Asesino serial

Por Ludmila Ferreri

Strange Darling
Estados Unidos, 2023, 97′
Dirigida por JT Mollner.
Con Willa Fitzgerald, Kyle Gallner, Madisen Beaty, Bianca A. Santos, Steven Michael Quezada, Ed Begley Jr. y Barbara Hershey.

Las vueltas de la vida

Cuando Strange Darling tuvo su estreno internacional, luego de su paso por Sitges, algo de la espuma que se había creado con su estreno estadounidense (con muy buena recepción crítica y no tanto de público) no surtió efecto suficiente como para llamar demasiado la atención. Probablemente, a tal punto, que nuestro estreno local (y supone que algo similar debe haber pasado con el estreno latinoamericano) pasó sin pena ni gloria, casi completamente desapercibido, como si hubiera sido abandonada a su suerte en esos purgatorios que son las semanas entre fiestas, en las que la gente está terminando el año, está pensando en otra cosa y casi no le da pelota a lo que pasa por las pantallas.

En este sentido tengo que decir que en parte, ese azar y desprecio de los distribuidores hizo lo suyo y le hizo algo de justicia a esta película pagada de si misma. Pero al mismo tiempo, por otro lado, no puedo dejar de decir que me apena que una película que se preocupa por narrar con armas nobles (aunque también un poquito maipuladoras, pero nunca tramposas), que se asienta sobre un grado de incorrección política sobre las mujeres y la percepción social de los criminales (acaso comparable esa maravilla de Fincher que fue Gone Girl) haya sido tan olímpicamente despreciada (y ahora que digo esto se me viene otra a la cabeza y se me arma una trilogía de la incorrección política de mujeres de armas tomar como fue la subvalorada El misterio de Soho).

La cuestión es que Strange Darling (no vamos a llamarla con el título-pavada de su estreno argentino, que la llamó Asesino serial, en un verdadero y completo alarde de estupidez que nada tiene que ver) opera con una eficacia que varios le quisieron emparentar con Hitchcock, pero que a mi me resuena más a un Darío Argento visto a la luz de Tarantino, es decir, un ímpetu modernista en las formas y en la confianza puesta en los climas y contra la narración a la vez que una articulación narrativa bastante precisa y convencional (que si bien narra de manera episódica y «desordenada», en el fondo puede reconstruirse linealmente sin mayores sorpresas) en su guión ingenioso (pero no más que eso). De ahí que su operación visualmente vistosa y narrativamente eficaz termine por llamar tanto la atención. Ahora bien: ¿es para tanto? Si y no. Y la verdad es que no, que más allá del malestar y la incomodidad que generan muchas de sus escenas, en el fondo se trata de una película cuya potencia es la histeria desplegada de sus recursos.

Pero como bien dije antes, en su crítica a la sociedad misándrica actual que no acepta la posibilidad de la criminalidad de las mujeres frente a los hombres (las otras dos películas mencionadas también le hablan a su tiempo), la curiosidad de mantenerse en el eje y sustentar una mirada incomodarte desde su incorrección política no solo es un dato saludable sino refrescante y renovador. En ese aspecto, cuando la película termina, no podemos dejar de pensar en que todavía existe un cine inquieto. Y quizás un mayor grado de libertad asome detrás de esta clase de abandono de los lugares comunes. Con sus agachadas y todo, como verán, Strange Darling me gustó mucho más de lo que pensaba al inicio de esta nota. Cosas que pasan. No es grave.

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