When They See Us 
EE.UU., 2019, 4 episodios de 70′
Creada por Ava DuVernay
RepartoJharrel Jerome,  Aunjanue Ellis,  Asante Blackk,  Caleel Harris,  Ethan Herisse, Marquis Rodriguez,  Chris Chalk,  Jovan Adepo,  Justin Cunningham,  Freddy Miyares, Niecy Nash,  Michael Kenneth Williams,  John Leguizamo, Dascha Polanco, Vera Farmiga,  Felicity Huffman,  Blair Underwood,  Joshua Jackson,  Storm Reid, Chris Jackson,  Omar Dorsey,  Adepero Oduye,  Famke Janssen,  Aurora Perrineau, William Sadler,  Kylie Bunbury,  Marsha Stephanie Blake,  Reginald L. Barnes, Bryan Terrell Clark,  Jim Cleary,  Andrew Stewart-Jones,  Suzzanne Douglas, Jayce Bartok,  Blake DeLong,  Kate Easton,  Lynn Marocola,  Frank Pando,  Ariel Shafir, Matthias Sebastiun Garry,  Joseph Adams,  Mark Borkowski,  Alex Breaux, J. Bernard Calloway,  David Chen,  Vincent De Paul,  Michael Devine,  Christy Escobar

Detrás de la máscara

Por Ariel Esteban Ramos

Con la dirección de Ava DuVernay, Netflix ha lanzado con enorme repercusión la miniserie When they see us, dramatización del muy famoso caso de los “Central Park 5”, por el cual cinco adolescentes negros fueron juzgados y condenados por violar a una corredora en 1989. Años más tarde, en 2002, tras cumplir distintos tiempos de encierro en institutos correccionales y en prisión, el verdadero agresor confesaría luego de una conversión religiosa. Todas las pruebas de ADN se confirmaron la culpabilidad y los acusados fueron exonerados de todos sus cargos. En 2014 se dictó además una reparación económica multimillonaria. La víctima de la violación, Trisha Meili, al día de hoy lamenta que el caso se haya cerrado con un solo culpable, insistiendo en los indicios de que se habría tratado de más de un agresor, si bien ninguna de las marcas en su cuerpo pudo ser relacionada con los acusados. La única prueba contra los cinco adolescentes habría sido su autoincriminación, registrada en confesiones videograbadas durante la noche de su arresto, sin la presencia de abogados o adultos a cargo. A causa del gran impacto del documental y de su rebote en los medios, las fiscales responsables ya están sufriendo algunas consecuencias extrajudiciales en la vida real. 

A diferencia de cualquier ficción, las reproducciones dramático-documentales de hechos recientes agregan el problema no menor de su exactitud, su veracidad y la necesidad de contrastar la narración con fuentes extra fílmicas. En hechos que se trascienden hacia una significación política, el riesgo quizá no sea tanto ser operado por discursos mediáticos o cinematográficos, inevitable, como exponerse de manera desbalanceada a las distintas operaciones. No podemos más que confesarnos que será cierto diferencial de observación, creencia y experiencia el que llene los huecos de cualquier controversia: por suerte o por desgracia, este es el límite. 

Quizá fue porque la idea de la opresión/victimización estructural, a veces tácita y a veces expresa permea todo el primer capítulo, que lo abordé con ciertos reparos. No obstante, nada en la primera entrega, que pone en escena un apriete cobarde a cinco adolescentes en una comisaría, resulta inimaginable para la realidad argentina. Al contrario. La sospecha de que sólo llegamos a conocer la punta de un iceberg de excesos es permanente. Pero la reconstrucción y narración de esos momentos de manera tan sobrecargada en combinación con una banda de sonido emotiva y tensionante por demás vuelve insoportable la narración, quitándole gran parte de su fuerza documental en aras de un efecto emocional fácil, esquemático, excesivo e innecesario. 

Resulta enormemente difícil aceptar una interpretación (correcta desde lo actoral) tan simplista de los villanos judiciales de la película. Primera necesidad de contraste; leemos las reacciones de la fiscal Fairstein al filme: “han perdido la perspectiva más amplia de lo sucedido en aquella terrible noche: una serie de disturbios que resultó en el arresto de 15 adolescentes que atacaron a varias personas”. Aunque Fairstein concede que tras la confesión del verdadero agresor los cargos por violación debían ser retirarse, “los otros cargos, por crímenes contra otras víctimas no deberían haber sido retirados”. Pausa: una declaración sorprendente, viniendo de la funcionaria responsable de supervisar y ratificar la validez de las confesiones de una violación cuya autoría resultaba en ese entonces incomprobable. La ausencia de siquiera el menor atisbo de autocrítica profesional ya genera fuertes sospechas, pero estremece la ausencia absoluta de empatía, de un humano mea culpa. Igual, algo habrán hecho. En el filme, de hecho, la fiscal habla repetidas veces de “los animales que hicieron esto”. Sus declaraciones recientes a los medios hacen suponer que, incluso caídos los cargos por violación, la calificación de animalidad sigue inconmovible. 

A partir del segundo capítulo, sin embargo, When they see us se transforma en un animal diferente y comienza a destejer una serie de historias personales y familiares, de sueños truncados. Desaparece momentáneamente de la escena Korey Wise, quien contaba al momento de su detención con 16 años, razón por la cual fue destinado directamente a una prisión para mayores en lugar de ir a una institución correccional. Las dos entregas centrales exploran en formato tema y variaciones algunas de las realidades de la reinserción de los otros cuatro muchachos: una solicitud de empleo en donde deben declararse como agresores sexuales condenados, detalles del cumplimiento de la libertad condicional, la posibilidad de que en cualquier contexto de interacción (incluso en el ámbito familiar) surja el mote de violador. Situaciones esperables y quizá merecidas para verdaderos culpables, pero verdaderos sambenitos, vergonzantes y limitantes en extremo en un caso de injusticia judicial. La discusión está abierta respecto de hasta dónde debe el sistema indexar a individuos que representan a un riesgo social, y en el filme pareciera confundirse este debate con la idea general de una estigmatización siempre injusta.

No es un gran esfuerzo para la imaginación representarse las diferencias entre un reformatorio para menores y una prisión para adultos. Si bien DuVernay no deja huecos, ahorra con una serie de elipsis muy elementales la cuestión de la violencia sexual. Todo el último capítulo relata el vía crucis de Wise por varias prisiones, sin un excesivo regodeo en las durezas de la prisión. Quizá haya en todo esto una gentileza para los protagonistas reales, que se involucraron en parte del proceso de When they see us. En esta última entrega, el filme alcanza el átomo de lirismo ausente en el resto de la miniserie.

Nos queda la duda de si deberíamos incluir en la crítica la mención de un material extra, la entrevista grupal de Oprah Winfrey (también disponible en Netflix) a todo el elenco y a los protagonistas reales de esta historia. Creo que sí, teniendo en cuenta que se trata de un non fiction audiovisual y por eso tal vez importe sacar conclusiones propias sobre las realidades aludidas además de entretenernos en cuestiones narrativas. Así que después de cuatro largo capítulos, dedico un rato a ver y escuchar a los cinco reales de Central Park. Tres de ellos tienen un optimismo y una entereza increíbles. Los otros dos: McCray, un niño irremediablemente roto escondido en el cuerpo de un fisicoculturista y… Korey Wise, alguien o algo que tiene las facciones de un hombre, pero es apenas el susurro de un pájaro que sale de una máscara inescrutable y muerta. Cerramos acá.

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