Un oscurantismo progresista: 8 y 1/2 ideas sobre las películas contra las redes sociales

Por Sergio Monsalve

A lo largo de los últimos tiempos hemos ido constatando, con cierta naturalidad, que comenzaron a multiplicarse las películas contra las redes sociales. Hace algunos días, Sergio Monsalve escribía indignado las siguientes palabras en el muro de una de sus redes: “La experiencia de la cuarentena ha traído la cancelación de la ciudad que debemos recuperar. En su lugar, la dictadura impuso el régimen de una ciudad estado, controlada por militares. Frente a ella, resiste una ciudad red que se teje en el campo virtual de Twitter y Facebook.Twitter y Facebook son satanizadas por el orden global del progresismo, porque albergan espacios de libertad y conflicto que el socialismo despótico busca censurar. A menudo, Twitter y Facebook suelen complacer a los inquisidores del poder populista, al prohibir cuentas.En nombre de una cruzada de purificación y corrección política, el algoritmo complace un concepto hipócrita y puritano de la conversación, donde el disenso es satanizado y criminalizado. De tal modo, la ciudad estado le pone un grillete a la ciudad red, mediante leyes estrictas.En tal sentido, la narrativa contra el odio es instrumentada para vigilar y castigar a los que exponen ideas retadoras, provocadoras, más allá del bien y del mal. Por ende, el desarrollo del pensamiento se persigue y amordaza en Twitter.” a modo de descarga parcial a partir del estreno en Netflix de El dilema de las redes sociales. Como sus palabras resonaban en torno a otros documentales que trabajaban con problemas similares le propusimos a Sergio desarrollar su idea. Lo que sigue es el resultado lúcido, libre y apasionado de un pensamiento crítico contra los lugares comunes.

La república de los niños

1. Subestimación. El documental El dilema de las redes sociales no resiste el análisis de un bachiller con Twitter. En clases de cine, mis estudiantes de comunicación social la critican a placer, tachándola de parcializada, tendenciosa y reduccionista. Una futura colega de la sección se siente subestimada por la recreación cutre de las escenas de ficción, más propias de una Hallmark Movie con el código parental de una distopía cumplida de Black Mirror. El largometraje incluye la participación de Jaron Lanier, el oso geek con trenzas rastas, a quien estimaba por sus libros. Paradójicamente, el filósofo pop estelariza el reparto de un largometraje, cuyo armado no soporta el contraste con uno de sus ensayos de referencia, “Contra El rebaño digital”, donde se cuestionan algunas de las técnicas de manipulación que instrumentalizan en la industria de los bits, para mantenernos atrapados en el laberinto de la web. El escritor norteamericano recupera el concepto biológico de la “neotenia”,  para describir el estado larvario de los contenidos que consumimos. 

2.Infantilización.Mutatis mutandis, El dilema de las redes sociales resume el problema de la cultura mainstream que manufacturan adultos, utilizando tropos y armas de la peor de televisión infantil: la de Paka Paka y los criterios sensacionalistas disfrazados de pedagogía postestructural. Es como aplicar las binarias teorías de Armand Mattelart en “Para leer al Pato Donald”, con el objetivo de publicar un panfleto alarmista que justifique las políticas de intervención de los estados proteccionistas del mundo. 

3.Paternalismo y domesticación. Por visiones así de paternalistas, el socialismo venezolano decretó las infaustas leyes contra el odio y la preservación de la salud mental de los niños, considerando que todos somos menores de edad por siempre. También mi país, como Argentina, invirtió una grosera suma de dinero en producir lecciones de historia y moral con dibujitos, puesta en escena de canales truchos, globitos, muñequitos, peluchitos y mostricos. Desde el poder costumizaron y domesticaron el lenguaje animado, haciéndolo una insoportable cadena de mensajes dirigidos a una audiencia hipersensibilizada, en un discurso hecho por y para millenials. 

4. Tecnofobia selectiva. Salvando las distancias, pero no tanto, El dilema de las redes sociales ha llevado al paroxismo la ansiedad progresista de los tecnofóbicos de último cuño, beatas de doble rasero que sienten culpa por pasar dos horas al día enganchadas al scroll de Instagram. Ciertamente, somos una generación adicta a las redes sociales, más ahora en la cuarentena infinita del planeta de los simios. 

5. Paranoia incuestionable. Ya la plataforma de la N Grandota me explicó en Nada es privado que Cambridge Analytica pudo hackear elecciones, desde Facebook, para apoyar las causas del Breixit y Trump. Una conspiración todavía discutible y refutable. American Meme y Fyre mostraron el descalabro de los emprendedores de la matriz influencer. David Fincher y otros realizadores fueron contratados, para ampliar la grieta entre Hollywood y Silicon Valley. 

6. Censura doméstica. Por ende, El dilema de las redes sociales llega a conclusiones viejas a través del guion prefabricado de una mala secuela live action de Intensa-Mente, una de las peores películas de Pixar, precisamente por su doblaje pedestre de la inteligencia emocional. Entre las entrevistas de los hombres preocupados y concienciados, el documental nos atraviesa el relato con las secuencias de una telenovelita familiar, en la que los padres se hacen los tontos, forzando a los chicos a hablar en la mesa, mientras les meten los celulares en bolsitas de plástico con cierre mágico.  

7. Una respuesta? Resistencia. Obvio que los pibes rompen las reglas y la pagan caro por no atender a la lección del détox, de la desconexión recomendada por Jaron Lanier, el Lotso de esta Toy Story for dummies. Un juego realmente peligroso, al tirarle un barril de tóxico a la competencia, sin mencionar palabra de la trampa del algoritmo de Netflix, lleno de especulación y calidades estándares, para conservarte enganchado a su maratón de series y películas mediocres. 

8. Pro & Anti: Maniqueísmo. Si se trata de Netflix y su maniqueísmo, prefiero siempre la barra de documentales, exceptuando lo presente por El dilema de las redes sociales y sus derivados pro Obama, como si el antitrumpismo infantil (en vez de uno lúcido y crítico) bastara.

8 1/2. Comparar. Demasiado drama victimista para mi gusto. Lean The Game de Alessandro Baricco y comparen. 

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