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The Staircase

Por Ludmila Ferreri

EE.UU., 2022, 8 episodios de 65′
Creada por Antonio Campos 
Con Colin Firth, Toni Collette, Parker Posey, Sophie Turner, Juliette Binoche, Rosemarie Dewitt, Patrick Schwarzenegger, Michael Stuhlbarg, Dane DeHaan, Odessa Young, Olivia DeJonge, Vincent Vermignon, Tim Guinee, Kevin Sizemore, Justice Leak, Cory Scott Allen, Robert Crayton, Joel McKinnon Miller, Trini Alvarado, Cullen Moss, Daniela Lee, Teri Wyble, Susan Pourfar, Jason Davis, Frank Feys, Paul Vincent Freeman, Jean-Luc McMurtry, Erik J. Jensen, Jean Alexander, Maria Dizzia, James Healy Jr., Alex D. Jennings, William Gregory Lee

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El true crime ya no es lo que era. O por lo pronto se vuelve difícil pedirle cosas que sabemos que no va a brindarnos (verbigracia: originalidad). Pero volvemos como perro fiel con la cola entre las patas con la culpa de haber salido a husmear otro hueso. Volvemos al género que nos demanda, encontrando, en el mejor de los casos, atención a los detalles e inteligencia antes que verdad. Y en el peor de los casos, automatismo puro y duro y que pase el que sigue. Y en una de las direcciones que comenzó a adquirir en el último lustro, la indeterminación, la duda, ante cualquier cosa que se asemeje a una revelación que, como nos enseñó alguna vez Errol Morris, no puede ser amarillista, porque sino el camino no sirvió para nada.

La escalera tuvo una versión documental, un verdadero true crime largo como él solo, un poco chato en sus ideas audiovisuales, pero obsesionado con un objeto preciado como el caso que se llevó puesta a una familia completa, el de la familia Peterson. La pregunta, entonces, indica, por qué volver varios años después a una historia que había sabido convocar desde las armas del documental y convertirla en una serie de ficción lisa y llana? The Staircase retorna a los hechos pero ya no para contar lo que en mayor o menor medida nos puede revelar internet con una búsqueda no muy exhaustiva sobre el caso. Pero Antonio Campos, un verdadero obseso con las miserias de la cultura americana, con sus dobleces y con la obsesión por las apariencias, aquellas encargadas de que ninguna perversión salga a la luz, no solo narra el caso nuevamente, sino que busca, todo el tiempo, desarticular, desarmar, desglosar los modos en los que su antecesora fue concebida, como si buscara también revelar el inevitable (y a esta altura obvio) carácter artificioso de todo documental, en especial los del género true crime, que la misma La escalera ayudó a cimentar.

El modo en el que ingresamos a The Staircase, por lo tanto, no tiene nada de inocente. Bien por el contrario, la serie nos pide que contemos con algo de información previa, como si en alguna medida funcionara mejor siempre y cuando lograra, capacidades diversas mediante, medirse con el espectador, como si todo el tiempo propusiera un juego intelectual en ese recorrido de interpretaciones del caso (esto es una marca casi de fábrica de los policiales producidos y emitidos por HBO). Por eso, en todo caso, lo que menos importa, al enfrentarse a The Staircase es si lograremos acceder a algún estatuto de verdad. Porque esta nunca es posible, porque todo el tiempo nos vemos sometidos a entredichos, a grietas discursivas, a interdicciones varias que no nos permiten dar cuenta del panorama en su conjunto, porque a cada avance que hacemos sobre el caso el mismo se nos vuelve más resbaloso. Quizás por eso el mayor interés radica en observar la evolución de los personajes a lo largo de los años, en observar la manipulación ejercida desde el padre ya no solo sobre todo su grupo familiar sino también sobre quienes lo rodean en el caso (desde los documentalistas hasta el abogado, pero también en quien fuera su pareja hasta el proceso en 2017, en este caso interpretada por Juliette Binoche, con una fragilidad y fortaleza que asusta y nos mantiene interesados en esa relación por conveniencia).

Si la intención es ingresar a The Staircase desde una perspectiva policial, quizás no sea el objeto más indicado: su condición jabonosa la vuelve una decepción que, capítulo tras capítulo nos devuelve hipótesis multiplicadas sobre el crimen o el accidente. Pero si la idea es meterse de lleno en el territorio de la manipulación, es decir, el territorio en el que ese centro-vortex que interpreta Colin Firth se hace fuerte, ahí la serie se vuelve algo distinto, porque la serie ejerce una fascinación sobre nosotros similar a la que su protagonista ejerce sobre su entorno. No nos importan sus contradicciones ni sus cagadas (la serie tampoco lo juzga), sino que no podemos dejar de fascinarnos con su caída y su disolución, algo más atrapante que cualquier intento de llegar a un centro vacío como es la presunción de verdad propia de todo juicio.

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