Michael

Por Federico Karstulovich

Estados Unidos, 2026, 127′
Diriida por Antoine Fuqua.
Con Jaafar Jackson, Colman Domingo, Nia Long, Juliano Valdi, KeiLyn Durrel Jones, Laura Harrier y Miles Teller.

Un cuento de navidad

Hay modalidades de representación de toda clase. Pero pocas tan efectivas y mentirosas como el realismo, que detrás de su organización aparentemente no mediada, es la mentira más efectiva de todas las modalidades existentes, precisamente porque su efecto de realidad nos hace pensar que a suple. Pero el realismo -y las películas realistas en particular- son una gran mentira a sabiendas. Pedirle a Dickens, a Flaubert o a Balzac que nos revelen la verdad es una ilusión tan mágica como las habichuelas para llegar al cielo. Y sin embargo sucede.

Michael (un poco en la tónica en la que habían sido construidos los documentales Arnold y Sly, sobre Schwartzenegger y Stallone, respectivamente) es una película mentirosa y bullshitera como ella sola. Es, en efecto, un cuento de navidad dickensiano, un camino del héroe artificioso y brillante, sin mácula, como disco de platino. Michael no cuenta la vida real de Michael Jackson, sino que fabula una vida posible a la luz del discurso público de la vida del cantante, como si quisiera autoconvencerse de esa historia imposible y exagerada, sin matices, con malos malísimos (como el padre de familia interpretado por Colman Domingo, que cita expresamente a los tiránicos adultos de Dickens), con niños explotados, con pobreza y con maltratos, pero también con una capacidad de autosuperación a fuerza de sacrificio estoico. En este sentido, demandarle realidad a Michael es absurdo, porque el juego planteó las reglas claramente desde un inicio: el plano general incial, sobre los cielos nevados de Indiana, es una invitación al cuento de navidad que se nos va a contar.

Pero Michael no miente para ocultar los espantos de la vida privada de Jackson, sino para operar a la inversa: los expone porque los esconde y los disimula de una manera tan exagerada que obliga a la búsqueda por la negativa. De esa manera Fuqua resuelve dos pájaros de un tiro: recuperar el cine al cine y la búsqueda de la verdad al periodismo. Y en el medio separar a la obra del artista haciendo de su vida una obra fabulada. De ahí que la promesa de la segunda parte pueda llegar a arruinar todo como si se tratara de un lado B que narre lo que aquí fue pudorosamente ocluído. En este sentido, Michael demuestra que el fuera de campo es una herramienta mucho más poderosa que la exhibición descarada de lo obvio. Por eso, ante tanto biopic monstruoso, demuestra que la mentira más absoluta es también una estrategia para revelar formas de lo real.

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