Tiger King
EE.UU., 2020, 7 episodios de 43′
Creada por Eric Goode & Rebecca Chaiklin

Wild Wild Country

Por Gabriel Santiago Suede

En estos días de pandemia y espasmos. En estas jornadas de insomnio, pesadillas, revisión de clásicos, lecturas voraces o interrumpidas. En estos días de glotonería o cagarse de hambre. En estos días de placidez en el encierro o locura aislada. En estos días sin demasiados puntos intermedios, se nos cruza por la multiplicidad de pantallas la cara de un personaje que o bien podría haber salido de una mala versión de un animador de Las Vegas. O bien podría tratarse de un narcotraficante gringo instalado en Coyoacán. O bien un personaje salido (todos lo dijimos, pero lo voy a repetir) de cualquiera de las películas de Christopher Guest, el genio detrás de Waiting for Guffman (1996). La invocación guestiana no se reduce al facilismo de clasificar a cualquier documental con personajes extravagantes como equiparables a la obra de aquel director. En todo caso es el perfecto contrapunto de los extremos que propone el mundo que la serie muestra: a mundos y personas extremas lo conveniente es entregar una mirada piadosa. Y si algo hace este accidente que se nos cruza en la plataforma de la N grandota es eso: cuidar y querer a sus personajes sin juzgarlos. Y abrir, de este modo, un panorama asombroso y complejo.

Tiger King cuenta, a su manera, una tragedia en pequeña escala. Cuenta la historia de un grupo de condenados que se creyeron mas grandes que la vida. Y describe las derivas vitales de una serie de obsesivos criadores de felinos, en donde la presencia de los animales termina funcionando como perfecta excusa para narrar el apogeo y caída de el centro de este sistema solar de dementes criadores de tigres y leones (entre muchas cosas más). Y si bien la historia atañe a un grupo no menor a 20 personas distintas, casi todos ellos se ven atravesados directa o indirectamente por la figura de uno en particular: Joe Exotic, que no es mas que el nom-de-guerre del sol de este sistema planetario que construye esta serie adictiva.

En Tiger King todo comienza con una excusa relativamente pequeña. Se trata de una pequeña disputa entre los conservacionistas en estado natural de los animales salvajes frente a los explotadores de los mismos en zoológicos privados. La curiosidad es que aquello que muestra, al menos en un inicio, un antagonismo más o menos claro, termina revelándose como una pelea de facciones por una suerte de mercado común. A partir de esa revelación comenzamos a reconocer más actores en disputa: Carol Baskin, la falsa conservacionista (y antagonista a muerte de Joe), Doc Antle (la versión heterosexual, espiritual y ordenada de Joe) y algunos más, incluyendo asesinos y narcotraficantes confesos. Es a partir de esa escaramuza que las batallas comienzan a multiplicarse. Y lo que inicialmente parecía una guerra por la clientela se extiende a las redes sociales, de forma cada vez más virulenta. Y de ahí a un reality show por internet, que no hace más que sumar decibeles a una pelea que va tornándose cada vez más oscura porque redobla la apuesta en las acusaciones cruzadas: primero tráfico de animales, luego muerte de animales sin declarar, seguido a eso acusación de asesinato del esposo de una conservacionista (dos décadas atrás), luego amenazas de muerte actual, abuso de drogas, violencia explícita, accidentes con armas que derivan en suicidios y cosas que se van de las manos a una velocidad ultrasónica y en muy pocos años (la serie comenzó el registro hace bastante y lo que vemos es claramente el trabajo de casi una década).

Hay algo de scorseseano en todo lo que vemos, como si en algún momento todos se hubieran conocido entre si (algo que de hecho terminamos de comprobar gracias a los testimonios complementarios de empleados, ex empleados, parejas de los protagonistas, ex parejas, socios y ex socios. Todo lo que vemos parece formar parte de una fauna inextinguible que alguna vez pudo ser una pandilla pero que, por la diversidad de intereses se desintegró. Por eso el inicio, con Joe desde la carcel, acusado de intento de asesinato de Carol Baskin, la falsa conservacionista, resuena con ecos de películas de mafia, en donde al final del asunto todo desbarrando hasta niveles inimaginables. Como si estuviéramos frente a una versión degradada y tierna (por el modo de cuidar a sus personajes) de Casino.

Similar al mundo de los descastados del cine de Marty, lo que muestra Tiger King es una pequeña tragedia en siete actos, que al mismo tiempo deja en claro que los mundos microscópicos tienen la capacidad de replicar una universalidad que no nos parecía posible. Pero quizás lo que más impresiona es que no nos encontramos frente a personas imposibles de conocer, que construyen grandes corazas y nos resultan inaccesibles. Sino que la serie nos superpone dos registros a la vez: lo grande (y bigger than life), extremo, desmedido, voluptuoso, ridículo, esperpéntico. Y lo pequeño (íntimo y tierno), patético, infantil, desesperado. En esa coexistencia entendemos que todos esos personajes que pululan por la serie, pero en particular el mismo Joe, no son mas que personas necesitadas de amor, abandonadas a su puta suerte. Y que un día, gracias a un animalejo que se les cruzó por las retinas, encontraron un motivo de ser en el mundo abandonado y frío. Sobre ese encuentro afortunado (en un inicio) y desafortunado (al finalizar) a la vez gira esta serie salvaje.

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