Fear Street: Prom Queen
EE.UU., 2025 88′
Dirigida por Matt Palmer.
Con India Fowler, Suzanna Son, Fina Strazza, Chris Klein, David Iacono, Ella Rubin, Ariana Greenblatt, Lili Taylor, Katherine Waterston, Darrin Baker, Rebecca Ablack, Ilan O’Driscoll, Damian Romeo, Dakota Taylor, Eden Summer Gilmore, Brennan Clost, Cecilia Lee, Joanne Boland.
I’m just a girl
Nostalghia. Fear Street: Prom Queen no debería funcionar. Y de hecho no funciona. Se trata de uno de esos productos identitarios que Netflix impone, planteando una estrategia bastante elemental, apuntando a desarrollar un tono a copiar, en este caso la década del ochenta, algo muy en boga (con un comienzo allá por 2014, con Stranger Things, y hoy un poco aletargado en su ímpetu). Todo esto, como se imaginarán, se traduce en un verdadero exceso de detalles de aquella época (o al menos lo que pretende que pensemos que podría haber sido aquella época), remarcándonos, de forma repetida, que estamos casi cuarenta años atrás. Las herramientas son vastas: clásicos musicales, afiches de películas, luces de neón, peinados locos…y, como no podía ser de otro modo, puesto que se trata de uno de los subgéneros más exitosos entre 1978 y 1987, estamos dentro de un slasher hecho y derecho.
No te lo tomes demasiado en serio. De más esta decir que hay algo que no nos cierra en esos actores con rostros taaaaan del 2025 que tienen imitar una serie de modismos y un habla ya perdido, lo que hace que nuestro acercamiento a FS:PQ esté rondando todo el tiempo entre lo cínico, lo cómico y lo paródico (un gesto de desprecio muy propio de esta nueva camada de neo-slashers de la última década, que a diferencia de los neoslashers post-Scream de los primeros dosmiles, en estos casos necesitan situarse en el pasado, no tienen lugar en el presente), que si bien miran con amoral género, también, en su distancia burlona no se toman demasiado amorosamente a ese subgénero. Podría incluso mencionarse que FS: PQ prosigue una lógica serial típica del cine de plataformas, estrategia un poco banal para mantener al público consumidor de una historia aun mas grande, aunque en este caso no lo necesite.
En un lugar del corazón. Así las cosas -y con todas as contras que planteamos previamente- Fear Street: Prom Queen funciona porque el corazón, aunque sea por una vez en estos neoslashers cancheros, está en el lugar correcto. Por empezar -hecho no menor- por el mismo motivo que quizás busque todo amante de subgénero: no se propone a reinvención de la rueda sino, apenas, ser un slasher con inicio y fin, sin trucos ni vueltas, sin la necesidad de andar dejando cabos sueltos para resolverse a futuro. Segundo, porque al respetar a rajatabla sus lugares comunes lo que queda es entregarnos al artificio del subgénero y no a la autoconciencia canchera de conocerlo y por saber sus reglas creernos más que él: nos importa el slasher porque nos gusta y FS: PQ es sólo eso, un slasher del montón, si, pero a veces con eso solo es mas que suficiente. Tercero porque mas allá de sus imposiciones y actores cuyos rostros y registros actorales claramente no van con la época a la que se nos remite, la película se toma su tiempo para avanzar, sin prisa pero tampoco sin pausa, incluso un poco en contra de la moda nostalgica y en todo caso más cerca de un modo de narrar de los 80s poco funcional para el presente, incluso en ese sentido, similar a Prom night (1980) un clásico slasher de casi medio siglo, cuya construcción narrativa estaba divida en dos. Una primera parte con un asesino dando vueltas y con una exposición de personajes, y luego una segunda mitad que se entregaba al frenesí del subgénero. En este sentido, salvando las distancias, Prom Queen es similar aunque se regodee innecesariamente en los conflictos adolescentes bien llevados por sus tres actrices principales hasta que empieza la masacre que transcurre en una noche de graduación.
Changes. No, Fear Street: Prom Queen no va a cambiar nada, tampoco parece que el cambio esté entre sus objetivos. Su destino es otro, quizás el olvido, no lo sé. Como pasó con una y mil películas y con uno y mil slashers a lo largo de la historia del cine. Pero por una vez, como cada tanto sucede con las películas que no están destinadas a la memoria del pasado sino al presente del disfrute, ese corazón se impuso ante tanta estética prefabricada y calculada al milímetro.

