El vengador tóxico

Por Santiago Gonzalez

The Toxic Avenger
EE.UU., 2025 102′
Dirigida por Macon Blair. 
Con Peter Dinklage, Kevin Bacon, Elijah Wood, Jacob Tremblay, Taylour Paige, Luisa Guerreiro, David Yow, Julia Davis.  

Nada personal

Confesiones de un cinéfilo: Nunca pude entrar en el código de la Troma (para quienes no lo saben se trata de una de las más célebres productoras de cine clase Z fundada en 1974 que tiene entre sus logros haber inventado a James Gunn como director y guionista). No le encuentro la gracia al delirio visual, la precariedad de sus efectos y el entregarse a la tontería narrativa que los caracteriza. Prefiero leer sobre la productora, sobre sus jefes, Lloyd Kaufman y Michael Herz, y lo que representaron: haber comenzado siendo una productora del montón en los 70s hasta lograr encontrar una identidad propia -más allá de algún logro momentáneo en el terror con películas como Día de la madre (1980)- transformando un terror que no escatimaba humor negro a una alternativa abiertamente satírica, una suerte de gore cómico mutante que transformó la manera de pensar al género en la plena era del conservadurismo político de Reagan.

La Troma, por lo tanto, funcionaba como alternativa si uno se cansaba del cine de John Carpenter y George A. Romero. Eso pasaba porque esta pequeña productora no caía en la discursividad previsible de algunos maestros de los 70s. Sus películas eran, por el contrario, degeneradas, degradadas. Era precisamente en esa falta de pretensión donde residía su mirada política, la cual se mantuvo a lo largo de su historia posterior aunque no con la misma potencia que en los 80s y 90s. De esa manera, a fuerza de cagarse en todo, generaron su propio universo, una mirada cosmopolita donde se satirizaba a la historia del cine, si, pero siempre desde un lugar trash, descastado.

La película que consiguió fundar esa identidad fue El vengador tóxico (Herz-Kaufman, 1984), película que supo mostrar el lado putrefacto del cine de vigilantes —tan en boga por aquellos años— pero también la homogeneidad de los cuerpos, presentándose como una alternativa a La venganza de los nerds (Jeff Kanew, 1984).

Entonces, ¿por qué no me gusta lo que propone la compañía cuando presuntamente, si se guían por mis palabras, debería? Es que, simplemente, el grotesco por el grotesco mismo termina agotando el recurso. Es probable que por ese motivo, ya para finales de la década del 90 la compañía se haya quedado sin ideas, terminando por estandarizarse en la comodidad del regusto por el cine bizarro que reapaece en ese período de años en los que el cable permitió la expansión y una nueva vida a muchas películas clase Z completamente olvidadas.

Esa estandarización no es ajena a esta nueva versión de El vengador tóxico,en este caso dirigida por Macon Blair —más conocido por haber actuado en Green Room (2015)— y con actuaciones de Kevin Bacon, Elijah Wood y Peter Dinklage. Digo «estandarización» porque lo que ofrece esta película, a esta altura de los acontecimientos, ya se vio una y mil veces, incluso en mejores películas de la misma Troma. La parodia del cine de superhéroes, en este sentido, se percibe vieja, a destiempo. Por eso lo que queda es una pieza que dura casi dos horas, con algún momento inspirado (su comienzo, la transformación, la lucha contra los villanos), pero que también es limitada, como si el mismo director quisiera hacer su versión de la Troma sin jugársela del todo por una mirada realmente personal.

Sí, hay bichos. Si, hay sangre. Si, hay momentos lisérgicos, pero también hay algo tan calculado, como el hecho de tener a Kevin Bacon como guiño a los ochentas. Es como si en el fondo necesitara desesperadamente gritar que es bizarra, que la clase Z no murió pero que ahora sobrevive con 100 veces más presupuesto. En ese cálculo de lo que «debería ser» una película de Troma es donde El vengador tóxico termina perdiéndose en su impersonalidad.

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