Harpia (acecho maligno)

Por Santiago Gonzalez

The Beldham
EE.UU., 2024, 85′
Dirigida por Angela Gulner
Con Catherine Parker, Patricia Heaton, Emma Fitzpatrick, Corbin Bernsen, Angela Baumgardner, Sabreena Iman, Thesa Loving

0.2

Se hace difícil la innoble tarea de ver una película que ya desde el principio te explica su título y sobre lo que va a tratar y cómo debe interpretarse. Y así las cosas, aquí estamos. Asumiendo mi tarea, hoy me toca enfrentarme a Harpia (acecho maligno) un título imposible en español del autoexplicado The Beldham en su idioma original (nombre mucho más intrigante, más allá de su redundancia explicativa).

La cuestión es que, a primera vista, podríamos pensar que The Beldham es El bebé de Rosemary 2.0. Sencillamente podemos pensarlo porque seguimos a una madre que empieza a sufrir los horrores de la maternidad y la paranoia alrededor de su entorno. También lo pensamos porque entendemos la deshumanización del proceso y la locura con la que vive al punto que -y esto es un clásico del subgénero «embarazos malditos»- no sabemos si realmente está loca o está siendo llevada a la locura.

A primera vista, si queremos encontrar algo distinto, podríamos aplaudir en The Beldham su mirada negativa y nada celebratoria sobre la maternidad (como dicen en la película: «un dolor de ovarios»). Ahora, claro, esas ideas valiosas, al final de cuentas, chocan con que en realidad no hay mucho misterio, ni ambigüedad a lo largo de todo el metraje. En todo caso, lo que si hay es una vuelta de tuerca sanadora donde el entorno femenino queda reivindicado: en realidad hacían lo que hacían por el bien, logrando que su corrección política galopante aleje todo el terror potencial. 

Pero acaso lo peor de todo lo que tiene para ofrecer The Beldham no pase por su demagogia discursiva, sino por su chatísima puesta en escena. Yo sé que la comparación es odiosa, pero si pensamos en El bebé de Rosemary no podemos dejar de decir que, antes que nada, había un director. Uno que construía con tiempo y paciencia cada espacio por donde se movía su protagonista. Acá la protagonista, en cambio, deambula en una casa en la que el espacio se vuelve indistinto, no importa. Sin ir mas lejos, no podemos dejar de observar como la composición de planos parece cuidada pero en el fondo no construye el menor rasgo de narración: vemos adornos y personajes sentados, pero no nos interesa porque no se lo explota.

Empezamos diciendo que parecíamos estar ante una versión 2.0 del clásico de Poanski. Pero la sustracción constante (del interés, del riesgo, de las decisiones de puesta en escena) quizás obliguen a repensar el término: estamos ante la versión al 20%, es decir, un 0.2.

¿Te gustó lo que leíste? Ayudanos con un Cafecito.

Invitame un café en cafecito.app

Comparte este artículo

Otros ArtÍculos Recientes