclar y volver a repartir, so pena de caer en el cinismo y la apatía total, o peor, de permanecer en el guiño al espectador. En una serie con el grado de autoconciencia de RyM, era fundamental que los guionistas buscaran la vuelta por el lado del humanismo y no por seguir deconstruyendo formal y argumentalmente. Acaso el mejor ejemplo de las posibilidades narrativas de RyM esté en el séptimo episodio de la tercera temporada, ‘The Ricklantis Mixup’, un capítulo que de alguna forma es stand alone y autoconclusivo pero a la vez inseparable de la continuidad de la serie. En este capítulo, la combinación entre la propia mitología de RyM, algunos géneros conocidos y referencias reconocibles (el policial, el thriller político, el coming of age) y la resonancia emocional justa alcanzan su cénit. Y lo mejor de la temporada es que ni siquiera se retomó toda esa cuestión impresionante pero al fin y al cabo medio tribunera del Morty Malvado, que aparece en ese capítulo: La temporada concluye con un final medio offbeat, centrado, como siempre, en la familia, y en la duda de si verdaderamente Rick está camino a ser una mejor persona, un mejor padre, y una persona capaz de sostener un vínculo que no sea tóxico.

 

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