División Palermo – Segunda Temporada

Por Rodrigo Martín Seijas

Argentina, 2025, 6 episodios de 25′ a 35′.
Creada por Santiago Korovsky.
Con Santiago Korovsky, Daniel Hendler, Pilar Gamboa, Martín Garabal, Charo López, Martín Piroyansky, Alejandra Flechner, Juan Minujín, Valeria Lois, Esteban Bigliardi, Facundo Bogarín, Hernán Cuevas, Renato Condori, Santiago De Marco, Valeria Licciardi, Jonatan Nugnes, Nilda Sindaco, Marcelo D’Andrea, Guillermo Arengo, Paula Grinszpam, Fabián Arenillas y Gabriela Izcovich.

No estás solo

Por algo Martín Piroyanski tiene un pequeño pero relevante papel en la segunda temporada de División Palermo: hay indudablemente una afinidad entre su estilo cómico y el que despliega Santiago Korovsky en su serie para Netflix. Una que va por el lado del absurdo, del retorcimiento de los géneros en un sentido paródico e incluso satírico, con un claro objetivo, que es encontrar las situaciones más hilarantes posibles a como dé lugar. Es cierto que lo de Korovsky parece ser un poco más lineal en su construcción de la comedia policial y en una ruptura explícita de ciertas convenciones de la corrección política, a diferencia de lo que hizo Piroyanski con Porno y helado, que es pura y festiva anarquía. Pero también que ambos comparten una vocación por explorar toda clase de posibilidades en sus personajes, profundizando en sus acciones y actitudes, y construyendo un mundo con reglas propias alrededor de ellos.

La primera temporada de División Palermo había sido, por encima de todo, una toma de posición por parte de Korovsky: una bastante inteligente y con momentos muy graciosos, pero también un tanto cautelosa en su puesta en crisis de lo discursividad supuestamente inclusiva y políticamente correcta. Había muchos chistes sobre judíos, discapacitados y otras minorías, pero Korovsky no terminaba de ser disruptivo y se notaba que se cuidaba de no ofender demasiado, a tal punto que se lo que se percibía era una ligera actualización de la comicidad de los noventa. Pero esta segunda entrega le da la razón a Sylvester Stallone cuando en el documental Sly afirma que está a favor de las secuelas porque permiten profundizar en las historias, sus protagonistas y conflictos. Acá la comicidad provocadora pasa a ocupar un lugar secundario y lo que pasa a imponerse es la narrativa policial pasada por el filtro de la comedia física y absurda.

Es que Korovsky se da cuenta de algo fundamental: su creación ya había conseguido distinguirse con su humor, pero también había encontrado algunos límites que le podían llegar a jugar en contra si apelaba a la repetición de sus propios lugares comunes. De ahí que casi enseguida, luego de un primer episodio algo dubitativo, División Palermo apele a una vuelta de tuerca que podría parecer algo antojadiza y que quema todos los puentes, pero que le permite encontrarle a Felipe, ese tipo torpe y querible, un nuevo conflicto existencial. Su nuevo rol como agente infiltrado luego de ser reclutado por una agente de inteligencia perfectamente interpretada por Alejandra Flechner, es un gran trampolín para llevar su historia y la del resto de los personajes hacia un lugar mucho más potente. Es decir, lo que vemos en los seis capítulos de la segunda temporada -todos de menos de media hora y con una gran economía narrativa- es una secuela como las que les gusta a Stallone y a cualquier espectador en general: una que recurre a lugares conocidos, pero que también explora vertientes nuevas y productivas.En esta secuela, hay algunos hallazgos notables, como el antagonista encarnado por Juan Minujín, que es posiblemente el villano más copado, dulce y buena onda desde el Hank Scorpio de Los Simpson. O toda la subtrama de desencuentros románticos entre Felipe y Sofía (Pilar Gamboa), que incluye una escena en un gimnasio que es un despliegue espectacular de ira femenina. Sin olvidar cada momento en el que aparece en pantalla Daniel Hendler, con un personaje que siempre está a destiempo, incómodo o rozando el estallido. Ni hablar de una resolución que apela a un juego disparatado con el sadomasoquismo. Pero no se tratan de invenciones aisladas, sino de engranajes dentro de un sistema narrativo muy bien calibrado. La segunda temporada de División Palermo ratifica que Piroyanski, por suerte, no está solo, que también está Korovsky como una mente creativa capaz de construir un tipo de comedia sofisticada y popular a la vez, donde lo incómodo y lo insólito se retroalimentan, y cualquier capa genérica puede ser maleable.

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