Estados Unidos, 2026, 8 episodios de 30´
Creada por Destin Daniel Cretton
Con Yahya Abdul-Mateen II, Ben Kingsley, X Mayo, Arian Moayed, Zlatko Buric, Joe Pantoliano, Byron Bowers y Josh Gad.
El súper hombre
Simon Williams es un actor de método que ha pasado toda su carrera deambulando entre participaciones en series y desperdiciando oportunidades a causas de sus desmedidas búsquedas creativas. Recién separado, este treintañero en crisis encuentra una oportunidad que podría cambiar su vida: el prestigioso director Von Kovak está realizando audiciones para la remake de Wonder Man, película a la que Simon le guarda mucho cariño. En compañía de un aparentemente rehabilitado Trevor Slattery, quien había personificado una falsa versión del terrorista El Mandarín, Williams deberá enfrentar sus miedos y limitaciones para conseguir el papel. Aunque resulte extraño, Wonder Man es una miniserie de Marvel Studios. Sin embargo, en lugar del superhéroe se construye una sólida historia acerca del súper hombre.
Creada por Destin Daniel Cretton, director de Shang-Chi y los anillos y de la próxima película de Spider-Man, Wonder Man toma un riesgo inusual para las producciones de Marvel Studios al establecer a lo súper como un aspecto secundario del relato durante los ocho episodios. Ante ello, la miniserie se aboca a las dificultades que el protagonista atraviesa en ese tortuoso proceso de casting para convertirse en Wonder Man. Alejada del registro satírico de El Estudio o del cinismo vacío de la fallida La Franquicia, esta propuesta apuesta por la introspección, la melancolía y algunos climas de tristeza intermitentes para establecer el tono de la historia. Para diseñar este marco se suma un virtuoso uso del sonido, tanto en la música incidental como en las canciones elegidas en pasajes clave de la historia. Igualmente, hay muchos momentos para parodiar las excentricidades y ridiculeces de todo lo que rodea a Hollywood, como los métodos de ensayo de Von Kovak, la ambición de Joe Pantoliano por las bienes raíces o la crueldad de la industria en el capítulo Doorman.
Más allá de eso, Wonder Man es una historia profundamente humana, que funciona como un largo camino para la redención de sus dos protagonistas excluyentes. Contra todo pronóstico, Yahya Abdul-Mateen II compone uno de los grandes personajes de su carrera. Lejos del registro excesivamente canchero o de caer en cierto dramatismo forzado, su interpretación representa a la perfección las falencias de un hombre solitario encerrado en sus propias penas y temores que no logra otra cosa que boicotear su carrera y su vida para proteger un secreto que lo atormenta. En ese sentido, el uso de sus poderes a lo largo de casi todo el metraje no podrían ser adecuados a la propuesta. Producto de la ansiedad, Williams es una bomba a punto de estallar porque literalmente no puede controlar su vida.
Ante ello, la aparición de Trevor Slattery, uno de los grandes personajes secundarios del Universo Cinematográfico Marvel, configura el equilibrio perfecto para la historia. Más allá del carisma y del encanto natural de este chanta profesional, el experimentado actor se convierte involuntariamente en un mentor para Simon, aunque su acercamiento esconde secretos que representan una carga para el falso Mandarín. En clave de buddy movie, ambos recorren los rincones más oscuros y luminosos de Hollywood, alternando la apuesta por la acción y la comedia a lo After Midnight en el capítulo Found Footage o el caótico drama familiar en Pacoima. En esta oportunidad, Kingsley y Cretton encuentran nuevos matices para Trevor, quien exhibe un costado más humano para complejizar sus antiguas caracterizaciones en calidad de comic relief. Sin caer en spoilers, su acto final de redención resulta perfecto para la trayectoria del personaje, tanto en esta miniserie como en el Universo Marvel.
Finalmente, Wonder Man también se mira en el espejo de las producciones de superhéroes. Más allá del personaje creado en los cómics de Marvel, la decisión de centrar gran parte del peso del conflicto en una franquicia ficticia le brinda otra capa de lectura a la propuesta. En este caso, esa película no funciona como un objeto de burla o parodia para explorar el costado más superficial de Hollywood. Al contrario, Wonder Man representa la pasión por el cine, la fascinación por esas historias que despiertan sueños y fantasías, la reivindicación del entretenimiento y lo lúdico en el séptimo arte y, sobre todo, el recuerdo de una tarde feliz con un padre que ya no está. Profundamente humana, a través de un giro sorprendente y necesario para cerrar la historia, Wonder Man guarda lo súper para su epílogo. En un acto tan coherente como emotivo, la miniserie refuerza la decisión de poner al superhéroe al servicio del súper hombre.

