Bafici 2026 – Diario de festival: Beaucoup parler

Por Diego Maté

Beaucoup parler es el retrato de un hombre que está hecho un nudo: con las palabras, con las ideas, con la burocracia. Pascale Bodet se hace amiga de un egipcio que vive en Francia desde hace diecisiete años sin documentos. Amr es risueño, amable, parece gentil y es querido por sus vecinos, pero el tipo es un misterio envuelto en un manojo de tics y vacilaciones. Después de toda su estadía en Francia todavía no habla el idioma, solo logra comunicarse en árabe. Incluso su amigo, que domina la misma lengua, tampoco pareciera entenderse del todo con él. La directora pregunta y Amr responde con un atropello de gestos y frases inconexas que la directora, como el resto de sus interlocutores, debe recoger y tratar de reensamblar. En medio de esa lucha denodada con el lenguaje, Amr logra transmitir dos o tres cosas: que “no es normal”, que piensa mucho y que, cree, todos sus problemas se deben a que no puede terminar el trámite para obtener el permiso de residencia.

El documental de Bodet parece una cruza de comedia con una sesión de psicoanálisis. Los intentos frustrados de Amr de expresarse, sea frente a la cámara o al abogado que gestiona su expediente, exhiben un timing notable, aunque la película no haga nada para construirlos ni forzarlos (una comedia de inmigrantes escrita por la realidad). A cada pregunta o intimación de Bodet, Amr responde siempre con alguna alusión críptica al estado de su psiquis o a una especie de confabulación por parte del Estado en su contra. La directora no cree en el viejo mandato del documental que postula que el equipo de filmación no debe interferir con el devenir de los acontecimientos: Rossellini no tiene nada que hacer acá. Pascale indica caminos posibles, traduce documentos, facilita contactos, lo acompaña al juzgado. Pero no estamos ante el cuento del inmigrante perseguido por políticas expulsivas o capturado en la maquinaria insondable de la burocracia. La directora descubre un material nuevo, una especie de kafkismo al revés: el punto de fuga del sentido, la imposibilidad de acceder a la verdad de las cosas, no se sitúa en los protocolos estatales, sino en el mismo Arm, que parece conspirar contra sí mismo. Después de cada nueva entrevista, Bodet y la película conocen menos a su entrevistado, como si su existencia, hecha de desplazamientos y dilaciones, fuera una fortaleza impenetrable. Cuando la directora lo inquiere acerca de su pasado en Egipto, Amr responde rápido, solo para pasar a otro tema; cuando trata de explicarle lo que realmente significa la notificación que recibió (no tiene motivos para preocuparse), Amr revela que le gustaría vivir en el campo, como durante su infancia en El Cairo. Pascale sospecha:pero si viviste en El Cairo, ¡entonces no conocés el campo! Después de una explicación un poco indescifrable, Amr sugiere la que vivió en el campo fue su madre, y que a él le gustaría hacer lo mismo algún día. Beaucoup parler cautiva desde su primer plano, no solo por la simpatía arrolladora de Amr, sino por la naturaleza hermética de su personalidad. Bodet filma la historia de un hombre que es como un laberinto sin centro.

El final es luminoso. La película acompaña a Amr a un centro en el que se dictan cursos de francés para inmigrantes. Podemos imaginar los horrores que hubieran encontrado allí los hermanos Dardenne o cualquier otro director más o menos avezado en la demagogia progresista: un espacio en el que extranjeros abatidos acuden en busca de refugio de las agresiones cotidianas de una sociedad que los rechaza. Bodet ve otro mundo. Con dificultad, los inmigrantes practican construcciones lingüísticas elementales y se presentan, hablan de su situación o explican qué futuro les gustaría tener. El es clima festivo, casi celebratorio: todos ríen mientras van tomando la palabra. Un texto final explica que el dominio de francés básico acaba de volverse un requisito para obtener el permiso de residencia, lo que seguramente ponga más difíciles las cosas a Amr y a otros como él. El dato no empaña las escenas anteriores, más bien recuerda que la crítica política puede ser también una bella tarea.

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