Jeepers Creepers: La reencarnación del demonio

Por Santiago Gonzalez

Jeepers Creepers: Reborn
EE.UU., 2022, 88′
Dirigida por Timo Vuorensola
Con Peter Brooke, Steve Jones, Sydney Craven, Imran Adams, Jarreau Benjamin, Matt Barkley, Ocean Navarro, Dee Wallace, Gary Graham, Gabriel Freilich, Georgia Goodman, Alexander Halsall, Jodie Mcmullen, Saverio Buono

Si puede evitarse no es un accidente

La saga de Jeepers Creepers se vuelve acusable conforme pasan las entregas y los años. A la película anterior Jeepers Creepers: El regreso (2017), tercera entrega de la saga, por ejemplo, se la podía acusar de un millar de cosas: malas decisiones de puesta en escena, arbitraria en sus elecciones formales, ridícula y kitsch en su desesperación por consolidar (a la fuerza, sin ideas, ciertamente) la mitología de su villano. A ver: todos y cada uno de estos errores eran lógicos teniendo en cuenta que el pasado oscuro de su director Victor Salva -pasado que volvió a salir a luz en pleno movimiento #MeToo- generó que la película tuviera problemas de financiación, un estreno muy limitado por no decir inexistente y así.

Teniendo en cuenta que Salva no volvió a filmar nada nuevo después, bien podíamos suponer que se trataba de la última película de su director. Si, es cierto que se trataba de una película fallida, pero vista a la luz de los años y como comparativa con el presente, tampoco era espantosa. Jeepers Creepers: El regreso era una suerte de western donde los personajes principales cazaban al villano en medio de rutas abandonadas, de ahí los innecesarios planos filmados desde un drone (hoy por hoy una excusa barata para salvar planos de establecimiento, de persecuciones y de varias cosas más), como valorizador del plano general propio del género.

Pero ojo: Salva también es un director, por eso también se despachaba con alguna imagen poderosa como el creeper arriba de un camión y algunas escenas cuyas resoluciones remitían nuevamente al western, como aquella en donde los personajes están escondidos debajo de las camionetas. Momentos aislados, si, pero no exentos de poder visual. Al mismo tiempo la película proponía algunas ideas para avanzar la mitología…y en coherencia con las anteriores explicaba poco y nada de lo que iba sucediendo frente a nuestros ojos.

En definitiva Jeepers Creepers: El regreso fue una película cuyas circunstancias externas generaron una película extraña decepcionante con respecto a las anteriores pero con detalles valiosos y por supuesto inmensamente superior en todo aspecto al engendro que voy a empezar a disecar en el próximo párrafo.

Circunstancias externas también estuvieron presentes en esta nueva secuela/reinicio de Jeepers Creepers. El primero de ellos es que le sacaron los derechos a Victor Salva, por ende el padre de la criatura no estuvo metido de ninguna manera en la producción de este adefesio. Segundo, el Covid-19 tuvo un impacto enorme en la producción y esto es notorio. En varias escenas, sobre todo las que ocurren en un festival dedicado al terror, se ven apenas unos cuantos extras y todos con la distancia correspondiente. Por ultimo la mitad de la trama transcurre en una casa, claramente para mantener al mínimo al equipo de producción. Pero esto es apenas contextual, algo que podría ser una anécdota en caso de haber mediado ideas de alguna u otra forma. No sucederá.

De las anteriores Jeepers Creepers queda poco y nada. Algún personaje masculino sin remera, otro gay que además hace pis (?), la aparición de unos evidentes cuervos digitalizados -que parecen a los de la película Plumiferos (2010)- y un personaje femenino con visiones. Asi de pobretón y berreta como se lee es. Pareciera que esas cualidades fueran las únicas que rescataron los irresponsables a la hora de mantener cierta continuidad. Olvídense de la persistente mirada sobre la religión de las anteriores, ólvidense de la simbología de la mirada, olvídense de la metáfora de la pedofilia. Olvídense también de algún atisbo de humor. O meramente de alguna escena de terror bien construida. Si, en cambio, denle la bienvenida a la incapacidad de su nuevo director Timo Vuorensola (no es pseudónimo, solo parece) de crear una escena de terror, de generar simpatía por los personajes, de crear interés alguno, de utilizar el bajo presupuesto a su favor.

Jeepers Creepers: La reencarnación del demonio es una película que escupe hacia donde nunca hay que escupir en un planeta con ley de gravedad. Y como escupe hacia arriba, el escupitajo le care en la cara. Quiere mostrar cuando no debería, quiere avanzar la mitología cuando lo que ofrece es incomprensible, quiere darle presencia al Creeper cuando lo convierte en un villano más. Pero lo peor es que aquello que muestra es una verdadera herejía visual: en vez de filmar en locaciones exteriores la mayoría de las escenas transcurren en unas evidentes pantallas verdes (para quienes lo desconocen: son las pantallas utilizadas con chroma para luego reemplazar el espacio de fondo digitalmente). El resultado, previsible: personajes mal recortados, autos de policía duplicados, actores que parecieran estar caminando por las nubes. Increíble pero real que esto llegue a una sala. 

¿Hay algo rasgo redimible de este esperpento? Irónicamente, sí. La primera escena con los dos viejitos que viajando por la ruta que se encuentran con el creeper podría verse como un reverso de los hermanitos de la primera película. Es un momento simpático que puede hacernos pensar que no estamos a punto de ver un accidente que pudo haberse evitado. Pero si puede evitarse no es un accidente.

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