Otro pequeño favor

Por Rodrigo Martín Seijas

Another simple favor 
EE.UU. , 2025, 120′
Dirigida por Paul Feig 
Con Anna Kendrick, Blake Lively, Andrew Rannells, Kelly McCormack, Alex Newell, Taylor Ortega, Michele Morrone, Henry Golding, Ian Ho, Lorenzo de Moor, Elena Sofia Ricci, Allison Janney, Elizabeth Perkins 

Daños colaterales

En una filmografía estrechamente vinculada a la comedia como es la de Paul Feig, Un pequeño favor luce como una pequeña anomalía. No solo porque es un thriller, sino también por las superficies y tonalidades a las que apela, con el lujo, lo glamoroso y las apariencias como vectores de un mundo venenoso y cruel. Uno que se alejaba bastante de los habitados por personajes imperfectos, pero queribles de películas como Damas en guerra o Chicas armadas y peligrosas, que además recurrían a un humor brutal y escatológico, pero también sensible y constructivo, aún dentro del patetismo. Era como si Feig abrazara en ese relato de misterio su lado más oscuro, que se enlazaba de manera sorprendente con el look cautivante que le solemos ver en eventos públicos.

Lo cierto es que Un pequeño favor no funcionaba del todo o más bien, solo en parte de su metraje: más que nada en la mitad inicial, en la que Stephanie (Anna Kendrick) establecía un lazo de creciente amistad con Emily (Blake Lively), a partir de la fascinación que la segunda ejercía en la primera, con el mundo refinado y casi surreal que construía a su alrededor. Ese tramo, donde el misterio y el suspenso acechaban sutilmente entre la comedia irónica y ácida, era casi adictivo y fluía casi a la perfección. Pero después el film caía bastante en su nivel a medida que acumulaba revelaciones y vueltas de tuerca que bordeaban lo inverosímil. De ahí que surgiera la inmediata y lógica duda sobre cuán necesaria era una secuela que volviera sobre un universo de apariencias y mascaradas que ya había quedado expuesto. Otro pequeño favor pretende responder a este interrogante haciéndose cargo de que ciertas máscaras se cayeron, pero que eso habilita el despliegue de nuevas máscaras, en un gesto entre irónico y auto-paródico que termina siendo algo perezoso.

La película comienza con Stephanie intentando, trabajosamente, de vender el libro que escribió sobre los acontecimientos de la primera parte, cuando Emily reaparece en su vida con una propuesta difícil de rechazar. Sucede que no solo ha logrado salir de prisión, sino que también está por casarse con un millonario italiano y le pide que sea su dama de honor. Es así como Stephanie se ve arrastrada por esa amiga/enemiga a una paradisíaca locación, donde tendrá lugar una boda en la que, ya en los momentos previos, el clima es definitivamente hostil. No solo por las reservas y temores que tiene Stephanie, sino también por un entorno donde se mezclan familias mafiosas enfrentadas, intereses económicos y gente con rencores o pasados turbios. Y todo se pondrá definitivamente espeso cuando empiecen a aparecer los cadáveres.

Al igual que su predecesora, Otro pequeño favor tiene un primer tramo dominado por la comedia oscura y un segundo por el thriller con acumulación de giros argumentales. Otra vez, el primero funciona mejor que el segundo, pero ahora todo es mucho más predecible, en un mecanismo narrativo que no consigue eludir la repetición. Esta vez, el espíritu lúdico de Feig no es suficiente para convocar a la diversión irónica o a participar del juego de revelaciones. Solo queda una sucesión de engaños entre banales y previsibles, mientras el paisaje pasa a ser un mero elemento distractivo, la banda sonora se convierte en un gesto vacío de sentido y los personajes en figuras huecas. Quizás por eso, hacia el final, Feig vuelve a un territorio ya conocido para él: el de las amistades y lealtades femeninas, para así tratar de encontrarle una razón de ser a las protagonistas y sus conflictos. Pero ese es apenas un movimiento de último momento -interesante, por cierto- en una película que se siente desganada y redundante. Si Un pequeño favor, a pesar de sus numerosas imperfecciones, era un film arriesgado y que pedía un espectador activo, Otro pequeño favor va a lo seguro y cómodo, para así terminar revelándose como innecesaria.

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