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Tiempo de lectura: 4 minutosSúbete a mi moto

Por Luciano Salgado

México, 2020, 15 episodios de 50′
Creada por Mary Black-Suarez & Sergio Jablon
Con Josette Vidal, Yamil Urena, Braulio Castillo, Marisol Calero, Sian Chiong, Edgar Cuevas, Azul Guaita Bracamontes, Elaine Haro, Juan Carlos Liendo, Claudette Mallé, Luz Ramos, Rocío Verdejo, Ricardo Alvarez, Maricarmen Avilés, Mariangelie Vélez, Hussam Núñez, Linette Torres, Samuel Andaluz, Rossana de León, Jimena Bilsup

Softxplotation

Creo que todos los que rondamos los cuarenta (o que los excedemos) comenzamos a fantasear con el morbo de las series sobre personalidades famosas de nuestra infancia: desde Olmedo y Porcel a Susana Gimenez y Moria Casán. Desde Monzón y Maradona hasta el clan Puccio. Pero claro, el sentimiento de recuperación desmitificada respecto de la experiencia de los 80s bien puede hacerse extensiva hacia otras latitudes. Acaso nadie fantasea con la serie sobre el detrás de escena y la tragedia de Nubeluz ? (estimados millenials/centenials: deberán googlear buena parte de los nombres aludidos, lo siento.) Nadie fantaseaba con la serie sobre Luis Miguel, sobre ciertas bandas de Rock Latinoamericano? Bueno: hace un par de años apenas tuvimos el gusto (sorpresivo, no lo voy a negar) de disfrutar la gran serie sobre Luis Miguel (cuyo excelente diálogo pueden leer en este link). Luego vino el documental sobre el grupo Parchís. Imagínense qué pudo haber pasado por el cerebro de varios cuando nos enteramos que íbamos a conocer la serie sobre Menudo. Bueno, ese momento llegó. Ahora bien: Súbete a mi moto es la serie sobre el morbo que esperábamos ver? Quizás no, con todo lo bueno y lo malo que esto implica.

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Menudo, para quienes no lo saben/sabían, supo ser una boy band latinoamericana (con origen preponderante de sus integrantes en Puerto Rico), cultora de eso que se dio en llamar pop adolescente (o bublegum pop) que inventó una estructura de trabajo exitosa y longeva: construir a lo largo de tres décadas una asombrosa rotación de casi 40 integrantes, que bajo un estricto contrato cumplían con plazos en la banda y luego eran reemplazados por participantes nuevos (en general los integrantes oscilaban entre los 12/15 años de edad, lo que daba una identidad en las voces). Esto permitía que el grupo nunca se amesetara acostumbrando a sus seguidores. Pero al mismo tiempo habilitaba a una idea todavía mas novedosa: no se seguía a cierto grupo de cantantes fijos, sino a un concepto. Esta idea permitió que, aún con oscilaciones, la banda nunca quedara entregada a los típicos casos de apogeo/caída que los biopics tienden a representar. En ese aspecto radica uno de los componentes novedosos de Súbete a mi moto: tal cual y como lo indica la voz over que presenta el teaser de la serie, “las cosas malas fueron muchas menos que las buenas (y las buenas fueron épicas)”. La pregunta, entonces es otra: estamos frente a uno de esos presuntos casos de explotation y morbo? No, justamente porque la estrategia del tono que elige la serie para narrar es deliberadamente naif (por no decir por momentos infantil), lo que hace preguntarse hacia quién está dirigida. Si no es una serie de denuncia sobre la explotación y maltrato infantil, qué es?

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Súbete a mi moto, a su vez, construye una narrativa que, como si hace el explotation, juega con la expectativa de la caída, del dato oculto, de la revelación del mito. Lo hace todo el tiempo (no quizás con las armas mas inteligentes: la estructura de disociación temporal entre líneas que narran un conflicto madre-hija alrededor de Menudo a su vez que otra gran línea que narra el pasado de la banda narrado en primera persona por su creador Edgardo Díaz, quien incluso interpela a cámara cuantas veces puede, buscando la complicidad), pero los resultados son previsibles: se nos amenaza con narrar la debacle de la banda, pero eso nunca sucede; se nos amenaza con narrar un hecho oscuro que parece estar asociado a una violación, pero eso tampoco es así; se nos amenaza con contar una historia oscura sobre explotación infantil pero ese aspecto apenas si está trabajado lateralmente, sin hacer particular énfasis; se nos amenaza con narrar hechos que bordean la pedofilia, pero nada de eso se determina y queda en el olvido. Se agradece esa serie de decisiones? En parte si, porque, amén de que hubieran sucedido, poner el eje sobre esos hechos no hubiera permitido a la serie enfocarse en otros aspectos, como sus personajes. Puede enojar a los conocedores de la historia real (que en efecto parece incluir abusos de distinta clase)? Si, claro que si.

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Qué entonces Súbete a mi moto? Es un explotation soft, que amenaza con el morbo pero que gracias a cuidar a sus personajes (desde la mencionada perspectiva naif que dije previamente) termina resultando mas amable de lo que uno hubiera imaginado. No, claramente no se trata de un culebrón familiar como sí sucedía con la serie sobre Luis Miguel. Apenas si narra la historia de un grupo de personas creciendo a lo largo del tiempo, dejando de lado sus vidas personales, obsesionados con crear un perfecto producto popular (no perfecto por su calidad musical, que dista de serlo, sino por las capacidades de generar un producto adictivo que supo extenderse por casi dos generaciones, algo no menor y con pocos parangones en la historia de la música popular en la historia). En ese recorrido imposible y artificial, extrañamente, la serie se vuelve adictiva. Y no porque sea perfecta. Ni siquiera es particularmente buena en su calidad. En todo caso hay una bondad de otra clase que emerge de cada uno de sus extensos 15 episodios: se trata de un cuento de hadas sobre gente especuladora pero que es presentada como un conjunto de personas con las mejores intenciones que, con el tiempo, se fue alejando. Esa idea hace que, pese a que nos engañen episodio a episodio, querremos seguir sabiendo qué le pasó a ese grupo y cómo llegó a la hazaña de la supervivencia durante tres décadas (primero como Menudo, en los últimos años, luego de un cambio de titularidades de marca con los nuevos dueños, con el nombre de MDO), logra que nos queramos quedar.

Nos engañan, nos mienten la historia, nos aferran al mito (que siempre es público), nos prometen cosas que no cumplen del todo, nos ofrecen un morbo que nunca llega. Pero curiosamente nos quedamos porque, aunque se trate de una familia artificiosa, decidimos vivir en esa fantasía. El pasado es así: siempre es mas lindo en la memoria que en los hechos.

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