Hombre en llamas

Por Patricio Beltrami

Man on fire
Estados Unidos, 2026, siete episodios de aproximadamente 45’
Creada por Kyle Killen
Con Yahya Abdul-Mateen II, Billie Boullet, Scoot McNairy, Alice Braga,Thomás Aquino, Iago Xavier, Jefferson Baptista, Bobby Cannavale y Elizabeth Leiner.

Menos fuego que anafe viejo

La nueva adaptación de Hombre en llamas se encuentra muy lejos del largometraje de 2004. Más allá de la diferencia de formatos, la distancia entre ambas producciones, por momentos abismal, obedece a problemas de la serie en términos narrativos, principalmente de guion, interpretaciones y construcción dramática. Más allá de algunas secuencias de acción logradas desde la corrección de la puesta en escena, la historia y el protagonista carecen del fuego que se pregona desde el título. Ante ello, resulta imperdonable que este hombre en llamas tenga menos fuego que un anafe.

Basado en la novela de A.J. Quinnell, Hombre en llamas relata la redención de John Creasy, un agente de la CIA retirado tras haber presenciado la ejecución de sus compañeros durante una misión fallida en México. Años después, perdido en el alcoholismo y tras un intento de suicido, su viejo colega Paul Rayburn le ofrece una oportunidad para encauzar su vida: un trabajo de seguridad en Río de Janeiro para investigar una trama de corrupción aún incierta. Cuando Rayburn y casi toda su familia mueren en un atentado junto a otras seiscientas personas, Creasy y Poe, la hija adolescente de su amigo, comienzan a huir por toda la ciudad mientras intentan desenmascarar a los culpables del crimen.

Si bien la película de Scott estaba lejos de ser una historia de acción perfecta, la serie de Netflix falla en su intento de aggionar el relato. Mientras que el largometraje de 2004 explotaba una problemática social para construir la venganza, en esta oportunidad se recurre a meros lugares comunes y estereotipos de las grandes urbes latinoamericanas: políticos corruptos, agentes de inteligencia todopoderosos, bandas delictivas marginales y la favela como tierra de nadie. A esta caracterización se agrega que el tono de la historia por momentos tiene más semejanza a la saga Rápidos y Furiosos (cuya quinta entrega transcurre en Río de Janeiro) que a relatos de géneros vinculados a la serie, como acción, venganza o espías.

De hecho, el John Creasy modelo Yahya Abdul-Mateen II está más cercano de la linealidad y la superficialidad de Dominic Toretto que de cualquier otro héroe de acción (resulta innecesaria la comparación con Creasy sólido, carismático y humano de Denzel Washington). De manera extremadamente deslucida, el intérprete compone a un protagonista iracundo y traumado por su pasado. Por eso termina quitándole matices a un personaje que debería evolucionar hacia la redención tanto desde sus actos como desde su caracterización. Ante ello,se vuelve extraño que este ex agente parco desarrolle una relación con la hija de amigo, con quien no sólo no comparte demasiado tiempo de calidad a lo largo de los siete capítulos, sino que también descuida constantemente en su rol de guardaespaldas / protector. En ese sentido, el cambio de Creasy luce apresurado, más a medida de las necesidades narrativas que de una trayectoria coherente con el relato.

A las actuaciones entre mediocres y correctas (sobresale un rato de Bobby Cannavale a puro oficio y carisma) se suman los problemas narrativos. En primera instancia, siete episodios resultan demasiado extensos para lo que se quiere contar. En consecuencia, varias subtramas de personajes secundarios se extienden demasiado en el metraje, al tiempo que ciertos se apela a sumar acontecimientos centrales que terminan aportando poco y nada al conflicto. Además, la apuesta al montaje alternado parece desaprovechada a la hora de generar tensión en instancias clave de la historia. No obstante, la peor faceta que posee esta propuesta es la falta de fuego de este hombre en llamas, quien entre ataques de pánico y arrebatos de ira a pedir del guion encara una venganza personal como si fuera una misión más de su carrera militar o un acto reparador de justicia por su amigo asesinado.

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