WHAT WE DO IN THE SHADOWS

Tiempo de lectura: 4 minutosWhat We Do in the Shadows

Rodolfo Weisskirch

What We Do in the Shadows
EE.UU., 2019, 10 episodios de 30′
Creada por Jemaine Clement y Paul Simms  
Con Kayvan Novak,  Matt Berry,  Natasia Demetriou,  Harvey Guillen,  Doug Jones, Beanie Feldstein,  Jake McDorman,  Mark Proksch,  Hayden Szeto, Veronika Slowikowska,  Siobhan Fallon,  Francesco Antonio Castaldo, Barbara de la Fuente,  Michael Giel,  Maury Ginsberg,  Craig Henry, Samantha Madely,  Michael Chow,  Francis Melling,  Richie Moriarty,  Redd Ochoa, Rob Ramsay,  Adrian Spencer,  Kate Comer,  Gloria Laino,  Haley Joel Osment

A mitad de camino

Por Rodolfo Weisskirch

Cuando en 2014, los neocelandeses Jemaine Clement y Taika Waititi estrenaron What We Do in the Shadows (conocida en Latinoamérica como Casa Vampiro), nadie –ni siquiera ellos mismos- esperaban la repercusión que esta comedia tendría, no solo en el resto del mundo, sino también en sus carreras. Guionistas, actores y directores, Clement y Waititi, ya había ganado renombre gracias a Flight of the Conchords y otras producciones independientes, pero fue esta comedia en formato falso documental, lo que les abrió definitivamente las puertas a la industria de Hollywood. 

La clave de aquel film era su ingenio y su economía de recursos. Con muy pocos efectos especiales, con gags efectivos y un timming cómico perfecto, los directores apelaban a descontracturar la mitología vampírica tal cual y como la conocemos. El talento actoral (y la austeridad interpretativa) también formaba parte de los múltiples logros del film. Con cierta influencia del primer Peter Jackson y algo de los Monty Python, What We Do in the Shadows era una exposición absurda de la vida rutinaria de 5 vampiros en la Wellington contemporánea. 

5 años después, con el dúo, ya consolidado en la industria de Hollywood -Clement en TV, Waititi en cine- se reúne para narrar la convivencia de un grupo de vampiros en Nueva York. Liderados por Nandor -el extraordinario comediante británico Kayvan Novak- los chupasangre provienen del corazón medieval del viejo continente y residen en una vivienda de Staten Island. Además del “sangriento” Nandor, están el matrimonio Laszlo y Nadja -Matt Berry y Natasia Demetriou- Colin, un vampiro de “energía”, que puede vivir de día, y se alimenta aburriendo a sus compañeros de oficina -Mark Proksch, una de las mejores ideas de la serie- y Guillermo -Harvey Guillén- el humano que sirve a Nandor. 

La estructura es prácticamente calcada a las diferentes secuencias de la película, solo que extendidas para que cada episodio dure 25 minutos. Incluso es muy poca la relación de un capítulo a otro. Y las diversas subtramas que unen la temporadas van desde la llegada de un Barón -líder vampírico milenario con apariencia monstruosa- a los anhelos de Guillermo por ser transformado en inmortal y de ahí a la metamorfosis de un joven adolescente -la ascendente Beanie Feldstein de Booksmart y Ladybird– hasta convertirse en vampira.

Más allá del “toque” femenino, el apego de la primera temporada con la película es tan cercana que son muy pocas las sorpresas, especialmente desde el punto de vista estético que propone la serie creada por Clement. Y decididamente los guiones no trascienden lo anecdotario. Desde chistes fáciles relacionados con la sexualidad hasta los infortunios de ser confundidos con murciélagos. O el mas elemental y clásico enfrentamiento con hombres lobos. Quizás sea por eso que los mejores episodios terminan siendo los de la segunda mitad de temporada, cuando llevan al Barón de fiesta por NY (y posteriormente son sometidos a juicio por las consecuencias de aquella noche desenfrenada, por una elite de intérpretes que han interpretado a famosos vampiros del cine y la tv estadounidense, entre los que se encuentra el trío de la obra original), lo que supone uno de los puntos mas altos y autoconcientes de una serie de por si reflexiva con sus tradiciones.

Aún cuando los guiones -o al menos, el concepto de cada capítulo- son bastante vagos o simplistas para lo que se podría haber esperado, y el estilo falso documental-reality show -similar a The Office, con mucho zoom, algunas escenas poco iluminadas, cámara en mano, planos secuencia, y cortes a entrevistas- ya luce un poco demodé, es la solvencia de los intérpretes, lo que genera mayor interés y apego a lo que vemos: solo ellos pueden despegarnos de la película de origen a la vez que llevarnos a ella cada vez que la cosa no funciona, al menos por contraste..

Los realizadores y FX (canal que emite la serie) se arriesgaron o apostaron por un elenco de comediantes hábiles, expresivos, cuasi desconocidos. Sumado esto al notable trabajo de dirección de arte, es el diseño de cada personaje lo que resulta más atractivo. Como si lo cómico (la ingeniería cómica aislada) se impusiera a la comedia (como un todo y un estilo global).  De esta forma, What We Do in the Shadows, cumple con las expectativa hacia un lado (el de conformar a los fans de la película) pero queda a mitad de camino en otro (construir una identidad propia). El elenco, los invitados especiales, y ciertas situaciones aisladas que buscan el guiño del público amante de la mitología vampírica cultural, consiguen un entretenimiento, pero tampoco algo mayor a eso. Esa ausencia de pretensión quizás sea involuntaria. Y resultado natural de las limitaciones. Quedará por esperar el arribo de la segunda temporada -ahora en pocos días- para confirmar la intrascendencia narrativa de esta comedia, o quizás sorprenderse con algún giro un poco más arriesgado o alguna idea conceptual, alguna que cambie el rumbo de estos vampiros anclados en la comodidad de su microexistencia. 

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