Safe
Reino Unido, 2018, 8 episodios de 60′
Creada por Harlan Coben
Con Michael C. Hall, Amanda Abbington, Hannah Arterton, Louis Greatorex, Raj Paul, Chook Sibtain, Hero Fiennes-Tiffin, Freddie Thorp, Tyler Conti, Katy Carmichael, Darren Kemp, Joshua Akehurst, Paddy C. Courtney, Oli Meredith, Joshua Riley, Isabelle Allen, Audrey Fleurot, Imogen Gurney, Amy James-Kelly, Nigel Lindsay, Laila Rouass, Emmett J Scanlan, Marc Warren, Hannah Maddox, Joseph Palmer

Si la cosa funciona

Por Diego Kohan

En su vidriera, Netflix ofrece decenas de series policiales, oscilando entre la acción y el género más detectivesco, como así entre productos más logrados y muy berretas, más parecidos al primer intento de un inexperto siguiendo una receta de cocina que al de un cocinero consagrado. Safe es un policial clásico adornado, como el dibujo sencillo al que se le agregan detalles; no es una serie especialmente innovadora en sus recursos o por de más ingeniosa. De hecho, tampoco tiene personajes carismáticos (característica central del formato televisivo) o actuaciones sobresalientes. Pero funciona. ¿Por qué decimos que funciona? Intentaremos fundamentarlo.

Safe plantea no 1 sino 2 incógnitas: quién asesinó a Chris Chahal y dónde está Jenny Delaney, adolescentes, pareja entre sí. Ambos interrogantes se originan en una fiesta organizada en una casona de un barrio privado donde conviven prácticamente todos los personajes. La cuestión espacial no es una excepción aquí sino que es una pieza más dentro de estas variaciones que presenta SAFE sobre los rasgos clásicos, como una firma o “simetría” que repite y presenta en muchos (o todos) los aspectos del cuento clásico policial.

Este espacio físico –el barrio privado- funciona como metáfora-homenaje-adaptación del cliché del crimen en la mansión, así como los vecinos hacen lo propio para con los empleados y visitantes de la misma. Las variaciones siguen: por ejemplo, la búsqueda no se  sitúa en el ambiente cerrado (característica teatral, principalmente) como en el de la citada mansión sino que el ejercicio detectivesco transcurre en igual medida dentro y fuera de los límites del “country”; muchas veces, en persecuciones laberínticas. Este contraste entre ambos hábitat tienen su correlación con el uso (a veces injustificado) de los primeros planos  cerrados a las caras de los personajes, en general poco iluminados, aunque sea un bello día. Lo abierto y lo cerrado.

Otra diferencia –más común- es que aquí el detective es amateur, circunstancial, el padre de la chica desaparecida, el cirujano Tom Delaney. Interpretado por Michael C. Hall (Dexter) de forma, al menos, regular. Sin ser fallida, los recursos del actor son más bien acotados, reiterados y poco sensibles.

Como decíamos, esta serie toma elementos clásicos y los adorna, les agrega detalles, y lo hace a lo largo y ancho de todos los aspectos del policial. A la hora de presentar a los personajes (todos vecinos, todos sospechosos) vemos figuras que en principios son chatas pero pronto comienzan a dejar dudas, hay una elaboración de estos, les adhiere historias, datos, heridas, un pasado. Como se enseña en cualquier curso básico de guión. Sin embargo –y por cosas como estas es que no la referenciamos como una gran serie- la mayoría de estas dotaciones, así como las historias secundarias (el ángulo de la policía joven o el pasado militar del protagonista) son absolutamente intrascendentes y disociadas de la resolución de los conflictos primarios. Más simple: sobran. Cabe decir que algunas pocas de estas develaciones no solo están muy bien sino que son fundamentales para el desarrollo de las investigaciones. (El chico asesinado y la chica desaparecida).

Es bien sabido que uno de los recursos más comunes del género –sobre todo cuando es en formato de serie- es la caza de pistas falsas o las constantes primeras impresiones erráticas. Agrego: tanto o más frecuente es que en las series (sobre todo las producidas por Netflix) esto se haga sin mayor elaboración, resultando obvias o inverosímiles, por eso se disfruta, y hay que destacar, cuando este ejercicio clásico es puesto en escena de forma más bien lograda, como en los casos de las excepcionales The Killing, Homeland y Sherlock o en la menos perfecta pero aún positiva SAFE. Quizás el dato mejor construido en cuanto pista oracular oculta lo da un personaje secundario durante una charla sobre una tragedia irresoluta ocurrida hace décadas: dice que todos pensaban que el enemigo estaba afuera, pero en realidad estaba adentro. Este mismo enunciado funciona tanto para aquel crimen como para los dos actuales y centrales de la serie. (En este caso, creemos, no se trata de la utilización del mitologema de lo doble sino sólo una modificación al misterio único clásico). Además de su carácter virtuoso, esta pista doble (acá sí hay un clara duplicidad) será imprescindible para lo que sigue: el descubrimiento del vínculo entre el delito pasado y los presentes. Este elemento (el incendio de un colegio) es comentado al pasar en el primer episodio.

Como dijimos, la introducción de este nuevo misterio (el incendio, que ahora sabemos que su estado es irresoluto y que determinó la muerte de varios nenes) será clave para lo que sigue. Por caso, siguiendo con lo que llamamos firma o simetría, nos topamos con otro aspecto positivo de Safe: los crímenes, sus investigaciones y sus resoluciones afectan a toda la comunidad (es decir, hasta a los personajes secundarios) y en el último episodio nadie está en la misma situación que en el primero. Este policial logra funcionar en su aspecto más clásico como así también en un plano más simbólico, al presentar un aspecto trágico (un pecado originario, si se quiere) que pesaba de forma invisible desde hacía tanto tiempo. Meritos destacables lo bien enlazados que están entre sí dichos planos, así como también el hecho de nunca desviarse del género policial, incluso presentando un planteo coral a la par del individual: qué hace la vecindad (también, “sociedad”, claro) con eso que pasó, como si la búsqueda personal del protagonista transformara el cliché de la mansión en una ficción espejada a uno de los tópicos más comunes de John Carpenter: “la cosa” esta vez no está afuera ni acorrala sino que se expande desde el centro hacia afuera, como una explosión o una fuerza centrífuga; esa entidad (que aquí no está representada por algo en particular) ya es tan parte suya (¿nuestra?) que no se la reconoce hasta ser demasiado tarde y dejar en evidencia tanto la superficialidad de los vínculos entre vecinos como la imposibilidad de pensar el presente olvidando el pasado.

Aún con tantos méritos e ideas sólidas, Safe no es perfecta, y una muestra de ello son las resoluciones tan previsibles e inverosímiles de sus dos crímenes iníciales. De todos modos, esto es anecdótico y no logra opacar la serie, una de las pocas que no se cae con el correr de los episodios sino que, como en los clásicos policiales, aumenta en tensión e interés.

Comentarios