TV y Series

Computadora, cama, fin de semana o noche de corrido. Mirar una serie (actual o no tanto) implica un salto al vacío en muchos casos.
Acá intentamos hacer algo con esa duda existencial que carcome, si, pero desde una perspectiva personal: ¿Qué hay para ver?

The Devil Next Door

The Devil Next Door ingresa en un terreno en el que Netflix suele hacerse fuerte (me atrevería a decir: quizás sea su único fuerte, de las pocas cosas que hacen bien), que es el de los docu-series centrados en casos reales, que giran en torno a acusaciones, procesos judiciales varios y sus pormenores. El tema es que en The Devil Next Door nos enfrentamos a la novedad de estar frente a un caso que no se cerró hacia una u otra dirección ni está impune ni está en desarrollo. Sencillamente es un caso que quedó en un limbo, en un hueco jurídico, pero también en un hueco ético.

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Watchmen (parte I)

Watchmen, en su nueva versión, traiciona un legado desde la prepotencia reivindicativa de quienes niegan el pretérito, queriendo limpiarlo, higienizarlo y, supuestamente, superarlo. De la ejecución, solo vamos recordando la música de Trent Reznor y el estándar clásico de la cadena de televisión, sin una personalidad avasallante detrás de cámaras. Posiblemente la ejecución cumple con asimilar el canon solemne y artie que instauró Zack Snyder.
Pero después de un intro tan problemático, el show de Damon Lindelof ha logrado enmendar su plana, corregir su propio rumbo, en apariencia, despejando una narrativa más inquietante y retadora para el espectador.

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Fleabag

Una protagonista canchera hablando a cámara en una dramedy original no parece, en principio, nada revolucionario. Pero hay montones de detalles y situaciones que ya desde el primer episodio dan indicios de que Fleabag es una serie especial. Incluso el brevísimo opening de la primera temporada, apenas una placa de tipografía anodina sobre negro con medio segundo de free jazz ruidoso, marca una intención: la de generar momentos abruptos e inesperados (de humor, pero también de intranquilidad o de cringe) mediante el montaje, ya sea con inserts breves y gags o flashbacks que de a poco reconstruyen parte del pasado del personaje.

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Living with Yourself

Living with yourself necesita desmarcarse, por lo tanto sus capítulos apuntan a una estrategia que hasta cierto punto sirve pero con el paso del tiempo se vuelve reiteración y estilo. No sé necesariamente si esto es bueno o malo, pero lo cierto es que la serie no oculta el mecanismo sino que lo exhibe orgullosamente: una misma situación vista desde dos perspectivas distintas, desde dos variantes distintas de un mismo protagonista clonado y sobreviviendo a su muerte por error, teniendo que compartir su vida con su clon.

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The Politician

Lo interesante es que aún pudiendo hacerlo, The Politician es un producto que no esconde su cálculo. Falla cuando pretende ser más ingeniosa de lo que es y acierta cuando consigue un equilibrio entre lo que satiriza y cuando debe entregarse a las emociones de los personajes. Es manipuladora, pero no demagógica. Se burla del universo adolescente retratado en series como 13 reasons why, pero a su vez genera un retrato con una ética que no abandona a aquellos a quienes puede destruir.

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