Señales

Por Marcos Rodriguez

Tercer día de festival. Empiezan a aparecer las primeras señales de cansancio. No deja de llover.

Nada que se pueda hacer al respecto.

El argumento imposible
Por recomendaciones, por intuición y por horario, fui a ver Asako I & II, forma maravillosa de empezar un día. La película japonesa cuenta algo así como una historia amorosa, o más bien un triángulo en el que dos de los extremos son idénticos físicamente. Hice una prueba: intenté contarle a un amigo después el argumento de la película y es prácticamente imposible. Tuve que contar casi cada detalle de la película y aun así no creo que se haya entendido.

Es una prueba más de las libertades (estimulantes) que se toma la película. Empieza como una de amor adolescente, pero eso dura poco. Todo dura poco. El tono seco de algunas actuaciones, la sensación de acontecimiento inminente, los giros que toma y sigue tomando la historia terminan por generar un clima de tensión plácida, digamos.

A carcajadas
Una de las experiencias más placenteras que me deparó este festival fue la proyección de Un perfecto desgraciado, película protagonizada y dirigida por Pierre Richard, uno de los invitados estrella del festival. No solo porque Richard sigue siendo un gran cómico y presentó la película con gracia, sino fundamentalmente por el público. La proyección se realizó en la sala del Auditorium (si no me equivoco, la más grande del festival) y estaba llena, en su mayoría por un público que parecía haber visto la película en el momento del máximo éxito de Richard, hace unas cuantas décadas. Todos estaban felices de estar ahí, de ver a Pierre en persona, de estar viendo esa película. Las risas se contagiaban.

La película es una sucesión de escenas y gags hermosamente libres, variados, con un argumento muy débil que hilvana las situaciones (apenas) y funciona fundamentalmente como vehículo para un Richard en plena forma. Absurdo, humor físico, gag verbal, infinidad de pequeños hermosos personajes secundarios.

En la conferencia de prensa posterior, Richard dijo que le causaba un gran placer poder ver su película en una sala llena de gente que la aprecia, y que también sintió gran melancolía al recordar a toda la gente con la que trabajó que ya no está entre nosotros. Uno no puede sentir nostalgia por esta clase de experiencia cinematográfica popular después de haber vivido un momento que demuestra que, dadas las circunstancias adecuadas, todavía pueden producirse.
Le hace bien a un festival de cine tener experiencias así.

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