768923 – Una historia que no merece ser contada

Por Luciano Salgado

Argentina, 2025, 95′
Dirigida por Federico Benoit
Con intervenciones de Fernando Martín Peña, Victoria Chaya Miranda, Marcelo Piñeyro, Martín Slipak, Sandra Gugliotta, Elizabeth Vernaci, Sergio Wolf, Federico Karstulovich

Una fiesta sin música

Con 768923 se hizo algo de justicia con respecto a una película a la que le tengo un particular afecto, en especial por el modo en el que fue maltratada en su momento (algo que es motivo de uno de los segmentos de este documental), que fue 768903, la película de Cristian Bernard y Flavio Nardini sobre la circularidad (o mas bien el loop) del monstruo argentino. Tal y como lo hablábamos con Fede Karstulovich (de estelar participación como entrevistado en 768923, junto con otros críticos y espectadores de la película de origen), hay algo que funcionó mal con respecto a la recepción de 768903, algo con lo que concuerdo con Fede. Y es que aquella película, contraria a ser un panegírico de la argentinidad como identidad cultural, parecía expresar lo contrario: la necesidad de exorcizar una serie de lugares comunes a partir de su exacerbación, de su hipérbole.

Por eso concuerdo en que es una película del 2000 pero que parecía tomarle el pulso a 1991, como si estuviera clausurando un tipo de cine (el de los 80s y el grotesco), pero también intentando cerrar una época histórica (los 90s y la cultura menemista, que quedaría demodé un año después, con la crisis del 2001). 768903 lo hacía a partir de un formato publicitario, exagerado y demencial que buena parte de la crítica asimiló a sus realizadores, como si no pudieran separarse las aguas entre lo que una película muestra y los responsables detrás de cámara (máxime cuando la distancia propuesta es evidente).

¿A qué viene toda esta extensa introducción? Bueno, básicamente a que 768923, se propone, como documental, entrar en las zonas en las que aquella película del 2000 había quedado petrificada para, precisamente, repensarla en una época en la que la incorrección política no es precisamente bien recibida (lo curioso es que la recepción moralista en los 2000s viniera de un medio como El Amante, habitualmente amplio de criterios, contrario a las cancelaciones, algo que terminó experimentando 76). Y al revisarla -con un espíritu para la comedia que habitualmente no suele trabajar el documental argentino, excepto en la obra de Néstor Frenkel y algunos pocos más-, 768923 hace algo más que iluminar las zonas oscuras de una película tan recordada como olvidada a la vez, sino que hace también una operación curiosa, acaso contradictoria.

Veamos: en 768923 hay todo un segmento gozoso que está directamente asociado al disfrute que podía proporcionar la película de Nardini&Bernard, justamente porque todos podían darse cuenta que se trataba de personajes deleznables e incorrectos políticamente, es decir, que no precisaban coartada alguna para su existencia o salvoconducto moral para sus directores. En ese sentido todo el anecdotario de la película es hermoso y muy divertido, pero además está narrado con velocidad y fluidez. Ahora bien…todo Jekyll tiene su Hyde. O en este caso viceversa. Ahí es donde entiendo que la película entra en una zona pantanosa que la vuelve lenta (por suerte solo en esos segmentos, que apenas afectan su totalidad, peo que cuando lo hace cambia el registro innecesariamente) y es cuando los «especialistas» (y no hablo de los críticos, ni espectadores comunes, ni de la «gente de cine») entran a escena para, en alguna manera, legitimar la moral de los directores de la película del 2000. Psicólogos, analistas académicos (o analistas plagados de academicismos), antropólogos o especialistas de índole similar dan sus opiniones sobre cómo «768903 visibilizaba lo peor del estereotipo del argentino promedio» y, curiosamente, con sus comentarios presuntamente elevados achatan a una película, que en su segmento Hyde y bestial, es una fiesta.

En ese sentido, 768923 parece haber dado lugar a una corrección política innecesaria que, contrario a revalorizar la película de origen, parece salir a discutir contra la miopía de sus antiguos detractores. Pero también, en alguna medida, otro forzamiento (del que si se hace eco su director) es llevar la lectura del 2003 al presente, apoyádose en esos testimonios academicistas («en realidad anticpaba a Milei, no al 2003»), como si la película original también fuera utilizada discursivamente en vez de ser celebrada por su característica central: cagarse en las cancelaciones y correcciones políticas de cualquier época sin necesidad de hacer sociología del cine. Por eso cuando 768923 fuerza las cosas sentimos que la fiesta se interrumpe con ruidos.

O para decirlo de otro modo: esta fiesta no necesitaba esa música. O al menos no gana nada con esas miradas y si con las que reviven a esa película que se despidió, acaso un poco tarde, de una época y un estilo (la comedia grotesca de los 80s) y a tiempo de un momento histórico (el menemismo de los 90s) sin saber que a la vuelta se engendraba un nuevo monstruo en la década siguiente, en la que Nardini-Bernard tampoco encontrarían espacio de reivindicación para su ópera prima conjunta. Si podemos convivir con esa mirada disociada que ofrece, 768923 es un gran documental sobre transiciones históricas, si, pero también sobre una época de cambios (la emergencia del nuevo cine argentino) en la que una película maldita no encontró el lugar, precisamente porque vive en un intersticio, algo que en muchos casos vuelve a las películas memorables. Que las películas vivan es mejor a que sean instrumentos.

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