Código Venganza

Por Patricio Beltrami

Tin soldier
Estados Unidos, 2025, 86’
Dirigida por Brad Furman
Con Scott Eastwood, Jamie Foxx, Nora Arnezeder, John Leguizamo, Rita Ora y Robert De Niro.

Estrés postraumático

¿Cómo seguir después de un evento tan traumático que podría afectar el resto de tu vida? Sin dudas esta pregunta vendrá a la cabeza de los espectadores de Código venganza. Este intento de reflexión sobre la violencia, el abandono institucional y la crítica a las facciones antisistema que afloran en Estados Unidos transcurre entre una narración desprolija y la acumulación de lugares comunes propios de lo peor de la acción y lo bélico. Extremadamente solemne y con una puesta en escena bastante perezosa, el largometraje pretende conmover desde lo más bajo de la moralina a través de una narración insostenible.

Código venganza relata la redención de Nash Cavanaugh, un ex militar estadounidense que vaga borracho por las calles de un pueblo. Sin embargo, sus días cambian cuando le ofrecen la oportunidad de vengar la muerte de su esposa Evoli. Para ello, deberá infiltrarse en un complejo repleto de mercenarios y veteranos de guerra radicalizados para eliminar al Bokushi, líder de una secta de la que él mismo había formado parte en el pasado. Más allá de las dudas sobre la misión y de sus limitaciones por padecer estrés postraumático, una revelación lo convencerá de aceptar el desafío: Evoli podría estar viva.

El primer gran problema que posee Código venganza se encuentra en el orden de lo narrativo: nunca se entiende la real naturaleza de la secta enemiga. A partir de esa falta de claridad, la historia se vuelve confusa, incluso por momentos adrede para sumergir al espectador en el desequilibrio que padece el protagonista. Ante ello, Brad Furman contribuye a que la experiencia se vuelva cada vez más caótica con la inserción de flashbacks y pasajes oníricos que vuelven indescifrable a un relato demasiado básico. Como si eso no bastara, la puesta en escena de las secuencias de acción y combate resulta fallida entre el abuso de movimientos de cámara desaforados y juegos de luces desprolijos y confusos.

Más allá de los lugares comunes acumulados, Furman dispone de varios recursos para que la historia se vuelva por momentos insoportable. En primera instancia, la narración del protagonista sobre los sucesos, sus recuerdos y emociones refuerza el clima de tedio y solemnidad de la película, más allá de su sesgo patriotero y moralista. Otro punto bajo de la producción son las interpretaciones: el insoportable villano caricaturesco de Jamie Foxx, el enésimo funcionario oscuro en la piel de un Robert De Niro menos que a reglamento y el desencantado héroe de Scott Eastwood. Más allá de una breve secuencia romántica bien lograda, Código venganza no presenta aspectos humanos y lo único que le produce al espectador es un estrés postraumático cinematográfico.

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