Predator: Killer of killers
EE.UU. , 2025, 85′
Dirigida por Dan Trachtenberg & Joshua Wassung
Con voces de Michael Biehn, Doug Cockle, Rick Gonzalez, Damien C. Haas, Lauren Holt, Lindsay LaVanchy, Jeff Leach, Cherami Leigh, Piotr Michael, Andrew Morgado, Louis Ozawa, James Bannon, Britton Watkins
Un universo de posibilidades
Me cae bien Trachtenberg, no lo voy a negar. El tipo, con solo tres largos -dos de ellos spin offs de Depredador, que fueron Depredador: La Presa y la presente que nos convoca; y el otro también un spin off de Cloverfield, que fue la enorme Av. Cloverfield 10– se ha ganado nuestro corazón como en algún momento lo hicieran aquellos a los que supimos llamar los artesanos competentes de la tradición del Hollywood clásico. Y así como en Av. Cloverfield 10 jugaba a construir un cine cerebral (en el mejor y más hitchcockiano sentido de la palabra), y en Depredador: La presa lograba jugar a un cine físico y cerebral a la vez, en Depredador: cazador de asesinos elige jugar a un cine plenamente físico, casi sin respiro, al que aborda con las libertades imaginables de la animación que, curiosamente, atentan un poco en contra de esa materialidad prometida, acaso por la necesidad de una espectacularidad mucho más cercana al James Cameron de Avatar que al cine de John McTiernan al que el director homenajea cada vez que puede.
Digo que la animación le juega en contra al director (que aquí codirige con un ignoto, al que presiento proveniente del mundo de los videojuegos, universo con el que D:CDA comparte cierto aspecto visual, que va desde el acabado digital de los cuerpos hasta el modo en el que se configuran cada una de las historias que componen la película, casi como si fueran niveles propiamente de un juego con varias etapas más por delante) porque la manera en la que esta película incorpora ese medio de representación no parece articularse en función del despliegue físico, sino inclusive un poco por encima del mismo, como si en alguna medida necesitara forzar el virtuosismo visual todo el tiempo en pos de un espectáculo que no puede aprovecharse en plataformas como en cambio si pudiera haberse aprovechado en salas.
En alguna medida, con su movimiento hiperbólico y su virtuosismo audiovisual a flor de piel, precisamente, es cuando D:CDA revela que su interés es mucho menor en la presupuesta autonomía de los materiales con los que cuenta y, por el contrario, mayor en el orden de un conglomerado de señas que se dirigen a un plan mas grande (que como dije creo que conecta con el imaginario de los videojuegos), que es la construcción de franquicia transmedial, es decir -otra vez sopa- la creación de un universo narrativo explotable a futuro y sin límites mientras la máquina funcione.
La industria, esta vez, como antas otras, un paso adelante en el plan de negocios. El cine, un poco más atrás, rogando subsistir.

