Argentina, 2025, 85′
Dirigida por Fernando Spiner
Con Daniel Fanego, Valeria Lois, Luis Ziembrowski, Guillermo Saccomano, Adriana Lestido
Modelo para armar
Hoy todo artista pretende ser conceptual. Desde Emilia Mernes hasta un performer que se presenta ante un público de veinte personas. Todos tienen la necesidad de explicar su obra y, en consecuencia, de crear una obra que merezca ser explicada. Algunos estrenos marginales y, sobre todo, ciertas secciones de algunos festivales de cine eran la débil resistencia contra la oleada de la autoindulgencia y el cine inherte que hegemoniza la cultura cinéfila actual. La recientemente descontinuada sección encounters de la Berlinale y estados alterados de Mar Del Plata eran alguno de esos espacios. Pero ahora Mar del Plata cambió y no voy a hablar en esta nota de eso, pero lo que es claro es que lo que era estados alterados ya no existe.
Si hablamos de películas cerebrales, conceptuales o muertas en vida, Weser se convierte en algo así como un tour de force de ese tipo de cine. En el marco del festival de Mar del Plata 2025, por ejemplo, Spiner estuvo durante todo el Q&A explicando la película y pidió en más de una oportunidad que le sigan haciendo preguntas porque le encantaba explicar qué quiso hacer. El nivel de autorreferencia no paró ahí: el encargado del Q&A (supongo que alguien del festival) nos hizo una aclaración sobre lo importante que era poder hacerle preguntas al director. Se hablo más de importancia que de cine. Para Spiner la película trata sobre poesía, muerte y contiene un juego experimental con actores y no actores. Pero al ver la película cuesta ver actuación por fuera de una serie de ejercicios que Spiner se propone realizar con actores llorando y declarando en varias ocasiones lo emocionados que están.
Si el peor tipo de cine cerebral es el que quiere emocionar al espectador -como Nolan en Interestelar-, lo de Spiner es aún peor, porque ni siquiera se propone fabricar estrategias de manipulación emocional. Simplemente tira a los personajes frente a cámara (hay un momento en donde se revela un detrás de cámara y es el director de fotografía el que le propone hacer un primer plano de la situación que están filmando, Spiner se escuda en este tipo de gestos autoconcientes para no tomar decisión alguna sobre la forma cinematográfica de su película) y los hace declarar su propia emoción, tratando de, en ocasiones, volverlo más sutil con la lectura de algún poema sobre la muerte. Sino es eso, dispone a sus personajes hablando en el mar, filmándolos al ras de la superficie del agua. Las charlas pueden incluir a alguna película clásica, o alguna reflexión sobre algo que acabamos de ver. Spiner se propone representar las conversaciones que tiene con un amigo suyo y el resultado es una charla inherte sobre la vida de personajes que no conocemos.
Para Fernando Spiner habrá tenido algún sentido hacer esta película y ver a sus amigos en cámara, pero su película tiene una incapacidad total para determinar un espacio y un tiempo, para filmar a dos amigos charlando o para filmar un reencuentro entre dos viejos conocidos. Su estrategia final es hacer declarar a sus personajes las intenciones totalmente opacas que tiene la película y luego, decirlas en voz alta él mismo para que los que estemos ahí captemos la profundidad de su mensaje.

