The Penguin
Estados Unidos, 2024, 8 capítulos de 55´ aproximadamente
Creado por Lauren LeFranc
Con Colin Farrell, Cristin Milioti, Rhenzy Feliz, Deirdre O’Connell, Clancy Brown, Michael Kelly, Carmen Ejogo, Theo Rossi, Shohreh Aghdashloo, Michael Zegen, Mark Strong, Kenzie Grey, Scott Cohen, Aria Shahghasemi, Jared Abrahamson, Ryder Allen, Emily Meade, Nico Tirozzi, Owen Asztalos, Louis Cancelmi, Rhys Coiro, Aleksa Palladino, Tess Soltau, James Madio.
El puntero
Resultó muy extraño que, más allá de sus secuelas en cine, The Batman tendría un spin off en streaming. De hecho, parecía imposible imaginar al proyecto de Matt Reeves y Robert Pattinson como la cabeza de una franquicia en expansión. Sin embargo, en tiempos de crisis para los grandes estudios cualquier propuesta económicamente rentable puede ser objeto de explotación, exprimiendo hasta la última gota de los universos de superhéroes. Por ese motivo, El Pingüino comenzó a gestarse al calor del éxito de The Batman, con la excusa de representar un puente que enriqueciera la narrativa de la secuela a estrenarse en 2026.
Igualmente, el Oz Cobb de Colin Farrell había sido uno de los personajes más interesantes de la versión 2022 de Batman. No sólo el irlandés había logrado una caracterización atractiva del reconocido villano, alejado incluso de las adaptaciones precedentes en acción real, sino que su arco presentaba grandes posibilidades de crecimiento a futuro. Tanto en The Batman como durante parte de El Pingüino, Oz era un engranaje de mediana importancia en el entramado de poder de las grandes familias mafiosas de Ciudad Gótica. Aunque gozaba de cierta autonomía para dirigir a los eslabones más bajos de la organización, realmente nunca tuvo la confianza de sus jefes a raíz de su historial de traiciones y sus delirios de grandeza. El problema fue que, en este escenario, el puntero se lanzó hacia la cima del poder criminal en Gótica y nadie tomó en serio el peligro que representa alguien que tenía nada que perder.
El Pingüino inicia días después de la inundación que había arrasado los barrios populares de Ciudad Gótica en el final de The Batman. Una noche, Oz saquea joyas y material de chantaje que había quedado escondido en el destruido boliche del fallecido Carmine Falcone. Sin embargo, sus planes se arruinan con la inesperada llegada de Alberto, el heredero del imperio criminal, a quien Oz ejecuta por haberlo insultado. Este hecho desata una serie de guerras entre las dos grandes familias de Gótica (Falcone y Maroni), en el interior del clan Falcone y entre las mafias que controlan la distribución de drogas en los barrios. En este orden, Oz desplegará un juego de alianzas y traiciones con el objetivo de convertirse en el capo supremo de la ciudad.
Más allá de su pertenencia al universo de Batman, la miniserie mayormente se desarrolla alejada del subgénero de superhéroes. Si The Batman había presentado una notoria influencia del policial con sello de David Fincher (Pecados capitales y Zodíaco), El Pingüino se mira en el espejo de las historias de mafia, como Los Soprano, El Padrino o Scarface. En ese orden, el costado más atractivo del relato pasa por la lucha por el poder o las intrigas palaciegas en el interior de la familia Falcone. Por ello, hay espacio para los grandes cónclaves o para la puesta en escena de operaciones donde la verticalidad se respeta a rajatabla y se defiende con la vida. Al mismo tiempo, la historia también respira en ciertos rituales y tradiciones que dan cuenta de un estilo de vida, como aquella cena, anécdotas mediante, que comparten dos viejos rivales mientras traman juntos una venganza contra un nuevo enemigo en común.
En contraposición, El Pingüino posee algunas subtramas deslucidas y resoluciones apuradas o fallidas que opacan la propuesta. En primera instancia, existe una necesidad de exponer la complejidad psicológica de un personaje que siempre fue la representación de la maldad. Si bien queda claro que Oz apuntala su deseo de poder y trascendencia desde sus delirios de grandeza, los autores indagan en su pasado para justificar su presente. Para humanizarlo, se profundiza en el vínculo con su madre Francis, quien padece un grave cuadro de demencia, aunque el avance de la historia dará cuenta de los secretos de esta relación. Asimismo, la evolución de su alianza con Vic, un ladrón adolescente olvidado por las instituciones, trata de dotar a Oz de un halo de bondad tan innecesario como inverosímil. Justamente, ambos arcos se encuentran entre lo menos interesante de la miniserie, narrativamente forzados y casi nunca logrando el pretendido tono de sensibilidad y amabilidad que se desea imprimir.
En materia de resoluciones fallidas, varios de los conflictos más importantes de la temporada concluyen de manera abrupta o anticlimática. Incluso, en algunos de estos pasajes se intenta jugar con el humor, pero la falta de timming provoca que la escena en cuestión pierda sentido e irradie vergüenza ajena. No obstante, que El Pingüino haya concluido como una experiencia positiva se debe principalmente a sus protagonistas. Más allá de la solidez de Farrell, quien compuso a un Oz atractivo, tan encantador y divertido como despreciable e irredimible (a pesar de algunas escenas sobreactuadas en el último episodio), el trabajo de Cristin Milioti una vez más resultó excelente. En una cruzada similar al de su viejo chofer, Sofia Falcone regresaba al juego de tronos de Gótica llena de su ira y resentimiento por la traición de su familia. A partir de una interpretación sobria y plagada de matices, el arco de Sofia, coronado con el mejor capítulo de la temporada, enriqueció la propuesta narrativa de manera exponencial. Allí se configuró el único personaje que estuvo a la altura de Oz, por su inteligencia, su perseverancia y su imprevisibilidad. Justamente, esta última característica se vincula al aspecto más sobresaliente de El Pingüino: más allá de los sofisticados y elaborados planes, en algún momento todo salía mal y había que improvisar sobre la marcha. En esos escapes a las corridas, a los tiros, en el insólito éxito de esos planes increíbles, la serie halla su costado más lúdico y autoconsciente con un espíritu propio del cartoon o la comedia slapstick. Y en esos momentos uno olvidaba al puntero traidor y miserable para disfrutar de las aventuras de El Pingüino.

