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Tiempo de lectura: 2 minutosThe Undoing

Por Gabriel Santiago Suede

EE.UU, 2020, 6 episodios de 50′
Creada por David E. Kelley 
Con Nicole Kidman, Hugh Grant, Donald Sutherland, Noah Jupe, Edgar Ramirez, Ismael Cruz Cordova, Matilda De Angelis, Lily Rabe, Noma Dumezweni, Michael Devine, Jim Cleary, Fala Chen, Vedette Lim, Maria Dizzia, Jack Ronan Grindley, Lara Barbieri, Dante DiGiorgio, Frank Fernandez, Kathryn Grace, Kate Greer, Michael Iacono, Sultan H. Khane II, Billy Lake, Robert Myers, Logan Taylor, Melania Zalipsky, Victoria Zalipsky

Plan de evasión (o Hitchcock al revés)

Kidman

No hay nada nuevo. O en todo caso hemos sido convencidos de eso. Para Aristóteles esto ya significaba un problema. No va a serlo para nosotros en este 2020 de aplastamientos? Todo puede ser nuevo. O en todo caso un uso adecuado de los recursos dramáticos bien puede convencernos de cosa semejante. Supimos lidiar con esa posibilidad, pero se hace cada vez más difícil creerle a los recursos dramáticos porque en el fondo no nos cuesta tanto reconocer las repeticiones, el patrón de lectura. O se escribe/filma para un público cada vez más desconocedor, aislado, anestesiado, amnésico?

The Undoing se mueve en torno a mil y una premisas comunes y repetidas: thriller judicial, asesinato con múltiples hipótesis de responsabilidad (al final de cuentas se trata de un Whodunit sin enclaustramiento), descripción crítica de las altas esferas socioeconómicas, tensiones familiares y secretos revelados; en definitiva un moplo de proporciones bíblicas siempre y cuando no prime algún giro, alguna volanteada. Y ese es el centro duro del problema: los atisbos de volantear, de generar una irrupción de sorpresa son, apenas, espasmos, intentos sueltos, dispersiones sin éxito para quitarnos la modorra de las presunciones más lineales. Al final de cuentas, distracciones.

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Pero The Undoing es también un cuento desaprovechado, echado a perder. Si su secuencia de créditos iniciales no hace más que resumir la promesa de una niña mimada cuyo mundo se destruye, en términos concretos, esa promesa se cumple a medias. Esencialmente sucede esto porque no hay en la serie ningún giro real sobre el mundo de su protagonista (Nicole Kidman, cada vez más ausente de expresividad gestual), sino, apenas, algunas tentativas de un mundo que se desmorona pero que, en todo caso, es un mundo que queda medianamente protegido por una implacable gelidez y distancia. Es decir: en definitiva nunca estamos frente a la fractura interna de un personaje o a la revelación de un costado oscuro de sí mismo.

Como si la máxima hitchcockiana (“el problema no es partir de un cliché sino llegar a uno”) hubiera sido aprendida a la perfección pero invertida, todo lo que hace la serie de David E. Kelley es partir de una serie de dubitaciones en torno a la evasión de lugares comunes para, insólitamente, cumplimentar todos y cada uno de ellos en el final, dicho sea de paso, con acatamiento de la agenda sobre femicidios de pasada.

Y estamos hablando de HBO, cuyo prestigio se desvanece cada vez más fuerte.

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