The Outsider 
EE.UU., 2020, 10 episodios de 55′
Creada por Richard Price
Con Ben Mendelsohn,  Cynthia Erivo,  Jason Bateman,  Bill Camp,  Mare Winningham, Paddy Considine,  Julianne Nicholson,  Yul Vazquez,  Jeremy Bobb,  Marc Menchaca, Frank Deal,  Dayna Beilenson,  Hettienne Park,  Michael Esper,  Claire Bronson, Michael H. Cole,  Marc Fajardo,  Margo Moorer,  Scarlett Blum,  Sir Brodie, Mike Whaley,  Steve Witting,  Oscar Torres,  Athena Akers,  Guilherme Apollonio, Quinn Bozza,  Matthew Carter,  Derek Cecil,  Regina Ting Chen,  Dani Deetté, Mike Dunston,  José Alfredo Fernandez,  Philip Fornah,  Andrea Frankle, Susan Gallagher,  Jason Graham,  Prince Hammond,  Rajeev Jacob,  DJames Jones, Shannon Mayers,  William Mark McCullough,  Tyler Merritt,  Frances Mitchell, Jaxon Rose Moore,  Jennifer Christa Palmer,  Jennifer Patino,  Mason Pike,  Swift Rice, Derek Russo,  John Gettier,  Summer Fontana

Falopa

Por Federico Karstulovich

Un rasgo habitual de cierta contemporaneidad necesitada de historia es la demanda de hitos. El hito proporciona pertenencia, sensación de historia compartida, por lo tanto, la inexplicable portabilidad del carnet de persona. Como si la ausencia de historia con mayúscula nos diera una carta de ciudadanía menor. Quizás del 2001 a la fecha pocos hayan sido los hechos trascendentales. O al menos algo de esa ausente experiencia puede llegar a experimentar la generación que hoy ronda los 20. Curiosamente algo similar ocurre con los “eventos” audiovisuales. El evento es algo más que una “película”. Es un hecho que construye comunidad y por eso, frente a el abandono masivo de los cines, cuando se produce un evento audiovisual, ya sea televisivo como cinematográfico, lo que prima es la simultaneidad, la sensación de estar siguiendo al mismo tiempo los mismos acontecimientos (si, como aquellos que vieron por tele la caída del muro de Berlín, como aquellos que vieron -vimos, Federico, no la pendejees- la caída de las torres gemelas). Por eso cuando se acaban las grandes narrativas televisivas creadoras de comunidad (Game of thrones, The Walking dead) o las grandes narrativas-sagas cinematográficas (la saga de películas de Marvel sin ir más lejos, pero también puede aplicarse a Star Wars o incluso en menor nivel de comunidad a El señor de los anillos) se produce esta suerte de avidez, de desesperación por pertenecer a algo aunque sea por cortos plazos. Ya no hablamos de los 26 capítulos de LOST ni de los 13 de Breaking Bad. No hablamos de los 8 episodios de True Detective o los 8 episodios de Stranger Things. No. Hoy por hoy la pertenencia demanda, aunque sea, 5 episodios. Algo. Es como metadona para un adicto a la heroína. Por eso cuando una serie asoma, cuando una saga cinematográfica gana algo de espacio la reacción es casi inmediata: correr a pertenecer antes que correr a ver y escuchar. El punto es si hay algo para ofrecer del otro lado.

Con cinco episodios emitidos (de los 10 que completarán la temporada), The Outsider (promocionada como El visitante) tiene y no tiene lo que hay que tener. Perdón? Si, lo que hay que tener para ser uno de esos eventos audiovisuales. Por un lado tiene una premisa lo suficientemente atractiva como para generar un punto de anclaje necesario. Al mismo tiempo no tiene eso que muchos otros “eventos” supieron construir: una empatía necesaria con los personajes, una sensación de pertenencia a un tiempo específico narrado o una interlocución cultural (competencia lingüística) suficiente como para que eso que llamamos el público cautivo esté a la expectativa. Algo de todo esto es bueno y es malo. Lo bueno es que esa traición despeja en buena medida a los serie-goers que necesitados del evento generan un atractivo que gira mucho más en torno a la periferia de la serie que a la serie en si. Lo malo es que esa ausencia de evento también habilita a que la serie experimente con salidas imprecisas de ese mundo de demandas conocidas que todo género provee. Si True Detective supo jugar con lo sobrenatural para finalmente evadirlo y, en el fondo, no dejar de hablar de la oscuridad inherentemente humana; si Stranger Things se valió de lo sobrenatural para narrar relaciones entre personas, usando el fantástico como atajo, si Twin Peaks utilizó la base del policial para pulir una superficie en la que poder construir delirios que destruyeran el realismo paso a paso, en The Outsider la cosa muestra otra elección. Ahí está King para recordarnos que, como casi siempre en sus novelas, debajo de la America cotidiana siempre hay un componente inquietante que pugna por emerger, como si el gótico americano no hiciera más que narrarnos la misma historia de siempre: la tensión entre un mundo antiguo, monstruoso y oculto y un mundo actual, racional y cotidiano que, de tanto reprimirlo, lo ha olvidado. Lovecraft saqueado por todos los costados posibles, si.

The Outsider , al menos en su primera mitad, no solo no está mal, sino que tiene un tono sombrío y menor lo suficientemente adecuado como para no repetir los lugares comunes de algunas series canónicas sobre el tema y , además, recientes. Tanto trabajo se toma en no caer en los lugares comunes que todos los capítulos (en particular el 4 y el 5) terminan siendo anticlimáticos en su condición de enlaces entre el primer tercio inicial y el segundo, como si la serie no buscara acelerar procesos pero al mismo tiempo como si no fuera capaz de hacer otra cosa que avanzar de manera parsimoniosa. A su vez los primeros dos capítulos no tienen nada que envidiarle a ciertos climas de la mencionada -e inevitable referencia para esta- True Detective. Pero esa referencialidad muere en el tercer episodio, en el que las derivas sobrenaturales se van imponiendo sobre la lectura mas característicamente realista. Poco importa en este sentido si su creador Richard Price cuenta en su prontuario con el honor de haber escrito The Wire, Clockers, Mad Dog and Glory y The night of. La condición de ser una figurita importante no es garantía de nada. Ya lo sufrió en su momento Aaron Sorkin. El punto en torno a The Outsider es pensar un poco en esa tensión entre el mundo de King, el mundo de Price y al mismo tiempo las condiciones que ofrece el policial negro hoy por hoy en la televisión. El resultado entre esas tensiones deja a la vista una serie que puede hacer cualquier cosa menos generar una tentativa de comunidad o de evento. Por eso, quizás, la serie fue tan mal recibida en EE.UU. y seguramente tenga una mala acogida en su segunda mitad. Sencillamente porque hay algo en ella que por su condición de equidistancia perfecta no llegue a tocar ninguno de los bordes que la rodean pero que al mismo tiempo la atraviesan.

Hay un aspecto a tener en cuenta, entonces. Quizás The Outsider comience a derivar experimentalmente hacia otros caminos? No pareciera. Incluso me atrevería a decir que su componente más elocuente es el sobrenatural y que posiblemente se imponga la rama King de la tensión mencionada previamente. Asi las cosas no es un mal comienzo: preferible no contentar a nadie que buscar contentar a todos. Todavía faltan cinco episodios. Tratémoslos como lo que son. Y no como falopa.

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