PERRO BLANCO | NÚMERO 107 | FEBRERO / 26

Por Federico Karstulovich

Recuerdos del futuro pasado

Algunos años atrás, en este editorial hablamos del cambio acelerado en el proceso de consumo por parte de los espectadores, reconvertidos en esa porquería llamada usuario. Pero el problema empeoró. Ya no se trata solo de un cine atravesado por el deep faking como lo era hace apenas un lustro (como ya lo veníamos anticipando casi proféticamente en este podcast). Estamos frente a un cine capaz de cumplir casi cualquier sueño sin que se note demasiado que la manufactura es completamente artificial, prescindiendo de rodajes, artistas, técnicos. Herramientas como Seedance 2.0 (utilizada en este corto promocional de una inexistente película con Tom Cruise y Brad Pitt) es todavía mayor a las posibilidades que supone Deepmind (que es la herramienta que usó Darren Aronofsky para su serie On This day…1776), básicamente porque no solo utiliza imágenes generadas por hibridación (es decir, la pérdida absoluta del origen y la percepción de deja vu para nosotros como espectadores), sino porque abiertamente utiliza a estrellas cuyas imágenes pertenecen al territorio del derecho de autor.

Pero olvidémonos de los tecnicismos de rigor, ya que el problema legal que nos excede. Si la experiencia de las intensidades tecnológicas jugadas como piezas en un ajedrez especulativo podían formar parte de un estadio de transmodernidad acelerada, lo que presenta la industria audiovisual de la inteligencia artificial aplicada a la finalidad de los sueños (básicamente cualquier cosa puede representarse acorde a los deseos y la disponibilidad imaginativa del prompter) es una especie de telomodenidad onírica (o una modalidad aplicada a una finalidad de los sueños) o una suerte de telomodernidad deseante (en donde el fin está determinado por un a priori del deseo de representación). Pero probablemente terminemos hablando de la promptmodernidad (que nuclea el eje básico de la inteligencia artificial: el prompting como un sistema de orientaciones y órdenes que puedan operar sobre una base existente para representar, a partir de hibridaciones, cosas inexistentes pero que nos suenan, como si se tratara de un deja vu).

¿De qué estamos hablando? Básicamente del futuro. No solo del cine, sino de nuestras vidas laborales y productivas en un contexto de cambio a velocidades ultrasónicas. En este sentido, probablemente, el quinquenio 2025-2030 sea el de la fundación de una estética promptmoderna, que incorpore al pasado ya no para citarlo, ya no para homenajearlo, sino para reescribir, hauntológicamente, una nueva versión del mismo, como si hubiéramos abierto grietas a universos paralelos. Ya no solo es el ingreso a un cine de futuros pasados, sino un cine de la imposibilidad posible, por lo tanto, una anulación del deseo y expectativa, una suerte de fin anticipado.

¿Qué nos espera? No lo sabemos. Pero por lo pronto lo nuevo será la ausencia de lo nuevo  

SUMARIO

ESTRENOS COMERCIALES EN SALAS
Hamnet
El vengador tóxico
Arco
Caminos del crimen
Cumbres borrascosas
Romería
El sonido de la muerte
¿Está funcionando esto?
La historia del sonido
Líbralos del mal
Parque Lezama
Nuremberg
Scream 7

ESTRENOS INDEPENDIENTES EN SALAS
El tema del verano
The Souffleur

ESTRENOS EN PLATAFORMAS
Ella McCay: imperfectamente perfecta
No other land
Ojo por ojo
Eternidad
El vínculo sueco
El engaño
En un abrir y cerrar de ojos
Sisu: camino a la venganza
Paul McCartney: Man on the run

TV Y SERIES
Unfamiliar
Vecinos
Portobello
El caballero de los siete reinos
Blossoms Shangai

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