La posesión de la momia

Por Santiago Gonzalez

Lee Cronin’s The Mummy
Estados Unidos-Irlanda, 2026, 134′
Dirigida por Lee Cronin. 
Con Jack Reynor, Laia Costa, May Calamawy, Natalie Grace, Shylo Molina, Billy Roy, Verónica Falcón, Hayat Camille. 

El ruido

Existe un tipo de cine que, en las manos equivocadas, puede provocar dolor de cabeza, incluso voluntariamente. Me refiero a un cine ruidoso, como una licuadora en la que estamos metidos dando vueltas y nos deja aturdidos porque, contrario a jugar con nuestros sentidos, los ataca. Un director doloroso, en este sentido, puede ser Michael Bay-incluso cuando él mismo se jacta de eso con orgullo-; en cambio, uno no tan doloroso sería Rob Zombie, justamente porque nos ata para, en el fondo, jugar con nuestros sentidos e incomodarnos.

En el medio de estos extremos, por lo tanto, se encuentra Lee Cronin, quien saltó a la fama con Evil Dead: el despertar (2023), una película que copiaba de forma aún más brutal lo hecho por Fede Álvarez (otro director ruidoso) en su versión de Evil Dead (2012), remake libre de la original de 1981. Con esos antecedentes, Cronin parece haberle tomado gusto al ataque a los sentidos y llevó la apuesta aún más lejos con La posesión de la momia. Dejo el título completo en español porque es importante y deja ver algo que no está en el título original: la película deja claro que lo que veremos es menos una clásica historia de momias y más una excusa para hacer una nueva Evil Dead, es decir, una posesión literal y de un cuerpo cinematográfico.

El cine ruidoso puede tener grandes momentos (la filmografía de todos los directores mencionados, gusten o no, suelen tenerlos), y en La posesión de la momia no estamos exentos de la regla. Hablamos de una película con momentos destacados en medio de mucho, muchísimo ruido. Pero a veces ese ruido puede generar situaciones intensas (hay una escena con unas uñas que es el highlight de la película), pero al final el ruido es solo eso. Sin ir más lejos hay un principio plástico y rítmico elemental: para que el ruido sea efectivo se necesitan momentos de calma, incluso en medio de la tormenta.

Lo que ocurre con La posesión de la momia es que Cronin aprieta el acelerador y no suelta. Y cuando parece que lo consigue y pistea como campeón, en el fondo no hace otra cosa sino llenar el silencio con más ruido, por eso la película nunca se detiene. No es que esté mal esto, pero después de más de dos horas -en particular en el clímax- ya nada de lo que vemos nos afecta ni importa verdaderamente. Cuando el ruido es solo eso, el vacío se revela como otra forma de llenar minutos. Hasta Michael Bay lo entiende. Lee Cronin no.

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