Uruguay-Argentina-Chile, 2024, 91′
Dirigida por Pablo Stoll.
Con Azul Fernández, Malena Villa, Débora Nishimoto, Daniel Hendler, Agustín Silva y Sebastián Iturra.
El círculo
El Tema del Verano, la nueva película de Pablo Stoll, es una comedia de zombies que no cesa de tomarse en chiste a sí misma. Una actitud que muchos críticos suelen destacar del cine de género al que se le destaca esta cualidad en relación al cine de autor dominante en el mundo. Pero este lugar común contiene, al menos, un error de concepto. La comedia suele ser efectiva cuando se toma con la más absoluta seriedad el evento más disparatado que se nos pueda ocurrir. La seriedad, además, es una actitud que no debe confundirse con la solemnidad, está más bien relacionada con la rigurosidad, el conocimiento y la puesta en práctica de un artefacto estudiado previamente y experimentado en rodaje. Cuando una película no se toma en serio a sí misma es porque se considera más cercana a un sketch que a una película. Se habla mucho de que los aspectos lúdicos o imaginativos de una puesta en escena, cabe destacar entonces que ese juego consta de una seriedad innegociable.
En el terreno del sketch la película de Stoll puede, quizás, sentirse más cómoda. Porque solo debe brindarle al espectador la estructura del chiste, sin el gran problema del punto de vista. El Tema del Verano tiene la estructura de Del Crepúsculo al Amanecer, en el que una trama policial, de cierta intriga, se corta a la mitad para dar paso a un desastre apocalíptico. En el caso de la película de Stoll su trama de viudas negras estafando artistas truchos se trunca para dar paso a un apocalipsis zombie. Pero ni la expectativa resulta intrigante ni la ruptura sorpresiva.
La ausencia de esos sentimientos se explica en la falta de decisión constante que tiene la película. No tomarse en serio implica, en este caso, no decidirse, ser amorfa en lugar de rigurosa, contener en sus escenas diálogos sueltos que refieren a otros que nunca se dijeron o presentar una acción encima de la otra y nunca encontrar la relación entre ambas (sería confuso incluso preguntarse por las motivaciones de los personajes, el espectador avanza a ciegas por un mar elástico de dudas). También hay que decir un un sketch suele durar poco más que unos minutos y que sus estructuras no suelen ser tan ambiciosas. Quizás por eso Stoll no consigue un tono para sus escenas. La duración y la estructura le exigen una variación de tono que no puede regular de un modo eficiente en toda la película. En una escena una de las protagonistas descubre que su potencial víctima tuvo intentos de suicidio. El joven se lo explica diciéndole Uruguay es uno de los países con tasa de suicidio más alta. Ella al parecer empatiza con él (aunque la actriz no se haya enterado) y guarda la droga. Pero inmediatamente después le rompe una botella en la cabeza. No sabemos si la empatía no fue tanta, el botellazo es menos dañino que la droga o si todo fue un gran chiste que al espectador se le pasó por alto. Esto describe en buena medida lo que pasa con El Tema del Verano: puede que todo sea simplemente un chiste mal contado. Sobre todo sus absurdos comentarios políticos verbalizados en esa estadística uruguaya y en la conspiranoia del personaje de Daniel Hendler (nobleza obliga: la película cambia radicalmente cuando aparece y hasta parece que estamos asistiendo a una escena cuando comienza su perorata).
No obstante, a partir de cierto momento la película se propone destruir lo construido en la escena anterior. Desde que llegan los zombies la película se vuelve susceptible al cambio constante, todos sus elementos son tan frágiles de antemano que tampoco estos cambios son significativos. Hay una escena que nos muestra un mes después como conviven los protagonistas con sus amigos zombies, en la escena siguiente van a morir, pero esa escena tampoco nos presenta una resistencia ante la muerte. Todo es pasado por alto y dado por sentado. En ese sentido la película me recuerda a Scary Movie que sistemáticamente presenta personajes que van a morir con rapidez. Scary Movie sería el perfeccionamiento del sketch llevado al cine. Quizás porque la película no es un sketch sino que cada escena es un sketch y juntos, uno al lado del otro, forman una película fragmentada y con muchas estructuras independientes. Eso quizás le permite a la película tener una forma y poder manejarla. El Tema del Verano es amorfa, no tiene una forma aplicada a su estructura. Por el contrario su estructura es lo único identificable, por dos elementos muy concretos que son la circularidad (termina como empieza) y la importación de la película de Robert Rodriguez.

