Redux Redux
EE.UU. , 2025, 109′
Dirigida por Kevin McManus & Matthew McManus
Con Michaela McManus, Stella Marcus, Jeremy Holm, Jim Cummings, Taylor Misiak, Grace Van Dien, Debra Christofferson, Dendrie Taylor, Ely Henry, David Terrell, Derick Alexander, Bridge Stuart, Hilty Bowen, Dan Perrault, Jerod Haynes, Angel Dillemuth
Una cuestión de familia
Casi por lógica, el estreno en HBO Max de Matar, vengar, repetir pasó bastante desapercibido. Estamos hablando de un film pequeño e independiente, sin nombres conocidos involucrados y que fue lanzado por la plataforma sin mucha pompa, porque encima no era una producción propia. Pero no deja de ser una pena, porque es un thriller que se merecía más atención, no tanto porque sea renovador -al fin y al cabo, apela a varios elementos argumentales y estéticos ya comunes y transitados-, sino porque encuentra un abordaje áspero y sombrío, pero que consigue esquivar con habilidad lo solemne.
El de Matar, vengar, repetir es un proyecto familiar en varios sentidos. Primero, porque está dirigida y escrita por los hermanos Kevin y Matthew McManus, quienes a su vez le dan el protagónico a su hermana, Michaela McManus. Y segundo, porque es una película cuyo tema de fondo, bastante explícito por cierto, es la maternidad y sus formas de expresarse. El relato sigue a Irene, una mujer que viaja por mundos paralelos, muy parecidos pero no necesariamente iguales, encargándose de matar en cada uno a un tipo llamado Neville (Jeremy Holm), quien asesinó a su hija, utilizando para ello un dispositivo interdimensional bastante elemental y del que se dan pocas explicaciones. El film se encarga de informarle de esto al espectador a partir de una sucesión de secuencias brutales, pautadas por lo fragmentario y que progresivamente van cobrando sentido. No se trata tanto de detallar lo que hace Irene como de las consecuencias que tiene para ella, como ese acto repetitivo, obsesivo y hasta mecánico la destruye y degrada internamente. Es desde el montaje que los McManus consiguen explicitar la sed casi adictiva de venganza de la protagonista, la oscuridad y soledad que la atraviesan, y cómo cada una de sus acciones está marcada por una pérdida imposible de reparar.
Esa rutina vengativa y homicida de Irene cambiará (o por lo menos entrará en crisis) cuando se tope con Mia (Stella Marcus), una joven que iba a ser la siguiente víctima de Neville. Al igual que Irene, Mia carga con un montón de cicatrices y ansias de revancha: es un espejo que la interpelará desde el primer encuentro entre ambas. Y si la relación que entablan inicialmente es forzado y problemático, con varias idas y vueltas, también cobrará paulatinamente un sesgo materno-filial que les permitirá recuperar algo de humanidad. Sin embargo, también deberán luchar contra ese mundo, o más bien ese conjunto de mundos paralelos en los que se mueven, en los que casi siempre hay cosas terribles a punto de suceder. En esa contraposición entre lo afectivo y lo horroroso es donde Matar, vengar, repetir cobra mayor potencia y ambigüedad.
Los hermanos McManus son conscientes de que el entramado argumental de su film requiere de una predisposición considerable del espectador y que hasta puede coquetear con el absurdo. Por eso no se enredan demasiado en explicaciones a lo Nolan y en cambio apuestan a construir un verosímil sustentado en la violencia. A la vez, conocen lo suficiente las normas del policial y del drama moral para conectarlas apropiadamente con un puñado de imaginarios básicos de la ciencia ficción. Lo que les importa narrar, al fin y al cabo, es la historia de una mujer que encuentra en alguien la chance para superar la pérdida, cerrar el duelo y seguir adelante. Y, por suerte, encuentran en su hermana a la actriz adecuada para un personaje con el que se puede empatizar desde las desgracias que sufre, lo cual no la hace necesariamente simpática, y que solo a partir de la conexión con una igual es que toma real consciencia del rumbo autodestructivo que ha emprendido.
En los minutos finales, por más que Matar, vengar, repetir cae en algunas situaciones forzadas, es capaz de hallar el giro apropiado para un proceso de redención que no niega el dolor y hasta la tragedia. Eso le permite redondear una historia pequeña y a la vez ambiciosa, que coloca a los McManus, realizadores y actriz, en lugares a tener en cuenta en el futuro.

