The Pitt S02
Estados Unidos, 2026, 15 episodios de 44′ a 53′
Creada por R. Scott Gemmill.
Con Noah Wyle, Patrick Ball, Katherine LaNasa, Supriya Ganesh, Fiona Dourif, Taylor Dearden, Isa Briones, Gerran Howell , Shabana Azeez, Sepideh Moafi
Un duro día de laburo
La primera temporada de The Pitt estuvo concentrada en uno de esos días que marcan para siempre la carrera de cualquier profesional y más de un médico: uno totalmente excepcional, en donde se combinan un evento fuera de lo común (un tiroteo masivo) con la primera jornada de los residentes. El resultado era explosivo tanto desde lo laboral como desde lo personal, y representaba al mismo tiempo una exploración notable de las implicancias de la profesión. Pero la segunda temporada, sin ir por completo en sentido contrario, representó una apuesta distinta: el día que tocó ver fue uno particularmente difícil y agotador, pero no necesariamente inolvidable, y el tono fue mucho más introspectivo, con los protagonistas mirándose para adentro mientras los casos se apilan.
Esta introspección fue particularmente notoria en el personaje principal, el Doctor Michael “Robby” Robinavitch, al que Noah Wyle vuelve a interpretar de manera notable. Progresivamente, capítulo a capítulo, esta segunda temporada de The Pitt mostró al personaje en una crisis que va más allá de las pérdidas o dilemas laborales: lo vemos, en cambio, enfrentado a un abismo donde se interroga sobre su propia existencia, que no parece tener un real sentido más allá de esa sala de urgencias que dirige con mano de hierro. Por eso ese viaje en moto de tres meses que le espera al final de la jornada, que es al mismo tiempo una forma de huida hacia “cualquier lugar”, como él mismo confiesa, y que en verdad no tiene un retorno asegurado. Por eso también los diversos cuestionamientos que le aparecen por parte de sus compañeros, subordinados y discípulos: porque su voluntad controladora, que le sirve para lidiar con su malestar interno, es también la fuente de malestar en los demás.
Si Robby quiere controlar todo y eso, obviamente, se le revela como algo imposible de concretar, al resto de los personajes les sucede algo parecido, en parte porque ese es quizás uno de los tópicos de fondo de la serie. Todos quieren manejar todo, cada uno a su modo, y buena parte de los conflictos se desatan por esta razón. De ahí que contemplemos a varios personajes enfrentados a sus limitaciones, a la toma de consciencia de que la profesión médica es inevitablemente insatisfactoria, que ese lugar en el que trabajan y que en parte los define es una fuente de neurosis constante. Y si hay varios, como Mohan (Supriya Ganesh) y Javadi (Shabana Azeez), que evalúan irse o cambiar como única forma de solución, otros, como Langdon (Patrick Ball) y Dana (Katherine LaNasa) solo conciben el eterno retorno y la permanencia contra viento y marea. Es que The Pitt no deja de ser una serie sobre gente que no tiene del todo claro cuál es la diferencia entre el padecimiento y el disfrute. Esa ambigüedad, esas fronteras difusas entre sensaciones que deberían ser opuestas, se constituyen en una de las fortalezas de la serie creada por R. Scott Gemmill y producida por John Wells.
A su modo, The Pitt es claramente un producto multitarget, que interpela a toda clase de públicos y expectativas. Si uno quiere ver tours de force actorales, lo que Wyle es más que suficiente y a la vez una parte de una enorme oferta. Si le interesa lo formal, acá hay una puesta en escena de notable sofisticación a partir del uso del movimiento y la profundidad de campo. Si busca un drama centrado en los personajes, la galería es tan diversa que se hace difícil quedarse con un favorito. Si va por la lectura social, la serie puede ofrecer un capítulo polémico y hasta problemático, como en el que aparecen unos agentes de control migratorio, o decir un montón de cosas con apenas un plano, como el de los fuegos artificiales en el último episodio, que habla sobre un país y una ciudad, además de su presente. Hasta hay lugar para la comedia, a partir de un humor negro que irrumpe cuando menos se lo espera y siempre acertando. Pero The Pitt no logra esto desde el cálculo o la remarcación, sino desde una combinación sutil entre “el caso de la semana” (que acá es de una hora) y otros que atraviesan toda la temporada, o más bien toda la jornada. Y encuentra la reflexividad justa, esa que nace de frases punzantes en medio del vértigo (“doctor the fuck up” es ya una frase para la Historia), pero también de diálogos y monólogos repletos de honestidad. Como la última escena de la temporada, en la que Robby le habla a un bebé que fue abandonado y a sí mismo, y también a nosotros espectadores, en un momento confesional demoledor. Así cierra un día que parece eterno y que a la vez es uno más. The Pitt es como la vida misma y también una serie única.

